La corta, pero intensa vida del volcán Viedma

La Patagonia es uno de los lugares más remotos e inexplorados del mundo, incluso en esta época de grandes avances tecnológicos. Aún esconde rincones secretos que se resisten a ser revelados. El Campo de Hielo Sur es uno de ellos. No sólo es de interés por ser una de las reservas de agua dulce más grandes del mundo o por sus enormes glaciares, sino que también guarda centros volcánicos muy poco conocidos. Acá les cuento sobre uno de ellos.

Los inicios de esta historia están íntimamente relacionados a las primeras exploraciones hechas a la zona desde comienzos del siglo 20. El destacado explorador y montañista británico Eric Shipton, conocido principalmente por sus ascensos en el Himalaya, nos reseña las observaciones realizadas por estos intrépidos aventureros:

-Hacia 1910 viajeros relatan “lluvias de cenizas” en el sector occidental del lago Viedma. Además, por aquellos años, se encontraron depósitos volcánicos en los glaciares O’Higgins y Chico, ubicados en un área cercana más al norte. También cita al misionero Alberto De Agostini, quien mencionaba que los colonos asentados en las proximidades del Lago O’Higgins habían avistado, en varias ocasiones, “grandes columnas de humo” elevarse por sobre el campo de hielo hacia el oeste.

-1933: una expedición liderada por el andinista alemán Federico Reichert logró llegar al campo a través del glaciar O’Higgins desde el brazo más austral del lago O’Higgins. A pesar de las enormes dificultades de la campaña, Reichert da cuenta de un “cono volcánico” de aproximadamente 3 mil metros del cual emanaban “nubes de vapor”, pero cuya visión duró sólo unos 15 minutos. Expediciones posteriores siguiendo la misma ruta de Reichert se realizaron en 1957 y 1958, sin lograr más novedades.

-1944-45: La Fuerza Aérea de Estados Unidos realiza una serie de vuelos fotografiando la zona. El glaciólogo francés Louis Lliboutry y el profesor Keller de la U. de Chile analizan las imágenes notando un afloramiento rocoso en las cercanías del glaciar Viedma. En un nuevo sobrevuelo efectuado en 1952, Lliboutry confirma sus sospechas y denomina como “Vulcan Viedma” (sic) a esta estructura, ya que estaba seguro de que era un centro de emisión volcánico. Sin embargo, el origen de los depósitos previamente reportados no parecía ser ese. El propio Lliboutry se inclinaba más por la idea de que las erupciones tenían lugar en fisuras cubiertas por el hielo más que en las montañas que sobresalían de la planicie. Incluso sugirió que podría existir otro centro volcánico al sur del Cerro Pirámide, esto es, a medio camino entre el lago O’Higgins y el Monte Fitz-Roy.

El propio Shipton visitó el área en 1958 y 1959. Según el explorador, el “Volcán Viedma” resultó estar compuesto de rocas metamórficas y sedimentarias, o sea, no tenían origen volcánico. No obstante, reportó la presencia de grandes cantidades de piedra pómez sobre el glaciar Viedma, en un sector acorde a lo indicado por Lliboutry. El mismo francés lo relata así:

En diciembre de 1958 intentó sin éxito atravesar el Hielo Patagónico Sur. […] A él también le proporcioné mapas e informaciones. Luego, en enero, Shipton fue a reconocer mi “volcán Viedma”. […] Encontró piedra pómez sobre la morrena mediana del glaciar; sin embargo, ni la morrena ni el supuesto volcán del cual emergía eran de naturaleza volcánica […]

En una segunda visita realizada poco después, Shipton y sus acompañantes lograron llegar hasta el entonces cerro Lautaro confirmando sus características volcánicas, transformándose desde entonces en el (obvio) volcán Lautaro, el más activo de la Patagonia al sur del Hudson, siendo apreciado en actividad en múltiples ocasiones. El “volcán” Viedma parecía apagarse definitivamente.

Mapa con los principales rasgos geográficos de la zona – Shipton (1960)

Las cosas quedarían así por varios años hasta 1988, cuando el geólogo chileno-alemán Rolf Kilian (nacido en Valdivia) reportó la presencia de material volcánico fresco en la zona del Viedma:

Se observó que una extensa área en el campo de hielo Viedma (Patagonia) presentaba un intenso derretimiento de hielo, causado por la caída de pómez caliente y grandes fragmentos de ceniza producto de erupciones volcánicas. Se formaron flujos de barro caliente que cubrieron una gran área del glaciar. Por estos flujos se formaron valles en la superficie del hielo con una profundidad de hasta 35 metros. El centro de erupción probable estaba ubicado en los 49°22’S y 73°19’W, en una elevación de 1100 m. Se mapearon depósitos piroclásticos de erupciones periódicas previas y se analizaron pómez y lavas. Las erupciones deben haber ocurrido recientemente entre septiembre y noviembre de 1988.

Lo que describía Kilian era lo que se conoce como jökulhlaup, término de origen islandés que describe la descarga de grandes cantidades de agua debido a la fusión o vaciamiento de glaciares, en este caso debido a la actividad volcánica. Es un pariente cercano de los lahares, aunque estos últimos suelen asociarse exclusivamente con las erupciones. Un ejemplo clásico de jökulhlaup es lo que ocurre con el lago Cachet II en la región de Aysén, también conocido como glacial outburst.

En fin, Kilian da un paso más al describir composicionalmente al Viedma, cayendo en la clasificación de volcán dacítico, es decir, con una explosividad importante. Resultados similares se obtuvieron para los otros volcanes de la región. Esto lo convertía en un centro volcánico que revestía una amenaza creíble para los lugares cercanos. Desde ese entonces el Viedma se ganó el derecho de aparecer como parte de la familia volcánica local en los mapas geológicos y referenciado en las publicaciones científicas relacionadas.

