El terremoto ¿gigante? de 1837

El 16 de diciembre de 1575 se iniciaba uno de los superciclos sísmicos más importantes de Chile y también del mundo. Fueron 385 años que culminaron el 22 de mayo de 1960 con el terremoto de mayor magnitud desde que existen registros instrumentales. Numerosos estudios han revelado interesantes aspectos de este último evento y que siguen sorprendiendo. Sin embargo, estos casi 4 siglos aún encierran misterios que poco a poco han ido saliendo a la luz y de los que les contaré en las próximas líneas.

2 cucharadas y a la papa: ¿qué es un superciclo? En la actividad sísmica podemos distinguir 3 grandes etapas: cosísmica, postsísmica e intersísmica. Las 2 primeras corresponden al durante y después del evento telúrico, respectivamente. La tercera hace referencia al período que transcurre entre terremotos de similares características y durante el cual la energía se va acumulando gradualmente. En el contexto de una subducción, se inicia cuando termina la relajación de las placas con posterioridad a un terremoto, marcada fundamentelmente por las réplicas, y se bloquean nuevamente. La duración de este tiempo, llamado ciclo sísmico, es variable. Históricamente se ha dicho que aproximadamente cada 100 años se produce un terremoto en una misma zona, pero depende del lugar. En el centro de Chile se ha observado una recurrencia de cerca de 80 a 90 años entre sismos importantes. Lamentablemente no es tan simple la cosa. Los tiempos están lejos de ser exactos y no es bueno confiarse, ya que una diferencia de 10 ó 15 años puede ser mucha.

Esa era la idea general que se tenía hasta que ocurría lo impensado: un terremoto de enormes proporciones que afectaba una vasta área y lo destruía todo. Léase 1730, 1868, 1877 ó 1960, que superaban con creces a los experimentados antes de su ocurrencia. En particular tras el de 1960 se comprobó que había tenido características similares a otro ocurrido en 1575, ratificadas además por documentos históricos. Es lo que se llama un superciclo sísmico: un intervalo de tiempo que comprende otros subintervalos (ciclos sísmicos) separados por terremotos “pequeños” (generalmente en torno a M8) que no logran liberar toda la tensión existente. Recordemos que se necesitan unos 32 de ellos para igualar uno de magnitud 9.  Los superciclos se desarrollan a lo largo de tiempos muy extensos, usualmente de siglos. En el sur de Chile abarcan en promedio de 250 a 300 años, mientras en otras partes del mundo pueden superar el milenio, como en el caso del terremoto de Japón de 2011 que culminó un superciclo de más de 1100 años.

Evolución típica de un superciclo

El superciclo 1575-1960 no estuvo exento de sismos más “pequeños”, como era de esperarse. Las crónicas históricas nos permiten tener un panorama general de sus características. Originalmente escasas, en los últimos años se han hallado varias de ellas que han agragado detalles de lo sucedido. Corresponden fundamentalmente a altas autoridades de la época, tanto administrativas como eclesiásticas, como era común en la época colonial chilena. Les presento un resumen con los principales efectos en distintas localidades.

El primer evento tuvo lugar el 24 de diciembre de 1737 a una hora indeterminada. En Concepción destacan los graves daños sufridos por la catedral, que en palabras tanto del obispo como el gobernador del reino de Chile no permitía el ingreso sin poner en riesgo la vida. Más al sur, en Valdivia, ya golpeada por un incendio en abril de ese año, diversas fuentes coinciden en daños generalizados a las iglesias y fortificaciones, “arruinando” los fuertes de Niebla, Mancera y Corral, además de los muelles. El gobernador de Valdivia, Juan Navarro de Santaella, confirma la destrucción de la plaza y los 5 “castillos” (fuertes) en diciembre de 1737. Santaella moriría en Juan Fernández a raíz del tsunami de 1751. Finalmente en Chiloé, Manuel del Corro, secretario del obispo auxiliar de Concepción enviado a la zona, relata que el sismo derrumbó la iglesia de Castro, construida en reemplazo de la anterior consumida por el fuego una década antes. En ninguno de los casos se menciona algún tsunami o movimiento anormal de las aguas.

