Terremoto Magno: el sismo que puso en jaque a Santiago

La noche del 13 de mayo de 1647, un violento movimiento se percibió en buena parte del territorio del entonces Reyno de Chile. A pesar de que en su corta estadía los habitantes ya habían experimentado trances similares, éste tuvo profundas consecuencias en diversos aspectos, algunos que trascienden hasta nuestros tiempos.

Santiago, la capital del Reyno, distaba mucho de ser la metrópoli de hoy en día. Hacia 1600 abarcaba aproximadamente el triángulo formado por el río Mapocho por el norte, la Alameda al sur, la Av. Brasil al oeste y la plaza Baquedano por el oriente. En 1647 los límites urbanos eran relativamente similares. Según las crónicas la ciudad contaba con unos 6 mil habitantes distribuidos en unas 300 a 600 casas, además de las instalaciones religiosas y de autoridades.

Límites urbanos de Santiago en 1552 y 1600 – Aránguiz (2018)

Pasadas las 10 y media de la noche del 13 de mayo la tierra se remeció con fuerza generando estragos, especialmente en Santiago, donde se concentraba la mayor parte de la población. Prácticamente colapsaron todas las estructuras y hubo desprendimientos en el cerro Huelén o Santa Lucía. Reportes indican la apertura de grietas en distintos sectores, una de las cuales habría causado la muerte de una persona. Las estimaciones hablan de entre 600 y 1000 muertos sólo en Santiago, que permanecieron por días sepultados bajo los escombros a la espera de ser sacados. Mientras tanto, las réplicas se sucedían incesantemente provocando el temor entre las personas. Se le denominó el “terremoto magno” debido a sus nefastas consecuencias y así ha sido conocido a lo largo de la historia.

Fueron tan graves los efectos en la capital que incluso se pensó seriamente en su traslado a otro sitio. Se barajaron las alternativas de Calera de Tango, Melipilla y Quillota, pero la idea fue desestimada por razones económicas y administrativas. Por lo demás, mover Santiago no la protegería de los terremotos, a diferencia de lo que ocurriría con Penco (Concepción) tras el terremoto y tsunami de 1751, en que el nuevo sitio la protegía de ser nuevamente arrasada por el mar, proceso no exento de enormes dificultades.

Una de las historias más conocidas tiene relación con el crucifijo del Señor de la Agonía, ubicado en la Iglesia de San Agustín (nombre real Templo Nuestra Señora de Gracia), el cual, según se cuenta, sobrevivió sin sobresaltos el movimiento, tal como otras imágenes religiosas de la ciudad, salvo un detalle: la corona de espinas de su cabeza descendió hasta su cuello durante el terremoto. La tradición relata que cada vez que se trataba de restituir su posición correcta, sobrevenía un nuevo sismo, por lo que la figura ha mantenido la corona en su cuello hasta la actualidad. Por esta razón se le ha llamado popularmente el Cristo o Señor de mayo.

El Cristo de Mayo con su corona de espinas en el cuello

Uno de los misterios que aún ronda el terremoto de 1647 es a qué tipo de evento corresponde. En Chile los sismos tienen 5 fuentes principales:

1) Interplaca: Originados en el contacto entre las placas oceánica y continental (fundamentalmente Nazca y Sudamericana), suelen ser los de mayor magnitud y los causantes de los tsunamis en nuestras costas. Ejemplos: Valdivia 1960 y Maule 2010.

2) Intraplaca: Se deben a quiebres dentro de una misma placa, generalmente la de Nazca, debido a procesos físico-químicos por cambios de presión y temperatura. Habitualmente ocurren a profundidades medianas o grandes y pueden ser localmente muy intensos, ya que la ruptura es muy abrupta, en comparación con los interplaca que son más graduales.  Por lo mismo tienen un potencial de daño muy importante. Ejemplos: Chillán 1939, Punitaqui 1997 y Altiplano 2005.

3) Corticales: Llamados así porque se ubican en la corteza, se asocian a estructuras muy superficiales, como fallas, generalmente hacia sectores cordilleranos, pero pueden ubicarse en cualquier parte. Al igual que los intraplaca, alcanzan altas intensidades, pudiendo ser localmente destructivos. Ejemplos: Las Melosas 1958, Fiordo Aysén 2007.

4) Outer-rise: También denominados “intraplaca oceánicos”, quizás son de los menos conocidos. Tienen su origen en la placa de Nazca al oeste de la fosa, lugar de contacto entre las placas, al menos a 150-200 km de la costa chilena. Ocurren por la deformación de la placa por el choque con la continental. No se conocen antecedentes de efectos negativos en territorio nacional. La principal réplica del 27-F fue de este tipo.

