Sismicidad anómala en el volcán Osorno: análisis preliminar

Fueron 5 meses de incertidumbre. Se desempolvaron los planes de emergencia para preparar a las comunidades ante una situación que no se había presentado en muchas décadas. Las miradas se dirigieron a este icónico gigante que ilustra cientos o miles de postales turísticas… pero nada pasó. Ahora, con los ánimos más tranquilos, es un buen momento para hacer un análisis de lo sucedido.

La primera señal se dio el 19 de diciembre de 2017, cuando un Reporte Especial de Actividad Volcánica (REAV) de Sernageomin informó de la ocurrencia de un sismo de magnitud 3.0 en el sector noroeste del volcán. Era la primera vez que un reporte de este tipo se entregaba para el Osorno desde que opera la nueva Red de Vigilancia Volcánica implementada tras la erupción del Chaitén en 2008. No hubo réplicas del temblor y las cosas continuaron sin sobresaltos.

Transcurrieron los meses hasta que el 14 de abril de 2018 aparecía un nuevo REAV respecto al Osorno. Otro sismo 3.0, también ubicado hacia el noroeste. Esta vez, 1 réplica fue consignada. ¿De nunca ocurrir nada a 2 situaciones excepcionales en 4 meses? Daba para pensar. El 8 de mayo en su reporte mensual (RAV) Sernageomin declaraba la alerta amarilla, debido a un aumento paulatino en la cantidad y magnitud de los sismos volcanotectónicos (VT) en el volcán Osorno durante las semanas recientes. Una situación inédita desde que comenzara su monitoreo instrumental a fines de la década de 1990.

Las reacciones no se hicieron esperar, desde las dudas sobre cómo sería una eventual erupción, hasta las publicaciones falsas y alarmistas de los indeseables de siempre que terminaron en una denuncia policial por parte de los vecinos del volcán. Las semanas continuaron sin mayor novedad entre preparaciones y expectación, cuando el 23 de junio otro movimiento M 3.0 se registraba. De manera similar no hubo réplicas y la situación se mantenía muy parecida semana a semana. Poco más de 1 mes después, el 5 de agosto se alcanzaba el punto cúlmine del proceso, cuando ocurrió un sismo de M 3.4, el más cercano al cráter en la horizontal, acompañado de una réplica. Era también el mayor de los últimos meses. Aunque después fue recalculado a M 3.2, no dejaba de ser considerable. Se mantenía la alerta amarilla.

¿Se acercaba finalmente una erupción? Cuesta creerlo, pero la sismicidad no sólo no aumentó, sino que comenzó a decrecer. Ya a finales de septiembre era evidente la baja en la actividad y no fue hasta mediados de octubre que Sernageomin decidió disminuir la alerta a nivel verde. Sin duda muchos respiraron aliviados con esta noticia ya que a pesar de lo bien preparada que pueda estar la población, muchas familias viven del turismo, el que siempre se ve afectado en circunstancias así ante el temor de una emergencia. A continuación revisaremos los antecedentes técnicos que nos puedan dar luces de lo que realmente pasó en este tiempo.

El principal parámetro para ir contextualizando es la evolución de la sismicidad. Antes de cualquier hipótesis necesitamos conocer el llamado “estado base”, su comportamiento habitual.

Sismicidad entre abril de 2016 y octubre de 2018

En la gráfica anterior podemos ver la actividad sísmica mensual del Osorno en los últimos años. Se muestra la cantidad total y los sismos VT y LP.  Los primeros suelen asociarse a ruptura o fractura de roca y los segundos (largo período) a desplazamiento de fluidos internos (magma, agua) y/o procesos relacionados a glaciares. Se ha ilustrado desde abril de 2016 puesto que en esa fecha se instalaron nuevas estaciones de monitoreo que aumentaron considerablemente la cantidad de eventos detectados, careciendo de sentido comparar con la actividad anterior. ¿Observan esa especie de rampa ascendente que se forma? Esa es una conducta vista en algunos otros volcanes como el Quetrupillán. Es un ciclo anual que se ha vinculado al proceso de deshielos que comúnmente se acentúa al final del verano e inicios de otoño, representado fundamentalmente por los sismos LP. Justamente abril y mayo de 2016 fueron meses en que el Osorno quedó casi totalmente desprovisto de nieve.

Ahora concentrémonos en los VT. Si bien en la imagen previa se alcanza a notar un cierto crecimiento, al aislar esa información es más fácil apreciar el detalle de cómo fue progresando.

Eventos volcanotectónicos entre 2016 y 2018

No es un cambio particularmente drástico, pero claramente se registra un incremento que sobresale respecto a lo habitual, más que duplicando o hasta triplicando los valores previamente registrados. Es precisamente entre marzo y agosto cuando es más pronunciado, período en el que se decreta la alerta amarilla. Ya dicho, en septiembre disminuye para volver a los índices considerados regulares.

