Adolescencia volcánica

La adolescencia es una etapa crucial en la vida de una persona. El paso de la infancia a la adultez supone una serie de transformaciones que van más allá de lo puramente físico. También suele definirse parte importante de la personalidad que acompañará a la persona el resto de su vida. Hay quienes demoran más y otras simplemente nunca parecen terminarla. Con los volcanes sucede algo similar y así como existen algunos plenamente maduros, otros aún viven en una permanente juventud.

Las personalidades volcánicas son variadas. Grandes, chicos, tranquilos y enojones. Fotogénicos y otros no tan agraciados. Famosos y desconocidos. Solitarios y gregarios. Esta diversidad da origen a variados paisajes y da cuenta de las características de cada uno de ellos. Cuando algunos muy diferentes coexisten muy próximos entre sí se produce un contraste muy marcado que no tiene una explicación aparente. Conozcamos uno de esos casos.

Nos vamos de paseo a la zona precordillerana de la Región de los Ríos. Ahí, entre bosques nativos y ríos cristalinos se encuentran el grupo Carrán-Los Venados (CLV) y el imponente complejo Puyehue-Cordón Caulle (CVPCC). El primero es un conjunto de más de 60 centros volcánicos ubicados al sureste del lago Ranco y al sur del lago Maihue abarcando un área de aproximadamente 160 km2. En tanto, el CVPCC se localiza algunos kilómetros más al sur del CLV y comprende 3 estructuras principales alineadas en sentido NO-SE por casi 20 km: la caldera Cordillera Nevada, el Cordón Caulle y el volcán Puyehue. De ellas, sólo las 2 primeras han presentado erupciones históricas y es una de las zonas más activas del país.

Centros eruptivos del grupo CLV – Google Earth

Sin embargo, a pesar de su proximidad, su estilo eruptivo es diametralmente opuesto. Mientras el CVPCC tiene un historial de erupciones muy violentas, la última de las cuales ocurrió el año 2011 y es catalogada como la o una de las más importantes de lo que va del siglo 21, peleando palmo a palmo con la del Chaitén en 2008, el CLV se caracteriza por una actividad, que si bien puede ser explosiva, es muy ocasional y de corta duración, principalmente de tipo estromboliano, es decir, con emisión de lavas muy fluidas que forman coladas de cientos de metros de extensión. Además, se dan erupciones freatomagmáticas (cuando el magma se encuentra con agua) que origina los llamados maares, cráteres inundados y que toman la forma de lagunas redondeadas. Durante el  siglo 20 el CLV presentó 3 erupciones en 1907 (Riñinahue), 1955 (Carrán) y 1979 (Mirador).

¿Qué razones hay detrás de esta diferencia? La respuesta está en los procesos geológicos involucrados, que no son tan sencillos. Empecemos con el contexto tectónico. Sabemos que el volcanismo en Chile continental se produce por la interacción entre las placas de Nazca y Sudamericana, en la cual la primera subducta a la segunda, fusionándose en profundidad. Parte de este material asciende como magma y sale a la superficie en forma de erupciones. Pues bien, si lo vemos desde arriba, este proceso no se produce perfectamente de oeste a este, sino que en un cierto ángulo que se traduce en un movimiento oblicuo OSO-ENE: una mezcla de uno hacia el este y otro hacia el norte. Es este último el que sumado a ciertas condiciones geofísicas permite la existencia de la falla Liquiñe-Ofqui (ZFLO) que se extiende entre el Bío-Bío y Aysén por unos 1200 km. Su presencia facilita el ascenso del magma (la naturaleza siempre busca el camino más “fácil” que gaste menos energía) haciendo que prácticamente todos los volcanes del sur de Chile tengan relación con ella, siendo su alineación la mayor expresión de esa dependencia. Lógicamente ni el CLV ni el CVPCC escapan a lo anterior y especialmente el segundo, cuya erupción pocas horas después del terremoto de 1960 responde a una interacción íntima con la traza principal de la LOFZ y que hasta el día de hoy es motivo de estudios. En tanto, el CLV está influenciado por una de las tantas ramas que se desprende de la ZFLO que cruza cerca de allí.