El segundo remezón llegó 100 años más tarde, pasadas las 8 am del 7 de noviembre de 1837. A diferencia del de 1737, en Concepción fue percibido como “fuerte”, pero sin causar daños. En cambio, Valdivia sufre severas consecuencias. El intendente local describe el sismo como el más fuerte sentido y que no permitía a las personas estar de pie. Nuevamente los fuertes y muelles se llevan la peor parte. Las casas en Corral y Niebla quedan reducidas a escombros o inhabitables. Grandes grietas, deslizamientos y árboles caídos dejan intransitables los caminos cerca de Valdivia. Una situación similar se registra en Chiloé: enormes grietas, derrumbes de cerros y árboles levantados de raíz, además del desplazamiento de las ruedas de molienda. Con respecto a la ocurrencia de tsunami, en Talcahuano se observó un pequeño retiro del mar. Por su parte, el intendente de Chiloé señala que en Ancud el mar subió y bajó 3 veces con gran velocidad, pero sin salirse de sus márgenes habituales, aunque sí logró penetrar algunos centenares de metros tierra adentro en lugares bajos. En un testimonio recogido años después, un residente de Ancud confirma el mismo fenómeno de repetidas inundaciones en el río Pudeto y el canal de Chacao, que incluso depositaron gran cantidad de algas y mariscos en las orillas.

Los datos expuestos no difieren mucho de lo que tradicionalmente se recoge en los registros históricos. Debido a la precariedad de las construcciones de la época los daños usualmente eran significativos. De todas maneras estos antecedentes permiten extraer algunas conclusiones:

1- El sismo de 1837 fue mayor al de 1737. Esta observación se sustenta no sólo en que la destrucción parece ser más significativa en el primero, sino también en el hecho de que se reporte un comportamiento inusual del mar, que claramente corresponde a un tsunami, algo inexistente en las descripciones de 1737.

2- Ambos terremotos tuvieron su origen en áreas geográficas distintas. A pesar de que el de 1737 sea menor, causó importantes daños en Concepción, mientras el de 1837 no pasó de ser un gran susto. Los efectos consignados tanto en Valdivia como en Chiloé revelan la alta intensidad alcanzada especialmente por el segundo, agregando el factor tsunami. Esto sugiere que el sismo de 1737 ocurrió en una zona más al norte que el de 1837, con Valdivia aproximadamente en una zona intermedia.

Estudios geológicos realizados recientemente van en la misma línea de lo anteriormente señalado. Análisis de turbiditas o depósitos por derrumbes en el fondo de los lagos evidencian una mayor concentración de ellas hacia el norte en el caso de 1737 y un alcance más extendido hacia el sur en las correspondientes a 1837. Por ello el planteamiento más aceptado es que el terremoto de 1737 abarcó parte del segmento norte de la ruptura de 1960, mientras el de 1837 hizo lo propio con un tramo más meridional. Es muy difícil asignar un límite que separe ambos, pero de manera muy gruesa la zona de Valdivia-Canal de Chacao sería el límite sur de uno y el norte del otro. Si pensamos en el de 1737 como un evento de M∼7.5 similar al de Chiloé en 2016 entonces su ruptura sería más bien pequeña y posiblemente muy próxima a Valdivia. Eso no impide una percepción bastante extendida. El de 2016 fue sentido entre el Bío-Bío y Aysén. Al de 1837, de mayor envergadura, puede asignársele una M∼8 y quizás algo superior, análogo al de Iquique en 2014. En principio una ruptura entre Valdivia o Bahía Mansa (Osorno) y Chiloé concordaría con una magnitud así y explicaría la presencia de un tsunami moderado en Ancud.

