1580: el terremoto olvidado

En la ocasión anterior les contaba sobre el que ha sido el mayor terremoto (terremotos en rigor) conocidos en la zona central de Chile y sus efectos en las ciudades de aquel entonces. También les mencioné que formaba parte de una secuencia sísmica cuya recurrencia aparente bordea los 80 años, por lo que habría que esperar algunos más para el próximo. Hasta acá nada inusual.

Dicha serie contempla los terremotos de 1570, 1647, 1730, 1822, 1906 y 1985 que han sido descritos en diversas crónicas a lo largo del tiempo, mientras el último aún permanece fresco en la memoria de mucha gente. Si hacemos una proyección, el próximo evento significativo debiese llegar alrededor del año 2060, un poco antes, un poco después. Como curiosidad el 2062 nos visitará el cometa Halley. Sería una lamentable coincidencia que fuese ese el año escogido por las placas tectónicas para descargar su energía.

Pero la historia guarda sorpresas y algunas muy bien escondidas. Hurgueteando en el casi infinito Archivo General de Indias que se encuentra en Sevilla, España, en búsqueda de referencias a sismos del siglo XVI, investigadores chilenos, liderados por Marco Cisternas de la PUCV, encontraron hace algunos años un registro desconocido hasta ahora. Se trata de una carta escrita por el Teniente Gobernador Luis Lope de Azoca y dirigida a Felipe II, Rey de España.

Al contrario de lo que pudiera pensarse por su cargo, Lope de Azoca (también referido como López de Azoca) no era militar. Había obtenido el grado de Doctorado en Leyes en la Universidad de Osuna en Sevilla. Fue designado Tte. Gobernador, el segundo mayor rango de la colonia, por Felipe II en 1578. Su misión era reportar directamente al Rey de los asuntos políticos y administrativos de Chile, en el contexto de fuertes enfrentamientos con los indígenas y disputas internas entre los propios españoles, por lo que el monarca necesitaba información de primera fuente.

El relato abarca cerca de media página y da cuenta de un fuerte sismo ocurrido el domingo 7 de agosto de 1580, correspondiente al calendario juliano usado en la época, equivalente al 17 de agosto en el calendario gregoriano que utilizamos actualmente. El documento, titulado “Carta del doctor Lope de Azoca, oidor de la Audiencia de Chile” está fechado el 11 de agosto y señala lo siguiente:

“Al punto que esta escribia, Domingo en la tarde, siete deste presente mes de agosto, despues de Visperas, temblo la tierra en esta ciudad grandemente, y duro el temblor casi media ora [,] derribo algunas casas y todas en general recibieron muy gran daño porque quedaron abiertas por muchas partes y sin teja que creo no se podra abitar en ellas sin mucho recelo, y ace que deste gran temblor hasta oy miercoles en la noche a avido otros muchos temblores pequeños y que an durado poco [,] toda la gente está alborotada y con mucha razon porque fue dia de gran tribulacion. En toda la comarca desta ciudad a avido gran daño que alo que se entiende no se reparara con cien mil pesos y no sabemos lo que abra sido en las demas ciudades deste reino donde otras bezes a avido muy grandes temblores y sean asolado algunas por el suelo. Dios se acuerde de su pueblo y nos tenga de su mano”

El texto original – Moreno et al (2012)

Tan importante como la fecha es la hora a la que sobrevino el movimiento. En esos tiempos los relojes no eran algo común y el tiempo solía medirse usando referencias llamadas Horas Canónicas que guiaban los Oficios Divinos, es decir, las oraciones diarias de los fieles. Ellas han evolucionado a lo largo de los siglos, pero en términos generales se dividen así:

  • Maitines: Tras la medianoche. Primera oración del día. (∼0:00 horas)
  • Laudes: Al amanecer (∼3:00)
  • Prima: Primera hora tras la salida del Sol. Tercera oración del día. (∼6:00)
  • Tercia: Tercera hora (∼9:00)
  • Sexta: Sexta hora (∼12:00)
  • Nona: Novena hora (∼15:00)
  • Vísperas: Antes de la puesta de Sol (∼18:00)
  • Completas: Repetición de Vísperas antes de acostarse (∼20:00-21:00)

Claramente la correlación con las horas modernas es aproximada, pero da una idea del momento del día que nos interesa. Lope de Azoca menciona que el terremoto lo sorprendió la tarde del domingo, después de Vísperas, por lo que es lógico asignar una hora posterior a las 6 de la tarde. Los investigadores agregan que, suponiendo que el informante siguió rigurosamente los ritos católicos, estos le habrían tomado unos 30 minutos. Además de lo anterior y considerando preparativos y otras cosas, se plantea que el autor habría retomado la escritura a eso de las 18:45 horas, tras lo cual sobrevino el sismo. Por otra parte, Lope de Azoca no nombra las Completas, hora que sigue a Vísperas. De esta manera se acota el terremoto a un momento entre las 18:45 y 20:00 del 7 de agosto de 1580, fecha juliana.

