Chaitén: la erupción que transformó a una comunidad y la volcanología chilena

El ser humano aprende a trompazos. No importa si el mismo golpe le llega 1, 2 ó 35 veces, al final parece que algo aprende. Esa parece ser la tónica de la historia, sin importar el color de piel, idioma o continente. No por nada son generalmente los acontecimientos más trágicos e impactantes (de los buenos también hay) los que suelen generar cambios profundos y que marcan de manera casi indeleble el rumbo de un país o el mundo.

Chaitén es una pequeña ciudad, capital de la provincia de Palena, Región de los Lagos, ubicada a unos 170 km al SSE de la capital regional (Puerto Montt) a la altura de Queilen en la Isla de Chiloé. Al 2002 la comuna (un territorio bastante extenso) contaba con poco más de 7 mil habitantes, con cerca de un 60% en la ciudad misma. La localidad fue fundada oficialmente el 24 de febrero de 1940 con el fin de promover la población de esta remota zona, aunque estaba habitada desde varios años antes, dominada por las cumbres de la cordillera de los Andes, de precaria comunicación con el resto del territorio chileno. Chaitén era poco conocida incluso dentro de la región, y para qué decir del resto del país. Hasta se hizo un comercial donde la protagonista era una chaitenina que llegaba a Santiago, como sinónimo de la lejanía del lugar. Eran los primeros meses del 2008. Sería casi como un presagio de lo que estaba por venir.

 

Los inicios de esta historia aún permanecen en la sombra de la duda y que la han convertido casi en una leyenda moderna. Algunos dicen que comenzó semanas antes, otros que sólo fueron pocas horas. Aparentemente la calma fue perturbada la tarde del 28 de abril de 2008, cuando el entonces alcalde de Chaitén, José Miguel Fritis, daba la habitual cuenta pública anual del municipio, momento en que un sismo sacudió a la ciudad, algo no muy habitual en la zona. A partir de entonces, se fue dando una serie de temblores que no sólo crecía en intensidad, sino en frecuencia, algunos con tan sólo minutos de diferencia.

Por esos días estaba muy fresco el recuerdo del terremoto y tsunami de Aysén ocurrido casi exactamente 1 año antes, el 21 de abril de 2007, que había cobrado la vida de 10 personas, tras más de 2 meses de constantes movimientos casi todos los días. Por ello era inevitable imaginar un escenario similar para la capital de la provincia de Palena. Además, la cercanía de volcanes como el Corcovado y, especialmente, del gigantesco Michimahuida a la ciudad no hacían sino instalar la pregunta: ¿viene un terremoto o será que algún volcán está despertando?

Para despejar esa incógnita, el intendente regional, Sergio Galilea, viajó a Chaitén junto a personal de la Onemi para reunirse con las autoridades locales con el fin de analizar la situación y decidir los cursos de acción, basándose en la última información entregada por los expertos sobre la sismicidad. Al término de la reunión y vistos los antecedentes, Galilea confirmaba una idea preliminar sobre el tema. La siguiente frase es, sin duda, una de las más recordadas por los chaiteninos: “Los sismos son de origen tectónico”

Sergio Galilea al llegar a Chaitén – Archivo de Bernardo Riquelme

A esa altura, 1 de mayo, los movimientos eran ya sumamente frecuentes y, a pesar de la explicación del intendente, la gente seguía tan o más preocupada. La magnitud y frecuencia de los sismos era tan alto que saturaba el registro de los instrumentos que monitoreaban el Cordón Caulle, 300 km más al norte y varios eran sentidos en las principales ciudades de la isla de Chiloé, a unos 100 km al oeste. La estimación de sacudones sensibles en Chaitén alcanzaba entre 60 y 80 durante los últimos días. Los datos más recientes señalaban epicentros a unos 10 km al NE de la ciudad. Se anunció el viaje de un grupo de expertos para instalar equipos y precisar la información. No alcanzaron a llegar.

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Sismograma de entre las 20 hrs del 30 de abril y 23 hrs del 3 de mayo registrado por la estación Ranco ubicada 290 km al norte del Chaitén -Sernageomin

A las 23:52 hrs. del 1 de mayo ocurrió un sismo que fue percibido incluso en Puerto Montt, 170 km al norte de Chaitén. En esa época la red sismológica de Chile era bastante más dispersa, con sólo unos pocos aparatos en la región y la web no operaba 24/7, sino en horario de oficina, por lo que la información aparecería recién por la mañana. Aún así, recuerdo haber estado esperando alguna noticia, cuando casi a las 2 de la mañana se confirmaban los peores temores:

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Una de las primeras informaciones sobre la erupción en Chaitén – Emol

Sí, se había iniciado una erupción volcánica. Era la posibilidad que nadie quería. La actividad había comenzado en algún momento entre las 11 de la noche y las 2 de la mañana, probablemente asociada al sismo mencionado. A pesar de la oscuridad, las miradas se dirigieron al coloso Michimahuida, distante a unos 25 km al noreste de Chaitén. Debido a su ubicación, uno de los lugares más aproblemados podía ser El Amarillo, zona de termas muy cercano al volcán. En efecto, quienes acudieron al sector esa noche ratificaron la caída de una importante cantidad de ceniza a lo largo de toda la ruta. Chaitén, aún sacudida por los sismos, podía respirar más tranquila.