Sin embargo, una exhaustiva revisión de archivos históricos ha desenterrado antecedentes desconocidos previamente mostrando que el terremoto de 1837 en realidad fue mucho más complejo de lo que se creía, con efectos topográficos que se extendieron mucho más al sur de Chiloé. Varias de las fuentes que mostraré a continuación no habían sido consideradas anteriormente, incluyendo bitácoras de balleneros que operaban en la zona. Me permito, como ya lo he hecho anteriormente, una traducción libre de los originales citados en la investigación, aun cuando algunos ehayan sido elaborados en español, manteniendo entre corchetes las observaciones hechas por los autores.

Clément Dumoulin, hidrógrafo del barco de exploración francés L’Astrolabe, comandado por Dumont D’Urville en su viaje al mar antártico, realizó un reporte publicado en 1838 en la Academia de Ciencias de París donde incluye observaciones de primera mano de Simon Coste, capitán del ballenero francés L’Ocean que se encontraba costa afuera en las cercanías de la isla Guafo, al sur de Chiloé, cuando fue sorprendido por el terremoto:

El 7 de noviembre de 1837, estando en 43°38′ de latitud sur, a la vista de tierra, sus mástiles fueron sacudidos y su barco agitado por el terremoto que destruyó Valdivia.

Un mes más tarde la embarcación ancló en la isla Lemu (no confundir con Lemuy en Chiloé) y Dumoulin refería lo siguiente:

El 11 de diciembre, 1837, él reanudó su anclaje cerca de la isla de Lemus. El sacudón del 7 de diciembre ha levantado el fondo más de 8 pies [2.5 m] (…) Algunas rocas, que anteriormente estaban siempre cubiertas por el mar, ahora permanecían constantemente expuestas.

Una gran cantidad de conchas y pescado en estado de descomposición, arrojados a la orilla ya sea por una elevación súbita o por las variaciones del mar, mostraban que el evento había sido de reciente ocurrencia (…) Un gran número de árboles, levantados de raíz y arrastrados al mar en estos movimientos, fue visto a lo largo de la orilla.

Otra fuente que incluye testimonios (entre ellos el de Coste) es una carta escrita por Joseph Du Bouzet, hidrógrafo de La Zélée, el barco que acompañaba al L’Astrolabe:

Los capitanes de varios balleneros franceses que visitan la costa occidental de la Patagonia me aseguraron que vieron en el Archipiélago de los Chonos, poco después del terremoto de Valdivia ocurrido en Noviembre de 1837, claras señales de un levantamiento producido por el terremoto, porque un punto de una bahía previamente frecuentado por ellos, de piedra caliza, fue cubierto a lo largo de una gran distancia sobre la marea alta por mejillones, lapas y otras conchas adheridas a las rocas y algas en un avanzado estado de descomposición debido a que se secaron.

Charles Coffin, del ballenero estadounidense Ohio, entrega la evidencia más austral conocida respecto a la percepción del sismo, mar adentro a la altura de los Chonos, al oeste de la fosa en que hacen contacto las placas de Nazca y Sudamericana:

Apuntes del martes 7 de noviembre [1837]… a las 8 am se sintió la sacudida de un terremoto, 2 veces en 15 minutos… Lat 44·10 S Lon 76·20 W [44.17°S 76.33°W]

Apuntes del miércoles 8 de noviembre… a las 8 pm se sintió la sacudida de un terremoto… Lat 43·39 S Long 75·41 W [43.65°S-75.68°W]

Relatos posteriores dan cuenta de cambios geográficos en distintos puntos. El explorador Francisco Vidal Gormaz resumía así los reportes en la isla Guar o Huar ubicada pocos kilómetros al sur de Puerto Montt:

Mucha gente nos dijo que los terrenos que vimos inundados por el mar eran arables no muchos años antes (…) Este fenómeno de un hundimiento moderno, basados en la mejor información que pudimos obtener, debe su origen al temblor de 1837.

En la isla Tac, unos 80 km al sur de Guar, el reverendo Carlos Miller señalaba:

Creo que el disturbio sísmico [de 1837]… ha causado muchos descensos y ascensos de las costas de Chiloé. En la isla Tac… he encontrado troncos de árcoles centenarios, aún enraizados y por debajo de las mareas altas.