5) Volcánicos: Como su nombre claramene lo indica, están asociados a la actividad volcánica, sea eruptiva o no.

Principales tipos de sismos en Chile – Astroza (2008)

¿Qué clase de terremoto fue el de 1647? Este tema ha sido objeto de varias investigaciones que han analizado los principales aspectos del sismo. A continuación un resumen sobre sus características más importantes.

Percepción:

En parte ya había adelantado sus efectos, los que no distan mucho de lo que generalmente ocurría en esa época: un violento sacudón que sobrevino pasadas las 10 y media de la noche que derrumbó prácticamente todo en Santiago, construido básicamente en piedra, ladrillos y madera. Se relata un fuerte ruido hacia el sector cordillerano, el que también se reportó por el lado argentino después del terremoto, quizás originados en derrumbes que continuaron por algún rato.

Respecto a la extensión en la que fue sentido, las crónicas hablan de una percepción importante entre “Cauquenes y Limarí” o “estragos de Maule a Choapa”, que permite concluir que la mayor intensidad se dio entre las actuales regiones de Coquimbo y Maule, es decir, unos 500 a 600 km de extensión. Sin embargo, no se hace referencias a daños graves ni en Valparaíso ni Concepción, a diferencia de otros terremotos históricos. Esto puede deberse tanto a la poca población, en el primer caso, como a que efectivamente no fuera de intensidad mayor en el segundo.

Tanto los sismos inter como intraplacas pueden ser sentidos a grandes distancias. Uno porque generalmente se tratan de rupturas de cientos de kilómetros y el otro porque, a pesar que son más profundos, esto mismo permite que las ondas viajen a mayores distancias. Ambas son opciones para el de 1647. ¿Qué pasa con los sismos corticales? Estos eventos son muy superficiales y alcanzan intensidades muy altas cerca del epicentro, pero esa misma superficialidad hace que las ondas pierdan energía rápidamente en la superficie produciendo una rápida disminución en la intensidad a medida que nos alejamos del lugar del sismo. Esta propiedad se conoce como “atenuación de la intensidad con la distancia” y es bien conocida por los expertos. La siguiente gráfica muestra 3 casos: Valparaíso 1906 (interplaca), Chillán 1939 (interplaca) y Las Melosas 1958 (cortical) combinando relatos y modelaciones:

Atenuación de intensidades para distintos tipos de sismo – Astroza (2008)

Vemos cómo el comportamiento en 1906 y 1939 es relativamente similar, mientras en el caso de Las Melosas (Cajón del Maipo), cuyas máximas intensidades fueron de VIII y IX en la escala de Mercalli, se presenta una abrupta caída en los primeros 100 km de distancia. En la práctica esto significó que en Santiago fuese percibido como un movimiento de menor a mediana intensidad, a pesar que en la zona epicentral causó graves daños. Volviendo a los pocos efectos en Valparaíso ¿es posible que el de 1647 haya sido un sismo con epicentro en la falla de San Ramón? La sola mención de esa posibilidad le da escalofríos a varios. Ya tocaré ese punto.

Duración:

Varios minutos, un cuarto de hora y hasta media hora. Ese es el rango de duración del terremoto según las fuentes históricas. Con todo viniéndose abajo, nadie se preocupaba de tomar el tiempo aproximado que duraban los terremotos. El antecedente más “concreto” del que se disponeno es científico, sino religioso: en distintos textos se menciona que el sismo tuvo una duración de 3 a 4 credos. El credo es una oración que da cuenta de las bases fundamentales de una religión, en este caso la católica, como una especie de reafirmación personal. Si se recurría a ella era porque la cosa se había puesto bien fea.

Pero… ¿cuánto dura un credo? Depende de lo que asustado que se esté, porque que levante la mano el que no ha pasado susto con un terremoto. En el trabajo de Aránguiz (2018) se dan 3 posibilidades de velocidad: un rezo lento, otro normal y uno rápido. Los resultados fueron los siguientes:

Rápido: 65-87 segundos
Normal: 96-127 seg
Lento: 124-165 seg

Tomando en cuenta también aspectos sicológicos bajo situaciones de estrés, la autora recoge la primera opción, que se traduce en una duración de entre 1 minuto y 1 minuto y medio. Los grandes terremotos de interplaca suelen extenderse por este tiempo (M∼8) o incluso por varios minutos cuando la magnitud se acerca a 9. El valor considerado está en concordancia con la primera alternativa y sumando los desprendimientos observados en los cerros se propone que un epicentro en la falla de San Ramón no puede descartarse. Estudios recientes reconocen que esta falla se extiende al menos entre 30 y 50 km. Una ruptura promedio se propaga a unos 3 km/segundo, por lo que en el peor escenario y si fuera de extremo a extremo le tomaría entre 10 y algo más de 15 segundos. Estoy siendo conservador porque una falla superficial puede ser mucho más rápida. El Santiago de 1647 no estaba muy lejos de la falla y en un caso así las ondas podrían demorar un poco más. Tendríamos que multiplicar por 3 ó 4 para llegar a las duraciones establecidas. Además un evento de esta naturaleza dejaría un escarpe o desnivel que no existe en terreno. Aunque la falla San Ramón es una posibilidad,  parece estar lejos de lo ocurrido en 1647.