Reloj con horas canónicas – Atril.org

En cuanto a sus efectos, no es mucho lo que se detalla, como el agrietamiento y derrumbe de varias casas junto a un gran daño “en toda la comarca”, entendiéndose como tal toda la región que incluía Santiago y alrededores, que bien podía extenderse por cientos de kilómetros. Se estima que en todo el territorio los españoles y sus familias no llegaban a los 7 mil, sin contar la población indígena, concentrándose poco más de mil en Santiago y Valdivia. Los materiales de construcción predominantes de la época eran el adobe y el bahareque, una mezcla de ramas y barro. Las edificaciones raramente tenían más de un piso de altura. Lope de Azoca estimó los costos al menos en unos 100 mil pesos, que en la actualidad serían unos 22-23 millones de dólares. Para efectos prácticos, la mantención de los soldados que luchaban contra los nativos ascendía a unos 84 mil pesos hacia el año 1600. No se reportan fallecidos, pero el poco tiempo transcurrido entre el evento y la fecha de la carta pudo haber sido muy breve para disponer de mayores datos al respecto.

Como les contaba al comienzo, se ha identificado una serie sísmica a lo largo de la historia de Chile central que parece tener una recurrencia cuasi-regular. Sin embargo, el terremoto de 1580 altera completamente esta secuencia. Poco más de 5 años antes, el 17 de marzo de 1575, otro fuerte movimiento había afectado a Santiago, aunque según las crónicas los daños registrados fueron bastante menores, a diferencia del de 1580 en que se describe el colapso de varias construcciones. Lope de Azoca relata también que desde el terremoto se sintieron numerosos movimientos de menor fuerza y duración, interpretables como réplicas, haciéndolo similar a otros sismos como el último de 1985. Dados los escasos antecedentes existentes es casi imposible determinar siquiera el origen tectónico del evento de 1580. Lo esperable es pensar en un sismo clásico de subducción, pero no se tienen datos de tsunami alguno, abriendo la posibilidad de que se trate de uno intraplaca, como el de Chillán de 1939, e incluso de tipo cortical asociado a fallas superficiales como el de Las Melosas en 1958. En síntesis, no se sabe. Es cosa de ver lo que sucede con el destructivo terremoto de 1647 del que aún se debaten sus características. Tal vez el de 1580 sea su verdadero predecesor y no el de 1575.

¿Por qué es tan poco conocido lo ocurrido en 1580?

Esta pregunta abre la que tal vez sea una de las aristas más interesantes de este tema, porque los peninsulares, poco habituados a los estremecimientos de la tierra, dejaban registro de cuanta manifestación natural sucedía en la naciente colonia, no sin descripciones fabulosas y en ocasiones ultra exageradas. Por ello es extraño concebir que casi no hubiese rastro de este sismo que dejó no pocos daños. Sin embargo, los investigadores descubrieron que existen 2 copias no originales del documento… en Chile.

La primera pertenece nada menos que a la colección “Claudio Gay” del Archivo Nacional en Santiago. Titulada “Carta del teniente gobernador. Terremoto del 7 de agosto de 1580 (…)” es una transcripción del texto original de Lope de Azoca. Gay obtuvo el fragmento de un documento español fechado el 17 de diciembre de 1626 y dirigido al Rey Felipe IV.

La segunda se encuentra en la colección “José Toribio Medina” de la Biblioteca Nacional. A diferencia de la anterior que sólo menciona la parte del terremoto, esta copia, bajo el nombre de “Carta del doctor Lope de Azoca a S.M. el Rey, fecha en la ciudad de Santiago a 11 de agosto de 1580 (…)”, la transcribe en su totalidad, por lo que posiblemente se hizo teniendo presente la original, ya que no se conocen otras réplicas.