Al amanecer fue posible areciar una gigantesca nube que mantenía la zona en una penumbra y cubierta por un manto gris y que era claramente visible desde lugares como Puerto Montt. Apenas se dieron las condiciones, se efectuó un sobrevuelo para tener una mejor idea de lo que estaba ocurriendo. Los resultados fueron desconcertantes. El volcán que estaba haciendo erupción no era el Michimahuida, sino uno del que prácticamente nadie había escuchado: el Chaitén. Lo peor era que se encontraba a tan sólo 10 km de la ciudad y el riesgo era altísimo. La orden era tajante: había que salir de ahí inmediatamente.

En una de las evacuaciones más grandes que recuerde la historia de Chile, casi 5000 personas abandonaron Chaitén ese día 2 de mayo, unas por tierra hacia Futaleufú, Palena o Aysén, otras (la mayoría) en transbordadores repletos hacia Chiloé y Puerto Montt. Aunque el proceso fue expedito y no hubo mayores contratiempos, lamentablemente falleció una persona que no resistió el viaje debido a su delicada salud. Familias completas dejaban atrás sus casas, campos y, especialmente, muchas mascotas, con la esperanza de que la emergencia duraría unos días y podrían volver para retomar su vida normal.

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Evacuación nocturna de Chaitén – Christian Brown

Conocido por los locales como el “cerro Chaitén”, el ahora rugiente volcán pasaba casi completamente desapercibido entre las montañas del paisaje, a diferencia de otras cumbres de la región. Sin llegar a los mil metros de altura, se trata de una caldera, es decir, un cráter o depresión de más de 1 km de diámetro. En este caso eran 3 en su dimensión más larga. Hasta esa fecha, en su interior albergaba lo que se llama un domo, acumulación de lava viscosa de alguna erupción anterior de fecha desconocida, en la que se abrieron los cráteres de los que emanaba la columna eruptiva.

Existían pocos antecedentes geológicos respecto al volcán, reconocido como tal en 1988. El más reciente databa del año 2004 y correspondía a un estudio general de los volcanes del sur de Los Lagos y Aysén. En él se identificaba una enorme erupción ocurrida 9 mil años antes, razón por la cual se dijo en los medios, apresurada y erróneamente, que el Chaitén había permanecido 9 milenios dormido. Sin embargo, lo más preocupante era la composición del magma: riolítico, es decir, alto en sílice y, por ende, tremendamente explosivo. Era la primera vez que se conocía una erupción de estas características en casi 100 años,  siendo la última en 1912 cuando el complejo Katmai-Novarupta (Alaska) causó la erupción más grande del siglo 20 en el mundo. El panorama no se veía muy alentador.

La ausencia de un glaciar hizo que se subvalorara la amenaza volcánica, sólo considerada por la cercanía – Onemi

Los días fueron pasando y la erupción no daba muestras de amainar. El viento había llevado la pluma directamente sobre Futaleufú, convirtiendo el día en noche y haciendo irrespirable el ambiente, mientras la ceniza se acumulaba en Chaitén, convertida ahora casi en una ciudad fantasma, bautizada como la “zona cero”, en la que pernoctaban sólo algunos pocos habitantes que se resistían tenazmente a abandonarla. Entre ellos, Bernardo Riquelme, locutor de la radio local, quien se convertiría en un ícono de esta resistencia.

Así llegamos al 6 de mayo. Esa mañana, los 2 cráteres del domo se fusionaron en uno sólo de más de 800 metros, generando una columna que superó los 20 km de altura, motivando la evacuación de quienes quedaban en el poblado, fundamentalmente personal de FF.AA. y Carabineros, además de la gente que no había salido antes. La razpon era que, de colapsar la columna, los flujos arrasarían con todos los valles en varios kilómetros a la redonda, pudiendo convertir a Chaitén en algo así como una Pompeya chilena, en analogía a la antigua ciudad romana sepultada por el volcán Vesubio en el año 79 y en la que los cuerpos de las víctimas quedaron tallados en la ceniza tal como estaban al momento de su muerte.