Hasta acá nada nuevo, pero aún no tenemos explicación para la diferencia en el estilo eruptivo de ambos. Es sabido que eso suele depender fundamentalmente de la composición del magma de cada volcán. Las erupciones recientes del CVPCC muestran un magma fundamentalmente de tipo riodacítico, muy alto en sílice y por tanto altamente explosivo y viscoso. En cambio, en el caso del CLV los análisis han arrojado resultados principalmente basálticos, es decir, un magma fluido y poca o moderadamente baja explosividad, siendo el agua el factor más importante en la violencia de las erupciones.

En este ejemplo, se dice geológicamente que el magma del CVPCC es más “evolucionado” que el del CLV. La clave está en lo que se llama “tiempo de residencia” de cada uno. El camino del magma desde que nace hasta la superficie es largo y generalmente no llega muy rápido que digamos, sino que se toma un descanso a algunos kilómetros bajo nuestros pies en la forma de una cámara magmática. Allí aprovecha de dormir una siesta que puede durar varios siglos durante la cual no sólo se va enfriando lentamente, permitiendo el desarrollo de cristales en su interior. Además puede incorporar otros de su entorno, tanto en su ascenso como en su residencia. Estos procesos cambian la composición del magma otorgándole características distintas y son algunos de los mecanismos de lo que se conoce como diferenciación magmática, en el que un magma puede dar origen a otros de propiedades diferentes.

Esquemas típicos de volcanismo mono (A) y poligenético (B) – Bucchi et al (2015)

Sé que están inquietos, sólo un poco más de paciencia. Falta un pelito. Como les decía, la ZFLO tiene una importancia fundamental en la región. Su orientación principal es norte-sur, con algunas derivaciones o fallas secundarias, cual árbol tectónico. El CVPCC se alinea en sentido NO-SE en torno a una de estas ramificaciones (falla Iculpe), mientras el CLV lo hace predominantemente en una orientación SO-NE. ¿Recuerdan el dato de la subducción oblicua de la placa de Nazca? Aunque no lo parezca, juega un rol destacado en este tema. Debido a la orientación de los centros volcánicos, ocurre que para el caso del CVPCC se generan esfuerzos de compresión y en el del CLV son de extensión. En palabras simples, en el primero la corteza tiende a cerrarse mientras en el segundo a abrirse, permitiendo que el magma se acumule en cámaras superficiales o ascienda más fácilmente, respectivamente. Cuanto más tiempo permanezca almacenado sin erupcionar, más “evolucionado” será el magma.

Esto repercute no sólo en la clase de erupciones que habrá, sino también en el tipo de volcanes que existirán. El CVPCC se caracteriza como un complejo de volcanes poligenéticos (poli=muchos; genético=de génesis=origen), o sea, se han ido construyendo mediante numerosas erupciones, más conocidos como estratovolcanes. Por otro lado, el CLV es considerado compuesto mayoritariamente por cráteres o conos monogenéticos (mono=uno), es decir, se forman durante una sola erupción o ciclo y no vuelven a entrar en actividad nunca más, como el Paricutín en México o el Navidad en los faldeos del Lonquimay. Mayoritariamente porque existen interesantes excepciones.

Revisemos las erupciones históricas del CLV. La primera fue en 1907 del maar Riñinahue o Corral Quemado que erosionó parte de un antiguo cono. La segunda y más grande de todas ocurrió en 1955 en el maar Carrán, sitio en el que se encontraba un viejo cráter llamado Laguna Negra. La última tuvo lugar en el cono Mirador el año 1979, que también pertenecía a un pequeño volcán existente con anterioridad.  Un breve análisis nos permite concluir que ninguno de estos centros puede catalogarse como monogenético, ya que al haber estructuras previas quiere decir que ya tuvieron actividad en el pasado, cualquiera sea su datación. ¿Es el CLV un grupo mono o poligenético? En estricto rigor es una mezcla dada por sistemas tectónicos locales.

Erupciones más recientes del CLV- Se aprecia la proximidad entre ellas – Castro (2015)

El punto más alto del CLV es el volcán Los Guindos con algo más de 1100 msnm. Su particularidad es que se clasifica sin dudas como estratovolcán, formado en varias etapas bien identificadas. Hay otro volcán, Media Luna, que supera los 700 msnm y construido en 2 fases eruptivas. Estos volcanes no se encuentran en la alineación principal SO-NE del CLV y que concentra al grueso de los centros eruptivos, sino que están asociados a la intersección de la ZFLO con fallas secundarias. Además, difieren en composición, siendo más basálticos que sus vecinos de barrio.

