El auténtico sismificado del amor

De vez en cuando se detectan extrañas señales que desconciertan al mundo científico. Esto ocurre especialmente en el ámbito astronómico, donde las ansias por descubrir evidencia de vida en otros mundos a veces le gana a la razón. En esta oportunidad, sin embargo, nos quedaremos con los pies en suelo firme… o no tanto. Como toda disciplina científica joven, la sismología también puede guardar sorpresas. Una de ellas se dio a mediados de los años 90, pero dejemos que sean los protagonistas quienes cuenten los detalles.

El 11 de enero de 1996, aproximadamente a las 3:46 pm local (23:45 UTC), el inicio emergente de un significativo evento sísmico fue notado en la estación ALB de la Red de Telemetría de Canadá Occidental (WCTN en inglés). Esta estación sísmica, operada por el Servicio Geológico de Canadá, está ubicada en el centro de la isla Vancouver, sobre la zona de subducción Cascadia. Consiste en un sismómetro vertical de corto período enterrado en una bóveda de concreto, en un tranquilo ambiente boscoso. El instrumento no está lejos de una escuela local en las afueras de Port Alberni, Columbia Británica. Las señales sísmicas digitales son transmitidas al Centro de Geosciencia del Pacífico (PGC) en Sidney, 125 km al sureste, donde son monitoreadas constantemente por científicos y técnicos del Servicio Geológico de Canadá.

Estación ALB

Este sismógrafo registra aproximadamente 150 sismos locales, 100-200 telesismos y varias docenas de otros fenómenos locales; sin embargo, era obvio para el equipo técnico y científico del PGC que, a pesar de que la tierra se movía en Port Alberni, este no era un terremoto ordinario. Había varios enigmas. La señal sísmica de gran amplitud se presentaba sólo en ALB y no en ninguno de los otros sismógrafos de la WCTN, incluyendo aquellos situados a menos de 20 km de la estación. Además, tras una hora y media, la señal no mostraba signos de decaer. Los sismólogos calcularon una magnitud de coda de Ml=6.8, aunque su amplitud indicaba una magnitud de ondas de cuerpo de sólo 1.2 y una magnitud de momento aún más pequeña de sólo 0.2. Los sismólogos notaron que la frecuencia dominante de la señal era de aproximadamente 1 Hz, y después de hacer algunas correcciones, se llegó a una aceleración vertical máxima de 10 cm/s2 (0.01 g) y una velocidad máxima del suelo de 1 cm/s. El modelamiento de la forma de onda sugería una fuente con un par simple de fuerzas. Y la señal todavía sin muestras de abatimiento.

A las 4:15 pm la intensidad de la perturbación se intensificó drásticamente. El equipo, recordando que la estación en ALB había sido vandalizada varias veces a lo largo de los años, se preocupó de que alguien pudiese estar tratando de romper la bóveda de concreto que protegía el sismómetro. Se decidió llamar a la Real Policía Montada Canadiense (RCMP) local. Oficiales fueron despachados al lugar inmediatamente. Como el sismógrafo estaba localizado muy cerca de una escuela pública, también se llamó a ella. Temiendo que fueran vándalos, el director de la escuela solicitó la ayuda del portero y la secretaria, acudiendo velozmente al sitio. En el PGC un cada vez más creciente número de técnicos, científicos y uno que otro que pasaba por ahí, observaban asombrados que la señal aumentaba su amplitud. A las 4:28 pm, cuando parecía que la aguja del sismógrafo se rompería, la señal se detuvo repentinamente, en marcado contraste con su gradual inicio.

Parte de la misteriosa señal sísmica

Los científicos después confirmaron que las 4:28 pm fue la hora exacta en que los oficiales de la RCMP y los funcionarios de la escuela llegaron al lugar, donde encontraron a una joven pareja generando apasionadamente “ondas de amor” en la superficie de la bóveda sísmica, en medio de un quieto entorno boscoso sobre la zona de subducción de Cascadia, ignorante de que todos sus movimientos eran monitoreados por el PGC a 125 km al sureste.

[Aquí viene la parte fome, así que si quiere no siga leyendo]

Sabemos que en un terremoto se generan diversos tipos de ondas. Entre ellos están las ondas superficiales, que suelen ser muy destructivas. Existen 2 subtipos, las Rayleigh y Love, según sus características. El chiste de la publicación original era señalar que se habían registrado ondas Love inusuales. En inglés “Love waves” o literalmente “ondas de amor”… ¿se entiende? De cualquier manera la anécdota es real.


Fuente:

John F. Cassidy, Art Whitford, 1996: “Unusual ‘Love Waves’ recorded above the Cascadia subduction zone”, Seismological Research Letters 67 (6)

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