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Explosión del 6 de mayo que superó los 20 km de altura – Onemi

 

Varias explosiones más de gran envergadura se dieron durante ese día. Si bien se generaron flujos pirocláticos muy considerables, éstos se limitaron a la parte superior del volcán o arrasaron los faldeos hacia el norte, sector deshabitado. Chaitén había escapado a su peor destino, al menos por el momento. La incertidumbre y las ansias por volver se apoderaban, como era de esperar, entre los numerosos evacuados repartidos por la región. El riesgo por el volcán era muy alto y por ello no se les permitía el regreso. Algunos pedían sólo ir a retirar sus cosas, otros decían que lo peor había pasado y que pronto todo se calmaría. La paciencia se estaba agotando.

Lamentablemente, las noticias sólo empeorarían. Los días siguientes y tras un fuerte temporal, el río Blanco o Chaitén que corría junto a la ciudad, simplemente colapsó. La tremenda cantidad de material volcánico acumulado en su cauce, ya sea por caída o por arrastre, hizo que su lecho se elevara considerablemente, desbordándose, fenómeno conocido como lahar secundario. El gran problema es que lo hizo a través de la calle Pillán, aproximadamente al centro de Chaitén. Y no paulatina, sino violentamente. Un sobrevuelo el día 12 confirmó daría cuenta de una escena terrible: decenas de casas habían sido llevadas por el torrente y muchas de ellas se perdieron en el mar. La mayoría fue parcial o totalmente destruida puesto que la mencionada calle había desaparecido completamente, dando paso al nuevo curso del río que abarcaba varias manzanas de ancho, dividiendo a la ciudad en 2 partes.

Aunque en un inicio se trató de no informar mucho al respecto a los albergados, finalmente se tuvo que hacer. Las imágenes de las casas flotando o enterradas en la orilla causaron un enorme impacto, no sólo entre los afectados, sino a nivel nacional. No se habían visto escenas así en muchos años, tal vez sólo comparables a las del tsunami ocurrido en Asia el año 2004. La opción de regresar pronto a su hogar se desvaneció para muchas familias.

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Casas afectadas por el lahar del río Blanco tras las intensas lluvias – Sernageomin

Mientras tanto, el volcán seguía con su constante actividad, mucho menor, pero con una persistente pluma de cenizas que, debido a cambios en el viento, se había extendido hacia otras direcciones, como Valdivia y Concepción, a cientos de kilómetros de distancia, amenazando con alterar el tráfico aéreo. No fue sino hasta el día 21 que nuevas observaciones desde un avión dieron cuenta de un cambio en su estilo eruptivo: sobre el domo existente estaba naciendo otro nuevo. En otras palabras, el Chaitén expulsaba lava. La sola mención de esta palabra causaba escalofríos debido a la idea de ríos ardientes que se ven en las películas. Sin embargo, por su composición geoquímica, esta lava era muy espesa, acumulándose en el mismo lugar. Esto indicaba que el magma ya había perdido buena parte de los gases acumulados, pero aún así no se podía bajar la guardia.

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Primeras imágenes del nuevo domo en formación – Sernageomin

Los desplazados, la destrucción de la ciudad y el tiempo transcurrido habían convertido al volcán Chaitén en un auténtico “cacho” para las autoridades. Tanto así que hasta el propio intendente Galilea, en su peculiar estilo, evitaba nombrarlo directamente, llamándolo el “enemigo”, como si de una guerra se tratara. Una lucha de liliputienses vs Goliat, no queda otra analogía, ya que todo estaba supeditado a la fuerza de la naturaleza. Fue catalogada como “la emergencia más compleja en la historia de Chile” por el ministro de Defensa. Una fuerte polémica por las compensaciones económicas ofrecidas por el gobierno a los afectados enturbiaba aún más el ambiente entre la comunidad. Para enfrentar mejor la situación, el gobierno había designado a una delegada especial, recayendo en Paula Narváez tal responsabilidad. La resistencia de un grupo de personas a abandonar el pueblo, encabezadas por Riquelme, obligó a la judicialización del tema, emitiéndose una orden que nunca tuvo mayores efectos.

Como si todo lo anterior no bastara, a las 22:43 hrs. del 23 de mayo, un fuerte sismo se dejó sentir en toda la región  más allá, inclusive en Valdivia. Tras momentos de incertidumbre pensando lo peor, se informó que el epicentro se ubicaba en las cercanías de Hornopirén, un pequeño poblado 100 km al norte del Chaitén. Durante esa noche y por varios días más se registraron numerosos movimientos en la misma zona, cuyo origen estaba asociado a la falla Liquiñe-Ofqui que atraviesa toda la zona y que correspondía a una secuencia sismo-réplicas, con magnitudes cercanas a 5. Después de algunas semanas, la actividad calmó.