Más aún, posteriormente se relizó un estudio mediante análisis satelitales para establecer en mayor detalle las características del volcán, tanto en su composición como estructura. Se encontró una variabilidad en su contenido de sílice que indicaba mayor presencia de éste en su flanco oriental, aunque en general predominaban rocas intermedias. Las explicaciones a este amplio rango iban desde la opción que el Viedma hubiese emitido lavas basálticas (bajas en sílice) hasta rocas expuestas que no necesariamente indicaban actividad reciente, pero que hubiesen sido alteradas por algún sistema hidrotermal. Quedaban algunas dudas, pero se necesitaban nuevas investigaciones.

Contenido de SiO2 del Viedma, con los mayores valores en rojo – Kobayashi et al (2010)

Dudas que, lejos de disiparse, se acrecentarían tras visitas científicas al lugar realizadas en 2011 y 2012. En ellas se determinó que el Viedma estaba formado mayormente por rocas metamórficas y sedimentarias, es decir, y al igual que lo describiera Shipton, sin origen volcánico. Por otra parte, existían depresiones rellenadas por pequeñas lagunas que previamente habían sido identificadas como cráteres, pero que ahora eran vinculadas con la acción erosiva propia de los glaciares. En síntesis, el Viedma no era más que un simple nunatak ubicado a unos 1000 m bajo el nivel del mar en promedio. ¿Nuna-qué? Nunatak es una palabra que viene del inuit (un pueblo esquimal) que señala a un promontorio rocoso rodeado de una planicie o campo de hielo, algo muy común de ver en la Patagonia o en cualquier sitio de paisajes glaciares.

Laguna ubicada en una depresión considerada un cráter – Blampied et al (2012)

A pesar de ello, el Viedma seguía siendo parte de los catálogos volcánicos oficiales. El tiempo siguió transcurriendo hasta que ocurrió lo impensado. En noviembre de 2018 una expedición reportó lo que parecía un lahar derivado de actividad eruptiva muy reciente,  ya que el fenómeno no había sido visto cuando sus integrantes pasaron por allí pocos días antes. Esto sucedía en el Cordón Mariano Moreno, una cordillera ubicada a pocos kilómetros al norte-noroeste del Viedma. Conocida la noticia, la expectación aumentaba y las especulaciones también: ¿se descubrió un nuevo volcán? ¿sería este el real culpable de los depósitos cerca del Viedma?

La única forma de aclararlo era ir al lugar. Las esperanzas de los más optimistas se desvanecieron. Se trataba sólo de una remoción en masa provocada por un deshielo causado por altas temperaturas. La aparente ceniza no eran más que rocas… metamórficas. Uno de los que visitó la zona fue Álvaro Amigo de la Red Nacional de Vigilancia Volcánica. En entrevista a un canal de noticias, junto con detallar los hallazgos, hacía una “inquietante” declaración: se estaba descartando al Viedma como volcán debido a nuevos antecedentes. Escúchenlo ustedes mismos.

 

¿Cuáles eran esos datos? Se analizaron muestras extraídas del sector sur del Viedma, arrojando resultados contundentes: eran de origen metamórfico, en otras palabras y tal como he mencionado, no volcánicas. Este tipo de rocas se origina por la transformación de otras a través de distintos procesos geológicos. Además, fueron datadas en cerca de 200 millones de años, lo que sepultaba cualquier posibilidad de actividad reciente. En vista de ello, los autores propusieron la denominación de Unidad Nunatak Viedma para las estructuras de la zona.

El Global Volcanism Program (GVP) es una de las principales bases de datos de volcanes del mundo, que se actualiza según las modificaciones de la información disponible. Considerando lo expuesto, durante el primer semestre de 2019 el GVP decidió sacar al Viedma de su listado de volcanes. Si no sales en el GVP es porque no hay evidencia de erupciones recientes o no eres volcán. Para el Viedma aplica lo segundo. Ahora sí que se le ponía la lápida a su incierta existencia.

“Las desgracias nunca vienen solas” dice un conocido refrán. ¿Se acuerdan de Rolf Kilian? Habitual investigador en temas glacioclimáticos de la Patagonia, el 19 de mayo de 2019 se encontraba en el Parque Torres del Paine realizando labores para un proyecto de las universidades de Magallanes (Chile) y Trier (Alemania) cuando se le perdió el rastro. 5 días después fue hallado sin vida causando consternación en el mundo científico. El otrora volcán Viedma no sólo había perdido su estatus de tal, sino también a quien le dio “vida”, al menos durante los últimos 30 años.

 


Referencias:

R. J. Suárez, M. C. Ghiglione, M. Calderón, C. Sue, J. Martinod, B. Guillaume, D. Rojo, 2018: “The metamorphic rocks of the Nunatak Viedma in the Southern Patagonian Andes: Provenance sources and implications for the early Mesozoic Patagonia-Antarctic Peninsula connection”, Journal of South American Earth Sciences v.90

J. Blampied, V. Barberon, M. Ghiglione, P. Leal, V. Ramos, 2012: “Disambiguation of the Nunatak Viedma: a basement block previously confused as a volcanic center”, XIII Congreso Geológico Chileno

C. Kobayashi, Y. Orihashi, D. Hiarata, J. A. Naranjo, M. Kobayashi, R. Anma, 2010: “Compositional variations revealed by ASTER image analysis of the Viedma Volcano, southern Andes Volcanic Zone”, Andean Geology 37 (2)

R. Kilian, 1990: “The Australandean Volcanic Zone (South Patagonia)”, Symposium International “Géodynamique Andine”, Grenoble (Francia)

E. Shipton, 1960: “Volcanic Activity on the Patagonian Ice Cap”, The Geographical Journal CXXVI

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