Tsunami:

Si hay algo que caracteriza a los terremotos interplaca en Chile es la generación de tsunamis. En 1647 ninguna de las fuentes históricas relata la existencia de tsunami alguno en la costa chilena. Sólo algunos textos mencionan movimientos inusuales del mar en El Callao (Perú), pero existen incongruencias tanto en algunas fechas como en los tiempos de llegada de un eventual maremoto que hacen dudar seriamente de que efectivamente haya habido uno. Podríamos atribuir la ausencia de descripciones en Valparaíso a la baja densidad poblacional, pero si realmente existió un tsunami, ¿por qué no aparece citado ni por si acaso en Concepción? Ubicada entonces en la actual Penco en la ribera sur de la bahía de Concepción, quedaba muy expuesta no sólo a las mareas, sino tambipen a los tsunamis, ya que esta bahía amplifica enormemente las ondas, especialmente si vienen del norte. Cualquier perturbación ocurrida habría repercutido notoriamente. Hasta el propio gobernador Martín Mujica dio cuenta de un suave movimiento a la hora del terremoto, pero nada respecto al mar.  ¿Significa esto que el sismo fue de tipo intraplaca?

Concepción en 1646 – Cisternas (2012)

No necesariamente. Hoy en día sabemos que no todos los terremotos interplaca provocan tsunamis, o al menos uno grande. ¿Por qué? Todo se reduce a la profundidad. Si la ruptura abarca una zona más superficial (cercana a la fosa) la deformación del fondo marino es importante y el tsunami  también. Si comprende un área más profunda, la perturbación es menor y hasta inexistente. Se postula que el terremoto de 1906 en Valparaíso pudo ser de este tipo ya que el tsunami fue bastante menor que en otros sismos similares. Otro ejemplo es el de Chiloé en 2016. A pesar de su magnitud (Mw 7.6-7.7), el tsunami no superó los 30 cm, siendo detectable sólo instrumentalmente. Un factor fue que la ruptura se produjo bajo tierra firme, pero además se determinó que fue a una profundidad mayor que no alteró significativamente el mar sobre él. Aún así, un tsunami, por pequeño que sea, era esperable que se hiciera sentir en Concepción.

En resumidas cuentas:

-Por percepción, el terremoto de 1647 pudo ser tanto inter como intraplaca.
-Por duración, cualquiera de los 3, con preferencia a los 2 antes mencionados.
-Por tsunami, o la falta de él, intraplaca o cortical.

Por ahora la carrera aparentemente la va ganando la alternativa intraplaca. Esta diferencia puede parecer un poco banal, pero es relevante desde el punto de vista socio-científico, porque en el caso que haya sido un evento interplaca, ayuda a la comprensión del historial sísmico de la zona central de Chile. Si se trató de un terremoto intraplaca, la situación es más compleja, puesto que sería un antecedente notable de que la zona de Santiago no está exenta de ellos, algo no menor considerando que allí vive un tercio de la población del país. Su alto poder destructivo los convierten en una seria amenaza que debe ser incorporadas en, por ejemplo, las normas sísmicas, que se enfocan mayormente en los sismos interplaca. De hecho, por si no lo saben, el 13 de mayo se celebra el Día Nacional de la Ingeniería en Chile en conmemoración a los esfuerzos de reconstrucción tras este luctuoso evento.

Un terremoto “magno” con todas sus letras. Uno que hizo temblar (en todo sentido) a la ciudad de Santiago.


Referencias:

T. Aránguiz, 2018: “Evolución historiográfica de la exposición de Santiago a la amenaza sísmica de la falla San Ramón y su posible relación con el terremoto del 13 de mayo de 1647”, Memoria de Título, Universidad de Chile

M. Cisternas, 2012: “El terremoto de 1647 de Chile central como un evento intraplaca: ¿otra amenaza para Chile metropolitano?”, Revista de Geografía Norte Grande 53

M. Astroza, R. Astroza, 2008: “Comparación de los daños producidos por terremotos chilenos con diferente fuente sismogénica”, XXXIII Jornadas Sudamericanas de Ingeniería Estructural

Enlaces de interés:

Memoria Chilena:
Los terremotos en Chile (1570-2010): mayo de 1647
El terremoto del Señor de Mayo (1905)

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