Recién a mediados de año se organizaron las primeras visitas autorizadas a Chaitén por parte de los desplazados, para recuperar enseres y/o verificar el estado de sus casas. Podrán imaginar que muchos no encontraron nada, ni rastros, convirtiendo cada regreso en una emotiva experiencia. “¿Por qué no nos dejaron volver antes?” preguntaban varios argumentando que hubiesen podido rescatar algo más. Se confirmaban también los rumores de saqueos de algunas viviendas, acusando falta de seguridad de las autoridades. Hay que entender que el tema era difícil para todos.

En eso, las alertas habían comenzado nuevamente a encenderse entre los especialistas. Luego de varias semanas de niveles relativamente bajos de sismicidad volcánica, hacia fines de junio y gran parte de julio el número de sismos se elevó considerablemente, alcanzando entre 200 y 300 al día en promedio, algunos de ellos perceptibles. Sin embargo, superficialmente el volcán no presentaba manifestaciones distintas a o observado regularmente. El peor escenario (frase instalada en la población gracias a esta erupción) era una nueva inyección magmática en profundidad que iniciara un nuevo ciclo eruptivo similar al de inicios de mayo. Pasaba el tiempo y nada sucedía. Sólo a fines de julio y llegando agosto comenzó a decrecer el número de eventos registrados, sin consecuencias notorias. ¿La explicación? Probablemente se trató de un reacomodo de la cámara magmática causado tras la expulsión de tanto material durante las fases iniciales de la erupción.

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Tabla resumen de sismicidad de los últimos días de julio – Sernageomin

De ahí en adelante las cosas siguieron con relativa calma (geológicamente hablando), pero un nuevo peligro asomaba en el horizonte, o en la cumbre mejor dicho. El nuevo domo, que en realidad eran varios sobrepuestos, estaba creciendo a un ritmo impresionante, por lo que su tamaño era cada vez mayor. Esto provocaba que el material fuese empujado hacia arriba abruptamente, por lo que las laderas del domo tenían una pendiente muy pronunciada, causando constantes derrumbes o colapsos que levantaban nubes visibles desde lejos.

Así llegamos al año 2009. Por meses el domo siguió su veloz desarrollo, a tal punto que se erigían enormes “espinas” de lava en el domo, prueba de su acelerada tasa de crecimiento, una de las mayores jamás registradas, de hasta 60 m3 por segundo. Además, el domo había casi rellenado por completo la caldera, acercándose al borde de ésta.

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Gran espina de lava en el domo del Chaitén – Christian Brown

A eso de las 11 am del 19 de febrero, una fracción importante del domo simplemente no aguantó y se vino abajo, generando un flujo piroclástico que llegó a apenas 2 kilómetros de Chaitén. Se elevó una columna eruptiva de unos 10 km que oscureció Futaleufú por varios minutos. Se reavivavan las dudas sobre una eventual reconstrucción de la ciudad, tema que daba vueltas hace rato. De hecho fue el propio ministro del Interior, Edmundo Pérez Yoma, quien el día 20 le ponía la lápida a esa opción:

“Chaitén no tiene ninguna posibilidad de recuperación. Si antes había que entrar en discusión eso, hoy por hoy, no está en discusión. Chaitén no tiene viabilidad ni económica ni de seguridad ni sanitaria ni de ningún tipo. Chaitén, desgraciadamente, ha muerto

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Flujo piroclástico por colapso del domo del 19 de febrero – DGAC


La incógnita se instalaba: ¿Qué se hacía con Chaitén?

La respuesta a esa pregunta es tremendamente complicada y conjuga aspectos tanto técnicos como sociales, los que generalmente no van de la mano.

En lo técnico, la extrema vulnerabilidad de la ciudad ante la amenaza volcánica quedó patente tras la salida del río. Contrario a lo que se hubiese pensado, no fue el poder de la erupción en sí el que causó los mayores estragos, sino un evento secundario al que no se le había puesto mayor atención. El resultado fue que la ciudad quedó dividida prácticamente por la mitad en 2 sectores: Chaitén Norte y Sur. La ubicación de la urbe en la “zona roja” volcánica recomendaba su definitiva relocalización en un lugar más seguro. El tema no era menor, tomando en cuenta que Chaitén es un asentamiento estratégico para la región ya que es un punto de enlace entre la Patagonia chilena y el resto del país, tanto por vía terrestre como marítima y aérea.