Vidal Gormaz, esta vez en el Archipiélago de las Guaitecas, cita las observaciones de un piloto (Archy) quien recordaba la aparición y desaparición de algunas islas:

Nos aseguró que cuando navegó nuevamente en el archipiélago pudo notar la desaparición de pequeñas islas por él bien conocidas, de igual manera que observó la presencia de bancos y rocas donde anteriormente no había ninguno

Asimismo describe los remanentes de un bosque en el fiordo Elefantes, que conduce a la laguna San Rafael en Aysén:

Fue visto en 1857 que la marea al subir ocultaba un gran número de árboles, algunos todavía vivos, aunque dañados por la salinidad. Un bote golpeó la rama de un árbol abriendo un gran hoyo (…) Cuando la marea bajó se vio que el bote se había partido por los restos de un bosque cuyas raíces habían sido ocultadas en el mar (…) sólo un hundimiento reciente de esa región pudo haber producido tal fenómeno, debiendo ser el terremoto  [de 1837]

14 años después, en 1871, el almirante Enrique Simpson también visitaba la zona y llegó a las mismas conclusiones que Vidal Gormaz:

Todo el fondo sur de este gran fiordo está compuesto por terreno bajo y a veces inundado, y en sus bancos, sumergido en el agua, hay un bosque de árboles muertos que nunca habría podido brotar en esta condición. Esto tiene que atribuirse a un relativamente reciente hundimiento de los terrenos. De hecho el piloto [John Yates] me dijo que tras un gran terremoto, en 1837, él mismo había observado muchos cambios en las islas y que, aunque no recordaba ninguno de los lugares en cuestión, él creía que el hundimiento había ocurrido al mismo tiempo que el terremoto.

Sin embargo, tiempo después, Simpson echa pie atrás parcialmente sobre sus observaciones. Este cambio de opinión se da porque toma conocimiento del reporte de un jesuita que realizaba un viaje misionero por el lugar en 1766 y 1767 y que ya describía la existencia del bosque sumergido:

El fiordo, uno ve, hacia el sur, el bosque de árboles muertos… el terreno bajo ha sufrido grandes descensos, de manera que ahora la marea lo inunda (…) El piloto Yates me convenció de que la causa del hundimiento fue el terremoto de 1837. Desde entonces he recibido un relato del Padre García, quien visitó estas regiones en 1766 y que mencionaba los mismos árboles.  Entonces el hundimiento tiene que haber ocurrido mucho antes que esa fecha. Lo extraño de esto es la resistencia de la madera y no puedo sino creer que el hundimiento ha sido sucesivo y que la estacada se extendía mucho más al norte de lo que lo hace ahora, porque en marea baja aparece una gran playa con montículos que parecen haber sido raíces.

De esta manera Simpson no descarta del todo que el sismo de 1837 haya influido en la muerte del bosque, pero es difícil distinguir en qué momento se produjo el o los hundimientos del terreno.

Mapa con la ubicación de los lugares en que se observaron cambios topográficos – Cisternas et al (2017)

Pasemos a la otra arista importante del terremoto: el tsunami. Si bien no tuvo mayores efectos en Chile, fue reportado en distintos puntos a través del Pacífico con desastrosas consecuencias.

-Polinesia Francesa: En la isla Gambier el tsunami alcanzó 2 metros produciendo fuertes corrientes y extensas inundaciones.

-Islas Samoa: Con una altura de aproximadamente 1 metro el tsunami causó inundaciones que duraron varias horas y bajas mareas.

-Hawaii: Definitivamente el lugar más azotado. En Honolulu (Oahu) el mar bajó 2.4 m por debajo de la marea normal, secando parcialmente el puerto. El agua regresó lentamente y las olas duraron hasta el día siguiente.  En Windward, también en Oahu, el mar retrocedió 37 metros en forma horizontal, sin consecuencias. Similar comportamiento (36 m) tuvo en Kahului (Maui), en donde 2 personas murieron ahogadas y 36 casas fueron arrastradas 240 m tierra adentro.