¿Dónde se ubicaban estos sismos?  En la siguiente imagen captada a mediados de junio y que abarca la primera quincena del mes se nota claramente su agrupación a pocos kilómetros (tal vez no más de 3) del cráter principal, en su flanco N-NW. El color celeste indica la profundidad y en este caso son bastante superficiales. El tamaño de los círculos denota su magnitud, siendo los mayores cercanos a 2. Poco más de una semana después se produciría uno de 3.0 que motivaría un reporte especial.

Ubicación sismos en junio de 2018

Para conocer cómo fueron evolucionando en el tiempo necesitamos disponer de información más precisa, tanto de la profundidad como fecha de ocurrencia. Al no tener esos datos, debemos recurrir a los que ya conocemos. Primero utilizaremos los referentes a los sismos principales referidos en los REAV ya que al estar más espaciados en el tiempo podrían darnos un atisbo del desarrollo de la situación.

La captura presenta la ubicación de ellos con sus principales características: magnitud, fecha y profundidad (z) expresada en kilómetros. Comenzando por el del 19 de diciembre se observa una progresión de acercamiento hacia la cumbre principal, pero la profundidad no muestra un patrón que indique una tendencia clara que permita concluir si se aproximan a la superficie.

Localización sismos VT de magnitud 3 o superior

Un análisis más fino es posible extraerlo de los informes quincenales publicados desde mayo. Si bien no entregan las coordenadas de cada evento (el mayor para cada intervalo), su localización es dada de manera relativa, es decir, con la distancia desde el cráter principal. Aunque este método posee un margen de error ya que se da a la interpretación, al haber más sismos más o menos ubicables junto a su magnitud, nos permite construir una idea aproximada de su evolución, tal como se hizo anteriormente con los mayores VT.

Para entender la figura, se consideraron 13 sismos, numerados del 1 al 13, con las siguientes características (período, magnitud):

(2) 1-15 mayo; M 2.3
(3) 16-31 mayo; M 2.2
(4) 1-15 junio; M 2.2
(6) 1-15 julio; M 2.2
(7) 16-31 julio; M 2.3
(9) 16-31 agosto; M 1.2
(10) 1-15 septiembre; M 1.9
(11) 16-30 sep; M 1.9
(12) 1-15 octubre; M 1.2
(13) 15-31 oct; M 1.2

El (1), (5) y (8) motivaron los REAV y sus datos aparecen en la misma imagen. El (13) ocurrió ya con el volcán en alerta verde.

Detalle de la evolución de los mayores eventos VT

Si se siguen los eventos en orden correlativo se ve una relativa tendencia a aproximarse al cráter principal (triángulo rojo), a pesar de algunos retrocesos en la trayectoria. Destaca además que no se trata de eventos distribuidos al azar, sino que se concentran en un área de forma alargada, como si recorrieran un camino preestablecido. Ya me referiré a esta idea.

Aún falta otro parámetro muy relevante: la profundidad, tomada de los mismos sismos anteriores. Acá hay un tema importante que no es explicitado en los informes oficiales, que tiene relación con el nivel de referencia de los temblores. Si se dice que el hipocentro fue a 5 km de profundidad ¿desde dónde se mide? La lógica nos indica que debiera ser desde el cráter, pero eso no siempre es así. En Estados Unidos, las distintas instituciones geológicas han adoptado un geoide (curva parecida a la Tierra) de referencia que suele ser cercano al nivel del mar. Si ocurre un sismo sobre esta cota, su profundidad es negativa. Para un volcán de 2652 msnm como el Osorno, esta diferencia es notoria dado lo superficial de los eventos. En fin, por esta vez pasémoslo por alto ya que no repercute demasiado en este análisis particular.

Profundidad mayores eventos VT

No se aprecia un cambio significativo en los valores, manteniéndose en un rango que va de los 3 a los 5 km en promedio. Incluso pareciera que la profundidad aumenta a medida que los sismos se acercan al cráter, contrario a lo que la intuición pudiese decirnos.

Hasta acá todo muy lindo, pero ¿qué nos dicen estos datos?

La principal explicación a lo vivido entre mayo y octubre está dada por lo que se conoce como intrusión magmática, que no es otra cosa que la inyección o incorporación de magma al sistema volcánico, ya sea alimentando el reservorio o desplazándose a nuevos lugares. Los sismos VT están normalmente asociados a la ruptura de rocas, usualmente debido a la presión ejercida sobre las paredes de la cámara magmática, pero también pueden registrarse cuando el material se abre camino en profundidad.

Aquí quiero detenerme para precisar un punto. En el análisis de los mayores eventos de cada quincena, estoy haciendo una apuesta arriesgada: cada uno de ellos representa la “punta de lanza” que abre los espacios para que el magma fluya, tal como una perforadora le va dando forma a un túnel en construcción. Esto no tiene por qué ser así, pero a falta de más datos puede ser una buena manera de imaginarse el proceso.