Distancia entre centros poblados de más de 5 mil habitantes a volcanes activos. La línea roja segmentada marca el límite crítico de 50 km. La mayoría de la población está más alejada. Datos del Censo 2002 – Lara y Calderón (2015)

Se realizaron estudios que consideraron desde Ayacara hasta la hoy devastada Villa Santa Lucía, cuya conclusión fue que lo mejor era refundar Chaitén. ¿Dónde? El sitio elegido era Santa Bárbara, sector costero a unos 10 km más al norte siguiendo la Carretera Austral, el cual queda a resguardo del volcán por una cadena montañosa y sin ningún río que la pueda poner en problemas. El nombre escogido para el nuevo poblado era Nueva Chaitén, y era un sitio idílico según las imágenes de uno de los proyectos. Tan paradisíaco que más parecía una ciudad holandesa que del sur de Chile.

El plan se echó a andar, instalando primero estructuras tipo containers para las funciones administrativas, como oficinas municipales y policía, pero llegó hasta ahí. La gente quería volver a su lugar original.

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Proyecto Nueva Chaitén – Plataforma Urbana

Y es en este punto donde nos topamos con la variable social del tema. Tras la evacuación y la diáspora de chaiteninos por diversos lugares, se formaron auténticas “bandas” entre sus habitantes. Estaban los “rebeldes”, aquellos que se quedaron y que aparecían como los lugareños con más poder económico ligado a actividades como el comercio o el turismo. De los que se fueron, se podían distinguir a quienes no querían volver, y los que estaban dispuestos a regresar a cambio de ayuda estatal.

Según datos del municipio local, al año 2012 cerca de un 70% de la población que salió de Chaitén no había regresado, principalmente porque se habían radicado en otras localidades, tanto ciudades grandes como pequeños villorrios cercanos. Muchos iniciaron una nueva vida en donde fueron acogidos, pero la adaptación fue complicada al pasar de un pueblo tranquilo, donde todos se conocían, a ciudades bastante más agrestes, como Puerto Montt, lo que significaba un drástico cambio en el estilo de vida. Además, hubo gente que se aprovechó del tema, sobre todo en cuanto al cobro de arriendos, elevando maliciosamente los precios sabiendo de los bonos económicos que habían recibido los evacuados.

Con el cambio de gobierno (terremoto y tsunami incluido) se abandonó definitivamente la idea de la Nueva Chaitén, por lo que la mirada volvía a la dañada ciudad. La determinación fue bien recibida, ya que la relocalización nunca fue muy aceptada por los chaiteninos. Se estableció, casi arbitrariamente, que se autorizaba la parte norte para ser habitada, mientras en la parte sur se prohibía cualquier asentamiento humano y las casas remanentes tenían que ser demolidas. El Estado, mediante la “Ley Chaitén”, ofrecía la compra de las viviendas a quienes así lo deseaban (válido para cualquier persona), por lo que para llevar a cabo esa idea debía desembolsar una buena cantidad de dinero en la compra de los terrenos.

Como suele suceder, las acciones se ralentizaron a tal punto que las casas quedaron como estaban: abandonadas. De a poco comenzaron a ser tomadas por varias familias, quienes con el tiempo empezaron a exigir la instalación de servicios básicos, algo que no se hacía debido a la prohibición mencionada. Un importante problema social derivado de años de decisiones erráticas fundamentales para una buena planificación. Y todavía había dudas de qué hacer con la ciudad. Para ello se encargó un nuevo estudio y sus resultados permitían rehabitar Chaitén, pero con la condición de que se ejecutaran obras de mitigación para prevenir nuevas inundaciones. Considerando distintos análisis similares, la ciudad quedaba fragmentada debido a los distintos grados de exposición en diferentes sectores.

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Sectorización de Chaitén para su rehabitación – Sandoval et al (2015)

Regresando al tema volcánico, la erupción continuó en niveles bajos, con un domo creciendo sostenidamente causando pequeños colapsos a su alrededor y una pluma de cenizas que se convirtió en una escena habitual. La alerta roja fue rebajada a amarilla recién en junio de 2010, más de 2 años después, cambiando definitivamente a verde casi 1 año después, en mayo de 2011, cuando una nueva crisis eruptiva se avizoraba, esta vez en el Cordón Caulle. Más recientemente, en mayo de 2015, el volcán volvió a un estado incrementado de alerta amarilla por cambios en sus parámetros sísmicos, disminuyendo a verde 3 meses después. Desde esa fecha no ha habido alteraciones en su comportamiento.