A las 6:30 am local en Hilo (Big Island) el mar retrocedió y volvió violentamente con un sonido parecido al de un trueno, inundando las zonas bajas. 14 personas murieron y 66 casas fueron destruidas. En Byron’s Bay el mar descendió de 9.1 a 6.4 m dejando el puerto en seco. La ola más grande y destructiva fue la primera con 6.1 m de altura.  En Kau, el distrito más meridional de la Big Island, se da cuenta de 46 fallecidos y 108 casas arrasadas. El de 1837 fue uno de los tsunamis más letales conocidos en la historia de Hawaii.

-Japón: Acá también se sintieron los efectos de las olas la noche del 8 de noviembre. En general consistieron en inundaciones de salinas y campos cercanos a la orilla, incluyendo algunos daños residenciales, pero sin víctimas que lamentar. Se estima que el tsunami osciló entre 1 y 2 m de altura.

Alturas del tsunami a lo largo del Pacífico – Modificado de D-Maps

Ya con el cuadro más completo se puede pasar al siguiente nivel. Conociendo el hecho de que hubo cambios de relieve claramente visibles hacia el interior y que se generó un tsunami transpacífico, los científicos realizaron modelaciones considerando los siguientes 4 escenarios para la ruptura sísmica:

(a) Superficial: Desde la superficie (fosa) hasta unos 20 km de profundidad
(b) Intermedio: Entre los 20 y 40 km
(c) Profundo: Desde los 40 y hasta los 60 km
(d) Ancho: Comprende todo el tramo desde la fosa hasta los 60 km

A lo largo de la historia se ha observado que los mayores cambios geográficos, sobre todo las elevaciones del terreno, suceden en zonas cercanas a la ruptura o sobre ella, ya que es consecuencia directa del desplazamiento de las placas. Como ejemplo, en los terremotos de 1960 y 2010 los lugares más próximos a la fosa (oeste) se elevaron, emergiendo nuevas tierras.  A su vez las partes hacia el este se hundieron debido al “estirón” de la placa Sudamericana. Esta misma deformación es la causante de los tsunamis, al levantar el fondo marino desplazando el agua por encima de él.

El escenario (a) explica muy bien el tsunami, pero origina deformaciones inversas a las vistas en 1837. En (b) ocurre lo mismo con respecto a la geografía, sumándosele la no generación de un tsunami como el registrado. La alternativa (c) funciona bien geográficamente, pero debido a la profundidad y área de influencia no origina un tsunami significativo localmente ni menos transoceánico.

Modelos de ruptura para el sismo de 1837 con las referencias geográficas en la parte superior y los tsunamis respectivos a la derecha – Modificado de Cisternas et al (2017)

El modelo que otorga los mejores resultados es el (d) que abarca una ruptura bastante amplia, conciliando los cambios topográficos con el importante tsunami que llegó hasta Japón. Claramente hay que tener en cuenta que esto no provee detalles particulares de la ruptura, las que suelen ser más complicadas que una simple área, como zonas que desplacen más o menos.

¿Qué tan grande fue este terremoto?

La pregunta del millón. Una forma de verlo sería establecer los desplazamientos de las placas a través de los modelamientos. Sin embargo, los datos de terreno disponibles son muy escasos y no permiten realizar esto con certeza, siendo una opción poco aplicable.

No obstante, con lo que se tiene se puede hacer una aproximación razonable. Y viene del otro lado del mundo. ¿Recuerdan las crónicas japonesas del tsunami? Pues bien, las investigaciones han mostrado una buena consistencia entre las alturas de olas observadas en Japón con respecto al tamaño del terremoto cuando su origen se encuentra en Chile.

La siguiente gráfica muestra los datos de los tsunamis de 1960 y 2010 según fueron registrados en las costas niponas, principalmente las alturas alcanzadas.