Hay algunos aspectos llamativos del asunto. El sismólogo francés Alexis Perrey, contemporáneo de Gay, publicó un catálogo en 1854 en el que no da cuenta del sismo de 1580. El mismo Gay también lo ignora en su “Historia Física y Política de Chile” de 1845, aunque sí habla el de 1575. Una teoría es que haya sabido de su existencia después de la publicación de ambos trabajos. Por su parte, el caso de J. T. Medina es aún más sorprendente. El renombrado sismólogo, fundador y primer director del Servicio Sismológico de Chile, Fernand Montessus de Ballore, tuvo la venia del propio Medina, colega universitario, para revisar sus archivos, pero aún así tampoco da luz alguna de lo acontecido en 1580. Es razonable suponer que pudo haber ocurrido algo similar a lo de Gay en el sentido de tomar conocimiento de la carta después que Montessus de Ballore finalizara su investigación. Alternativamente, es también lógico plantear que el texto, de tan sólo media página de extensión, haya simplemente sido pasado por alto en la inmensa maraña de documentos del Archivo de Indias.

A pesar de lo anterior, existen otras referencias indirectas que pueden asociarse al terremoto de 1580. El mismo Montessus de Ballore en su “Historia Sísmica” de 1916 menciona un “gran temblor” el 7 de agosto de 1582. Se basa en un documento de los Franciscanos datado el 1 de febrero de 1585, en el que Melchor Calderón, comisionado chileno de la Inquisición española, solicita a Felipe II una donación para reconstruir la iglesia San Francisco de Santiago, dañada por un sismo. Calderón cuenta que “en esta ciudad, al 7 de agosto, han sido 3 años desde que un gran temblor no dejó una casa en su lugar”, incluyendo la del mismo Calderón. Como era de 1585, el sismólogo francés restó los 3 años obteniendo la fecha de 1582. La coincidencia en el día es tan evidente que es imposible no asociarlo a lo descrito por Lope de Azoca.

La colección de Medina también guarda una sorpresa. En una declaración jurada ante Alonso de Sotomayor, gobernador de Chile, fechada el 2 de diciembre de 1585, Alonso del Campo solicita a la autoridad que interceda ante el Rey para obtener recursos para reparar los daños del convento Nuestra Señora de la Concepción al que representa. El 4 de noviembre de 1587 el gobernador realizó una consulta sobre el estado de las instalaciones religiosas. Baltasar Sánchez, maestro de escuela de la Catedral de Santiago, relata que “el edificio fue dividido en partes y derribado por el temblor que hubo en esta ciudad los años pasados, y usualmente se sienten esos temblores, porque en los últimos seis años no ha habido año en que la tierra no se mueva unas dos o tres veces”, situación asimilable a réplicas.

Otras fuentes consignan la primera destrucción de la iglesia San Francisco por un terremoto el 7 de agosto de 1583, cuando “fue azotada por tres quemas y un temblor” que la derribó. Esto aparece en un interesante trabajo de 1965 que a su vez cita un documento de 1594 del Archivo Nacional de la Real Audiencia, pero no es comentado por quienes descubrieron la carta de Lope de Azoca.

Iglesia San Francisco en Santiago – Consejo de Monumentos Nacionales de Chile

¿Cuál fecha es la verdadera? Con el abanico de posibilidades mencionadas se hace difícil precisar el año exacto en que el terremoto se dejó sentir. No obstante, sólo la misiva representa una narración de primera mano redactada prácticamente al momento del remezón, del que fue testigo presencial, y no sólo una alusión indirecta de un documento o relato. Además, las credenciales de Lope de Azoca son bastante favorables y le otorgan credibilidad a su reporte. Por esta razón su carta lleva la delantera como el texto más confiable y, por ahora, la fecha de 1580 aparece como la más fidedigna.

Curiosamente en los cimientos de la iglesia San Francisco se han hallado técnicas constructivas con características sismorresistentes muy similares a la de los pueblos altiplánicos, que le han permitido mantenerse en pie, al menos en su estructura básica, durante cuatro siglos, siendo una de las edificicaciones más antiguas de Chile que conserve parte de su obra original. Una muestra más de la cultura telúrica de Chile, esa que se ha olvidado con los años. De ahí la importancia de conocer nuestra historia, como este terremoto que ha pasado prácticamente desapercibido en nuestra literatura a pesar de sus notables efectos.

 


Referencias:

M. Cisternas, F. Torrejón, N. Gorigoitia, 2012: “Amending and complicating Chile’s seismic catalog with the Santiago earthquake of 7 August 1580”, Journal of South American Earth Sciences v. 33

N. Jorquera, C. Soto, 2016: “El subsuelo de la iglesia San Francisco: ¿una cimentación sismorresistente sobre un estrato prehispánico?”, ARQ 93:106-117

E. Pereira Salas, 1965: “Historia del arte en el reino de Chile”, Ed. Universidad de Chile

Anuncios

Tus aportes son muy valiosos, por favor no dudes en comentar

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.