Las intrusiones se dan en variadas formas, siendo 2 las principales. La primera es denominada “dique” y consiste en algo parecido a la pared de una casa, de una altura mucho mayor a su anchura o espesor. Se dice que es una estructura discordante, ya que “corta” las capas circundantes (tradicionalmente horizontales) emplazándose en una orientación fundamentalmente vertical. La segunda es llamada “sill” y es la misma idea, pero predominantemente horizontal, como un mantel. Se podría decir en cierto modo que un sill es un dique girado 90 grados y viceversa, aunque el sill es concordante: ocupa un espacio paralelo a las capas existentes.

La distribución vista en la sismicidad nos sugiere que hubo una intrusión de un dique bajo la ladera noroeste del volcán Osorno, ya que aparenta una región angosta y larga. Sin embargo, al no haber una variación notoria en la profundidad, podemos pensar también que se trata de un sill que ha ido ocupando una zona relativamente horizontal de algunos kilómetros de largo. Puede ser algo a medio camino entre los 2. Tampoco sabemos si el rango de 3 a 5 km corresponde al tamaño de la intrusión o delimita el techo del espacio intruido, habiéndose topado con una barrera geológica (ej: capa rocosa de mayor densidad) que le haya impedido el ascenso hacia la superficie.

Las intrusiones magmáticas pueden ser muy caprichosas. En 2009 se dio una intensa actividad sísmica en el campo volcánico Harrat Lunayyir en Arabia Saudita (sí, también hay volcanes allí), cuya última erupción está datada en torno al año 1000 de nuestra era. Fue tal la magnitud del fenómento que se generó una grieta de 8 km de largo obligando a evacuar más de 30 mil personas. Después de algunas semanas la sismicidad disminuyó y al cabo de unos meses concluyó sin mayores novedades. Los estudios revelaron que el terreno se levantó unos 40 cm y la causa se atribuyó a un cuerpo de magma que no logró llegar a la superficie.

Otro caso emblemático ocurrió en 2011 en la isla de El Hierro, archipiélago de las Canarias. En julio inició un importante enjambre sísmico en el mar al noroeste de la isla. Luego la atravesó completamente hacia el sur, culminando en octubre con una erupción submarina. Lo curioso fue que en su migración, en cierto momento el magma se desplazó casi 15 km de manera prácticamente horizontal, algo interpretado por los expertos como que el magma utilizó las complejas estructuras geológicas existentes, recorriendo un sinuoso camino hasta encontrar una salida en el fondo marino.

A diferencia de los ejemplos citados, según la información entregada por un inclinómetro, en el Osorno no se registraron deformaciones en este período de alerta amarilla. Tampoco se reportaron cambios en este sentido en mediciones satelitales que permitieran modelar la intrusión. En parte esto podría ser explicado por esta regularidad en la profundidad de los sismos. Actualmente se está llevando a cabo una investigación cuyos resultados podrían ilustrarnos mejor de qué es lo que sucede respecto a este tema. Asimismo, el magma de este volcán es fundamentalmente basáltico, es decir, muy fluido y de generalmente baja explosividad, por lo que tendría una mayor facilidad en ocupar espacios sin necesariamente provocar alteraciones detectables en superficie.

Hasta acá se ha analizado la arista magmática del asunto, pero hay otro aspecto llamativo que no quiero dejar pasar. Antes de la alerta amarilla, se vivieron momentos de cierta inquietud en 2016, especialmente en marzo, cuando los vecinos de Las Cascadas reportaron sismos perceptibles, que fueron confirmados por las autoridades de emergencia y asociados a la actividad interna del volcán. Lo curioso es que por esa época se registró un sismo reportado por el CSN al sureste de Puerto Octay, cuya profundidad de más de 80 km lo descartaba como volcánico. En julio de 2018, durante la alerta, también ocurrió un temblor en el mismo sector a unos 100 km de profundidad. ¿Coincidencia? ¿Inestabilidad tectónica local que repercute en fallas volcánicas? ¿Intrusión magmática en profundidad? En el área existe al menos un maar o laguna de origen volcánico llamada Pichihuinco que otorga una posibilidad, remota, de una erupción no convencional. ¿Podríamos tener algo como lo del Carrán en las cercanías de Puerto Octay? Imposible aventurarlo, aunque es lo último en lo que pensaría.

Este es el panorama de lo que aconteció en el volcán Osorno durante los meses recientes. Hay quienes plantearon dudas sobre la alerta señalando que era un tanto exagerada, pero es necesario recalcar que la  erupción del Calbuco en 2015 cambió las formas de enfrentar estos problemas. Prácticamente a 150 años desde su última actividad destacada y unos 185 desde la avistada por Darwin, muchas son las preguntas que permanecen sin respuesta. Desconocemos si en este largo tiempo se produjo alguna vez algo similar o estamos ante el lento despertar de este gigante.  Por ahora las cosas están tranquilas y sin novedad, aunque sigue detectándose sismicidad en ese sector. ¿Fue éste el último paso del Osorno antes de volver a la vida? Parece cliché, pero sólo el tiempo dirá.

 

Anuncios

Tus aportes son muy valiosos, por favor no dudes en comentar

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.