Alturas registradas por los tsunamis de 2010 (amarillo) y 1960 (rojo) en Japón. El recuadro marca la zona que describen las crónicas de 1837 – Cisternas et al (2017)

Al tomar la estimación antes expuesta de que la altura del agua en 1837 osciló entre 1 y 2 metros, se cae en un rango límite entre el máximo tamaño del tsunami de 2010 y el mínimo de 1960 en la misma zona de Japón. Por lo tanto, haciendo una simple comparación, es dable hipotetizar que el terremoto de 1837 tuvo una magnitud de entre Mw 8.8 y 9.5. ¿Grandote, cierto?

En 1979 el científico japonés Katsuyuki Abe desarrolló una escala empírica (basada en datos reales) llamada magnitud de tsunami (Mt), destinada a calcular la magnitud de un sismo según el tsunami generado. Aunque no coincide exactamente con la magnitud de momento (Mw) tradicionalmente utilizada para sismos importantes, se le acerca razonablemente. Así, para el terremoto de mayo de 1960 se calcula una Mt=9.4 (Mw∼9.5); el segundo más grande fue en Alaska en 1964, asignándosele una Mt=9.1 (Mw=9.3), mientras que otro de Alaska en 1946 obtiene una Mt=9.1, aunque se le otorga una Mw=8.6. ¿Qué pasa con el de 1837? Aunque es común que se le apunte como un sismo de magnitud cercana a 8, este método lo eleva a un evento de Mt=9¼=9.25… que lo clasifica informalmente como gigante, es decir, M≥9.

Hay algunos terremotos que han sido denominados tsunami earthquakes, concepto que en español no tiene una traducción oficial, pero que podríamos llamar gruesamente terremotos-tsunami. Se refiere a aquellos sismos cuyos tsunamis son desproporcionadamente grandes en relación a la magnitud del movimiento. Ejemplos clásicos citados en la literatura son los de Sanriku (Japón) en 1896 de magnitud cercana a 8 y que generó un tsunami que mató a más de 20 mil personas con alturas de casi 40 metros. Un caso más reciente fue el de Nicaragua en 1992 (Mw 7.7) con olas de unos 10 metros y que dejó más de un centenar de fallecidos. Los análisis han revelado que estos eventos poseen una ruptura sísmica más lenta que lo habitual, asociado a la presencia de capas de sedimentos muy superficiales a través de las cuales este tipo de rupturas se propaga sin dificultad. De esta forma los sedimentos que se desplazan junto a la placa subyacente ayudan a crear un tsunami de mayor envergadura que lo esperado. Un problema grande derivado de esta lenta ruptura es que su magnitud suele ser muy dispar entre la calculada inicialmente y la final, usualmente en magnitud de momento (Mw) que depende de parámetros técnicos no disponibles para terremotos antiguos.

Si el de 1837 fue tan grande ¿Cómo se explica entonces que tan sólo 123 años después hubiera uno Mw 9.5 en la misma zona? ¿No que ocurrían cada varios siglos? ¿Por qué hubo un tsunami tan chico en Chile?

Vamos por parte. Primero debemos considerar la ruptura del megasismo de 1960, que abarcó aproximadamente entre las penínsulas de Arauco y Taitao por casi 1000 km de largo. Los máximos desplazamientos modelados llegan a los 40 metros al sur de Valdivia. A medida que nos movemos hacia el extremo sur de la ruptura, estos valores no sólo van disminuyendo (no son pequeños, entre 20-30 m) sino que se concentran en una franja más estrecha, como si las placas se hubiesen destrabado sólo parcialmente. Los datos GPS muestran que el movimiento de las áreas costeras hacia tierra adentro (proceso de relajación post-sísmica) también es menor hacia el sur. Los expertos dan 2 explicaciones posibles: que haya existido una ruptura uniformemente ancha o que derechamente ella se haga más angosta.