Hasta el año 2008 el monitoreo volcánico era bastante limitado, y los volcanes vigilados se podían contar con los dedos: Lonquimay, Llaima, Villarrica, Mocho-Choshuenco, Puyehue-Cordón Caulle, Osorno, Calbuco y Michimahuida. La erupción del Chaitén fue la excusa perfecta para tratar de convencer a las autoridades de hacerse cargo del tema. El encargado de ello fue Hugo Moreno, volcanólogo fundador del Observatorio Volcanológico de los Andes del Sur (OVDAS) que con gran esfuerzo realizaba su labor. De hecho durante 2007 se tuvo que afrontar una sismicidad anómala en el Caulle, que estuvo a punto de gatillar una alerta roja, pero que decreció sin consecuencias. El argumento era simple: los estudios arrojaban que en Chile había unos 2000 volcanes, 500 de ellos potencialmente activos, de los cuales 60 habían entrado en erupción en tiempos históricos, es decir, durante los últimos 450 años. Moreno le expuso estos antecedentes a la entonces presidenta Michelle Bachelet a bordo del buque Aquiles de la Armada, junto a otras altas autoridades.

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Hugo Moreno asesorando a las autoridades en Chaitén – Sernageomin

Afortunadamente el mensaje llegó y se anunció una gran inversión para mejorar el monitoreo. No era una tarea fácil. Tras la erupción del Villarrica en 1963-64, el Dr. Lorenzo Casertano había propuesto la creación de un observatorio especial dadas sus graves consecuencias, pero los años pasaron sin que viese la luz. El nuevo proyecto, llamado Red Nacional de Vigilancia Volcánica (RNVV) consistía en ampliar drásticamente el número de volcanes monitoreados, pero ¿cuáles? Para ello se elaboró un ránking basado en el riesgo específico de cada uno, es decir, se combinaban las características de su actividad (frecuencia, magnitud, tipo de erupción) con la exposición de la población y/o infraestructura crítica. La lista la encabezaban el Villarrica, Llaima y Calbuco. Antes de la erupción, el Chaitén estaba en el lugar 40, pero después subió hasta el top ten, ubicándose finalmente en el número 4, entre los de muy alto riesgo. De los 8 volcanes iniciales se pasó a más de 40.

Por otro lado, se debía mejorar sustancialmente la calidad del monitoreo. Los pocos volcanes iniciales eran vigilados en su mayoría por 1 solo instrumento, algo absolutamente insuficiente ya que no permite la correcta localización de los sismos, parámetro primario usado para establecer las alertas. En caso de una mejor cobertura, se trasladaban equipos de otros volcanes o eran solicitados al Servicio Sismológico (hoy Centro Sismológico Nacional) mientras durara la contingencia. El plan agregaba además medidores de deformación, gases y cámaras online.

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Evolución de la vigilancia instrumental en los últimos años – Sernageomin

Pero la RNVV era mucho más que instrumentación. No sirve de nada tanta tecnología si no se sabe qué hacer con los datos. Por eso se establecía también la generación de mapas de peligros de los volcanes, los que debían ser puestos al alcance del público general y las autoridades, con el fin de generar planes de emergencia acordes a la realidad local y actualizar los ya existentes. Para una mejor comunicación, se modificó la antigua escala de alerta (verde, amarillo y rojo) por una más amigable y razonable, en que se agregaba el naranjo como paso previo al rojo.

Otro punto importante y que aún está pendiente es la creación de distintos centros de monitoreo a lo largo del país. En la actualidad la totalidad de los datos son procesados en el OVDAS de Temuco, significando una carga de trabajo considerable para este observatorio. Se planeó la creación de al menos otros 3 (Antofagasta, Talca y Coyhaique), de los cuales sólo el primero, llamado Observatorio Volcánico Altiplano-Puna (OVAP) está cerca de concretarse. El de Coyhaique parece ser el próximo y del de Talca no hay noticias. Es de esperar que no se queden sólo en el papel ya que es sumamente relevante su creación para descongestionar el que existe actualmente.

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Nuevos observatorios proyectados – Sernageomin

Esta nueva Red ya ha tenido varias pruebas de fuego después de la erupción del Chaitén. La más exitosa ocurrió el 2011, cuando con varias semanas de anticipación se aumentó la alerta del Caulle a amarilla y posteriormente a roja algunas horas antes de que entrara en erupción. Algo parecido ocurrió en marzo de 2015 con el Villarrica. Esta vez, con la nueva escala, se decretó alerta naranja poco antes de su erupción, por lo que la población ya estaba advertida. Desgraciadamente, 1 mes y medio después, el Calbuco entraba en erupción intempestivamente sin dar mayor tiempo a alertas previas. La naturaleza nunca deja de sorprender.