Otro factor a considerar es la denominada tasa magmática. A diferencia de una empresa en la cual importa maximizar lo que entra y minimizar lo que sale, para los volcanes no es tan así. Se debe tener un justo equilibrio. Si entra mucho, pero sale poco, el magma se enfría y solidifica, pasando a ser parte del inventario geológico. Si entra poco y sale mucho la historia es rápida: Volcán I el breve.  El ascenso directo de magma en un ambiente extensional facilita la existencia de conos monogenéticos, mientras que las cámaras magmáticas dan pie a estratovolcanes. ¿Por qué entonces las erupciones históricas del CLV han sido poligenéticas? Los estudios sugieren que puede estarse gestando un reservorio somero y lo visto sea una etapa temprana del crecimiento de un nuevo estratovolcán en la zona. Las 3 erupciones están muy próximas entre sí y reflejarían que esta incipiente cámara se situaría bajo ellas. Reactivaciones no tan recientes, como la del maar Pocura hace unos 300 años, también se hallan cerca de la  actividad histórica, por lo que es altamente probable que la próxima erupción tenga lugar en esa área. Lo interesante es que las investigaciones postulan que el CVPCC pasó por el mismo proceso hace unos 200 a 300 mil años antes de convertirse en lo que observamos hoy en día.

Arriba: evolución del CVPCC. Abajo: estructura actual propuesta – Bucchi et al (2015)

Un ejemplo bien ilustrativo es el del volcán Cerro Negro de Nicaragua, el más joven de América Central. Al igual que otros en el mundo, nació en 1850 en medio del paisaje y rápidamente alcanzó alturas notorias hasta que se calmó al mes siguiente. Volvió a la vida en 1867… y en 1899, 1914, 1919… totalizando 23 erupciones hasta 1999, la última que se registra, cada una de ellas con una duración de pocos días o algunas semanas. En la actualidad este cono supera los 700 m de altura. Este volcán ha generado un llamativo debate científico, ya que por su forma se le trata de cono de cenizas (hay varios tipos), pero por su historial eruptivo tiene rasgos de estratovolcán. El problema radica en la elaboración de planes de emergencia, ya que su comportamiento tan dinámico hace que la última carta de peligros pueda quedar obsoleta la próxima vez que despierte… si es que lo hace. A casi 20 años de su actividad más reciente nada puede darse por sentado. Ha tenido períodos de más de 20 o incluso 30 años de calma intereruptiva. A modo de comparación, el Paricutín en México se mantuvo activo entre 1941 y 1952, y el Navidad en Chile apenas 13 meses. 150 años después de su aparición, el Cerro Negro tiene la palabra final.

Es por ello que no hay que subestimar los campos o grupos volcánicos, a pesar de que sus componentes puedan parecer “sólo” pequeños conos dispersos. El volcán Mirador está formado por al menos 5 de ellos yuxtapuestos, mostrando que es un sitio con actividad más frecuente de lo que pueda pensarse. Quién sabe si de aquí a 5 mil años tenemos un nuevo y gran volcán o cadena volcánica al sur del lago Maihue o se queda en una constante adolescencia.


Referencias:

A. Castro, 2015: “Caracterización petrográfica y geoquímica de los productos de la erupción del volcán Mirador (AD 1979), Carrán-Los Venados, Chile. Evidencias de volcanismo poligenético en un campo de conos monogenéticos”, Memoria de Título, Universidad de Chile

F. Bucchi, L. E. Lara, F. Gutiérrez, 2015: “The Carrán–Los Venados volcanic field and its relationship with coeval and nearby polygenetic volcanism in an intra-arc setting”, Journal of Volcanology and Geothermal Research 308: 70-81

F. Bucci, 2013: “Factores forzantes del volcanismo monogenético en el grupo volcánico Carrán-Los Venados”, Memoria de Título, Universidad de Chile

S. B. McKnight, S. N. Williams, 1997: “Old cinder cone or young composite volcano?: The nature of Cerro Negro, Nicaragua”, Geology 25 (4): 339-342

 

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