Desplazamientos de la ruptura de 1960 (líneas rojas) expresados en metros – Moernaut et al (2014)

Se postula que este fenómeno es ocasionado porque en esta región la corteza es más joven y, por ende, más caliente, que trae consecuencias sobre la forma en que las placas acumulan energía, haciendo el proceso más lento y menos abrupto. Esto también favorece la posibilidad de rupturas más lentas como en la réplica de junio de 1960 registrada en la zona de Aysén. También es posible que la amplia ruptura modelada para el sismo de 1837 haya repercutido sobre el comportamiento de las placas, restringiendo los desplazamientos en 1960 a un segmento más profundo. Ambas opciones no son excluyentes. Es interesante que de los escenarios planteados, el intermedio concuerda muy bien con los cambios geográficos observados en 1960. Por tanto, el 9.5, a pesar de su gran tamaño, no habría liberado toda la energía teóricamente acumulada “gracias” al evento de 1837.

Un análisis similar se da como argumento para explicar la ausencia de relatos concernientes a algún tsunami en 1737. Si bien la evidencia indica que este terremoto fue de menor magnitud que el de 1837, pudo ser lo suficientemente grande como para causar alteraciones marítimas, inexistentes en las crónicas. Se hipotetiza que su ruptura tuvo lugar en la parte profunda del contacto entre las placas, por lo que la perturbación del fondo marino habría sido ínfima, no generando un tsunami al menos detectable a simple vista.

En el caso del terremoto de 1837 y su tsunami aparentemente pequeño en función de la magnitud del sismo en la costa chilena y de los efectos transoceánicos, confluyen varios factores. Primero está el problema histórico de la densidad poblacional. Existe un relato que aparentemente corresponde al tsunami, pero no se señala dónde y se mezcla con una erupción del Osorno, por lo que es probable se trate del terremoto de 1835. En Chiloé los registros están hechos preferencialmente hacia aguas interiores, sin conocerse qué pasó en costas más directamente expuestas al Pacífico.  Relacionado a lo anterior, especialmente en Niebla y Corral, donde lisa y llanamente no se describe ningún tsunami, es posible que el terremoto haya tenido una ruptura más profunda hacia el norte, con poca o nula tsunamigénesis, análogo al de 1737. Incluso no se descarta totalmente que se haya propagado más al norte con estas características.

Además, si la costa sufrió una elevación general de unos 2 metros durante el terremoto, como en la isla Lemu, esto merma los alcances de un tsunami, tal como ocurre con marea baja. Más aún, simulaciones de las mareas en Ancud para el 7 de noviembre de 1737 indican que el sismo coincidió en un período de descenso del nivel del mar. Si hubiese ocurrido con marea alta quizás comentaríamos una situación más desastrosa.

Así vamos llegando al final de este largo viaje por la historia. Una muy especial que ocurrió hace menos de 200 años y que todavía asombra. Nuestra geografía nunca deja de regalarnos sorpresas y misterios.



Lectura recomendada:
La compleja historia sísmica del sur de Chile

Referencia principal:

M. Cisternas, M. Carvajal, R. Wesson, L. L. Ely, N. Gorigoitia, 2017: “Exploring the Historical Earthquakes Preceding the Giant 1960 Chile Earthquake”, Bulletin of the Seismological Society of America 107 (6)

2 pensamientos en “El terremoto ¿gigante? de 1837

  1. estimado:

    Mi nombre es Angelo Castruccio y llegué a tu página por algunas referencias que hacías a una publicación mía y de co-autores sobre la erupción del Calbuco en 2015. Realmente te quería felicitar por tu página que la encuentro sencillamente espectacular. Análisis muy serios y didácticos, pero utilizando un lenguaje claro y sencillo. He aprendido muchas cosas de tus artículos que son muy estimulantes. Por favor sigue así, ya que se necesita gente como tu que acerque la ciencia a toda la gente, pero sin caer en el efectismo o alarmismo. Esto es cierto especialmente en el mundo de habla hispana, ya que faltan blogs de este tipo en idioma español. Cualquier cosa que necesites sobre volcanes (mi especialidad) y que pueda ayudar, cuenta conmigo.

    Un abrazo,

    Angelo castruccio

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