Como era de esperarse, un sinnúmero de científicos, tanto chilenos como extranjeros, llegó a estudiar el volcán a lo largo de los años siguientes, recabando más antecedentes acerca de este desconocido centro eruptivo. Entre los primeros resultados estuvo el aumentar su currículum, eliminando para siempre esa idea de los 9 mil años dormido que les comentaba antes. La evidencia indica que la última erupción previa a la del 2008 ocurrió en el siglo XVII, más o menos entre 1640 y 1680, unos 350 años atrás. Se halló también una ilustración de la época que representaría esa erupción.  Depósitos de dicho evento se encontraron, paradójicamente, gracias a la destrucción del río en la ciudad, revelando que ella se asentaba sobre el material arrastrado en esa ocasión. Se demostraba que lo ocurrido en 2008 no era puntual, sino recurrente y por eso la preocupación sobre su futuro.

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Cartografía que muestra una erupción en la zona a mediados del 1600, presumiblemente del volcán Chaitén – Lara y Moreno (2009)

Las investigaciones han mostrado también otras numerosas erupciones, todas muy explosivas, durante los últimos 18 mil años, con una frecuencia promedio de 1 cada 200 a 300 años, convirtiendo al Chaitén en uno de los volcanes más activos y de alto peligro en la región. Algunas de esas erupciones han sido bastante mayores a las del 2008. Asimismo, se ha confirmado la existencia de otro domo fuera de la caldera, cuya edad sería menor a los 1000 años, lo que se espera ratificar en un futuro a través de nuevos estudios. Una eventual reactivación de este cráter puede tener severas implicancias, ya que se ubica aún más cerca de la ciudad y da origen a uno de los afluentes del río Blanco.

Por otra parte, es llamativo que el volcán Chaitén tenga un comportamiento tan diferente al de su vecino Michimahuida, que ha alimentado la idea de que ambos macizos están interconectados magmáticamente. Esto recuerda a lo que ocurre con el Osorno y Calbuco, de los cuales no hay duda que son geológicamente independientes, aunque quizás con un origen (hace cientos de miles de años) en común. Una publicación postuló, mediante observaciones satelitales, un modelo en que el reservorio del Chaitén tiene una raíz común con el Michimahuida, pero que adquiere características diferentes debido a una serie de procesos geológicos. Los autores van más allá todavía y sugieren que el Morro Vilcún, un pequeño cerro aislado en la costa cerca de Chaitén, es en realidad un antiguo centro volcánico alimentado por este mismo sistema.

Esquema propuesto para la cámara magmática del Chaitén (Ch) que incluye al morro Vilcún (MV) – Wicks et al (2011)

Hasta acá les he contado casi puras desgracias, pero de verdad la historia es impactante. A pesar de todo, la ciudad parece estar aprendiendo a convivir con su malhumorado vecino. Basta llegar a Chaitén para encontrarse con un mapa de las calles que fue actualizado de una manera bastante peculiar, reflejando la nueva situación de la urbe. El turismo volcánico, con excursiones a la caldera, se ha transformado en una de las atracciones más novedosas, que se suma a la belleza de los paisajes circundantes, que contrastan con las casas destruidas y abandonadas que permanecen como mudas testigos de la catástrofe.

El interés no se circunscribe sólo a Chile, también dio la vuelta al mundo. Aparte de las clásicas portadas que dieron cuenta del poder de la erupción, los geólogos han encontrado acá un auténtico laboratorio natural para estudiar las distintas aristas en torno al fenómeno, desde la erupción propiamente tal hasta la respuesta del medio ambiente a una perturbación tan significativa. Más recientemente se han llevado a cabo investigaciones referentes a pinturas rupestres en cuevas del morro Vilcún recién mencionado. Y, aunque suene increíble, incluso el volcán Chaitén es parte de la trama de una novela con una apocalíptica portada, cuya autora visitó Chaitén en 2009.

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Mapa de Chaitén “actualizado”

En la actualidad, la ciudad de Chaitén ha experimentado una mejora en comparación a inmediatamente después de la erupción. Ya no están esas montañas de ceniza en las calles, se han arreglado casas, reabierto negocios y hasta se hizo un enrocado al río para proteger las casas de inundaciones por lluvias. La vegetación recupera terreno rápidamente en los faldeos del volcán. Sin embargo, Chaitén es considerado un lugar de alto riesgo, una “zona roja” geológicamente hablando, que en teoría no debiese ser habitada (como muchas otras en Chile), pero al parecer ya no hay vuelta atrás, por lo que sólo queda educar a la gente. Tal vez la próxima gran erupción en el volcán ocurra en algunos siglos más, si es que no sufre un despertar anticipado, sin olvidar al Michimahuida, que puede causar una historia similar. A esa altura lo vivido en el 2008 se habrá transformado en una historia pasada de generación en generación. Qué mejor que el folclor local para resumirla como la siguiente canción.

 

Si se fijan, no coloqué fotos espectaculares ni sorprendentes (que hay increíbles y por montones), porque la intención, a 10 años de lo acontecido, es invitarlos a reflexionar. Lo que pudo haber pasado y no pasó. Lo que se hizo bien, mal o no se hizo, y si se han aprendido las lecciones. Lo que se espera para el futuro. Son muchas las anécdotas y relatos que se pueden contar sobre este evento y quizás algunos aún permanezcan guardados en la memoria de alguien esperando a ser compartidas.
¿Tienen alguna?


Referencias:

F. Mandujano y J.C. Rodríguez, 2016: “La catástrofe del 2008 en la provincia de Palena: Reflexiones sobre sus particularidades e impacto en la patagonia occidental”, Magallania Vol. 44 (2): 69-85

V. Sandoval, C. Boano, C. González-Muzzio y C. Albornoz, 2015: “Explorando potenciales vínculos entre Resilencia y Justicia Ambiental: El Caso de Chaitén, Chile”, Magallania Vol. 43 (3): 37-49

L.E. Lara y R. Calderón, 2015: “Peligro y Riesgo Específico asociado al Volcán Chaitén: Perspectiva geológica de la vulnerabilidad en el entorno de un volcán activo”, Magallania Vol. 43 (3): 27-35

F. Mandujano, J.C. Rodríguez, S. E. Reyes y P. Medina, 2015: “La erupción del volcán Chaitén: Voyerismo, desconfianza, academia y Estado. Consecuencias urbanas y sociales en la comunidad”, Universum Vol. 30 N°2: 153-177

S. Reyes Herrera, J.C. Rodríguez Torrent y F. Mandujano Bustamante, 2014: “La doble destrucción de Chaitén. Consideraciones sociales, urbanas y territoriales sobre una catástrofe”, Revista Márgenes Vol. 11 N°15: 57-68

L.E. Lara y H. Moreno, 2009: “Hallazgo de una erupción histórica (siglo XVII) del volcán Chaitén”, XII Congreso Geológico Chileno

P. Duhart, H. Moreno, D. Basualto, M. Mella, J. Muñoz, 2009: “Erupción en curso del volcán Chaitén: productos, impactos y colapso parcial de domos del 19 de febrero de 2009”, XII Congreso Geológico Chileno

P. Duhart, H. Moreno, D. Basualto, M. Mella y J. Muñoz, 2009: “The role of dyking and fault control in the rapid onset of eruption at Chaitén volcano, Chile”, XII Congreso Geológico Chileno

J.A. Naranjo y C. Stern, 2004: “Holocene tephrochronology of the southernmost part (42º30`-45ºS) of the Andean Southern Volcanic Zone”, Revista Geológica de Chile Vol. 31 N°2: 225-240

Informes Técnicos Erupción Volcán Chaitén, Observatorio Volcanológico de los Andes del Sur, Servicio Nacional de Geología y Minería

Informes Oficina Nacional de Emergencia

Enlaces de interés:

Volcano Hotspot:
Volcán Chaitén (CL) and a Town in Distress

Chile, Catástrofes y Tragedias:
Erupción del Volcán Chaitén, Chaitén, 2 de mayo del 2008

AUS Revista:
El proyecto nueva Chaitén: La asincronía entre Estado, academia y comunidad

Charla Sergio Galilea (acceder vía descripción):
La visión del Gobierno y el MOP sobre las erupciones volcánicas

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6 pensamientos en “Chaitén: la erupción que transformó a una comunidad y la volcanología chilena

  1. Aquí contamos con volcanes y calderas que en el pasado tuvieron erupciones con un VEI de 7. El observatorio sería la excusa perfecta para estudiarlos.

  2. Bueno sería un observatorio vulcanológico aquí en Talca. Después de todo,tenemos en esta región los volcanes más explosivos de la zona central,una de las mayores concentraciones volcánicas en el mundo y sólo un par de nuestros volcanes son vigilados. Así se aportaría con el conocimiento de nuestros volcanes a los maulinos sobretodo.

  3. Hace algún tiempo leí en una página de internet,taringa si no me equivoco,decía que el Chaitén podría tener casi el mismo potencial eruptivo que el Tambora de Indonecia. Desconozco la fuente en la que se basan. Pero ¿es realmente cierto éso?

    • Si bien es cierto que erupciones como la del 2008 del Chaitén son de las más “pequeñas” en su historial, la evidencia sobre las mayores que ha tenido (aprox hace 5 mil y 9 mil años y que son varias veces más potentes) indica que no son excesivamente grandes, tal vez comparables a la del Pinatubo en 1991 o incluso algo menores, con índice de explosividad (VEI) de 5 a 6. La del Tambora en 1815 fue VEI 7, un tipo de evento que se da en promedio cada varios siglos a nivel mundial. Lo más cercano en la zona fue una VEI 6 del Michimahuida hace 10-11 mil años.

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