La tragedia del Lago Cabrera y la experiencia de Villa Santa Lucía: nuevos desafíos en materia de planificación

La reciente tragedia en la Villa Santa Lucía a raíz del desprendimiento de una ladera que ocasionó un aluvión que sepultó buena parte del poblado, puso en primera plana de la peor manera (como suele suceder) el tema de las remociones en masa, un peligro muchas veces pasado por alto o incluso casi ignorado. Sin embargo, la geografía de Chile es ideal para la ocurrencia de estos fenómenos, de los que existe registro desde hace muchos años, entre ellos, uno muy singular acaecido hace más de medio siglo.

Durante la mañana del 16 de diciembre de 2017, una gigantesca masa de agua, barro, rocas y árboles se dejó caer sobre la pequeña Villa Santa Lucía en la parte sur de la Región de los Lagos, a 81 km al sur de Chaitén y 70 km al norte de La Junta en la Región de Aysén. Las consecuencias fueron nefastas: al menos 18 fallecidos y otros 4 desaparecidos (hasta la fecha), además de un 50% del poblado afectado marcaron por varios días la agenda noticiosa. En un principio se pensó que el causante había sido el desborde del río Burritos que corre junto a la villa, debido a los más de 130 mm caídos en las horas previas al desastre, cantidad bastante habitual en una zona donde la pluviometría alcanza más de 2500 mm anuales. Los sobrevuelos revelaron que lo ocurrido superaba lo inicialmente imaginado. Parte importante de una ladera en las nacientes del río, unos 7 km al noroeste, se había desprendido arrasando todo a su paso, incluyendo un buen tramo de la carretera, única vía de comunicación hacia el norte, sepultando todo con varios metros de material.

Aluvión de Villa Santa Lucía al 18 de enero de 2018 – Planet Labs

Con la tragedia aún muy fresca, en plena búsqueda de cuerpos y siguiendo el natural comportamiento humano, pronto el análisis se volcó a tratar de encontrar una respuesta, es decir, algún culpable. Como el lugar del desprendimiento corresponde a parte de un glaciar, la explicación surgió casi en forma automática: el cambio climático. Mientras algunos ganaban minutos en la televisión hablando del tema, desde un inicio ya se conocía otro antecedente, correspondiente a estudios realizados tras la erupción del volcán Chaitén en 2008, cuyo objetivo era encontrar un lugar geológicamente adecuado para los desplazados y eventualmente refundar Chaitén. Santa Lucía era uno de ellos. Aunque los mapas eran preliminares, los detalles revelados en la prensa (no son estudios de acceso directo en línea) indicaban que la villa se encontraba altamente expuesta, sobre todo a los aluviones, ya que se ubica en la confluencia de varios cursos de agua y en las imágenes satelitales es posible ver los depósitos de antiguas inundaciones. Santa Lucía recién se fundó en 1982 como parte de la construcción de la Carretera Austral, por lo que no existen mayores antecedentes previos. ¿Qué tan comunes son estos acontecimientos? ¿Es realmente el actual calentamiento global el responsable?

Los invito a viajar en el tiempo. Lugar: lago Cabrera, al sur del volcán Yates y al norte del Hornopirén. Un lugar idílico rodeado de bosques nativos y montañas. Fecha: 19 de febrero de 1965.  Durante la madrugada, un fuerte estruendo se deja sentir sobre el caserío ubicado en el extremo suroeste del largo y angosto lago. Momentos después una inmensa ola destruiría el pequeño asentamiento, llevando consigo casas, árboles y la vida de 27 personas. Sólo se lograron recuperar los restos de una de ellas.

El origen estuvo en el deslizamiento de una sección importante de la ladera suroeste del volcán Yates. De manera similar a lo sucedido en Santa Lucía, el material de canalizó a través de un angosto valle hasta llegar al extremo norte del lago, desplazando un volumen significativo de agua a través de él. Es decir, causó un tsunami, el que finalmente destruyó al poblado. Modelaciones realizadas considerando el tamaño de la remoción, estimada en unos 10 millones de m3, y la batimetría (profundidades) indican que el agua subió unos 25 m en el lago mismo, con un run-up o altura en la orilla suroeste de más de 50 metros. Una auténtica muralla de agua de la que era muy difícil escapar, aunque sí hubo sobrevivientes.

Esquema de la remoción de 1965 en el lago Cabrera, señalando también el del 2001. Nótese que el nivel del agua se modificó permanentemente – Watt et al (2008)

En el año 2001 un fenómeno parecido ocurrió en el mismo sector, pero afortunadamente sin causar víctimas fatales. Sí se perdieron numerosas cabezas de ganado. El valle por donde han descendido estos flujos lleva el sugerente nombre de “El Derrumbe” y, aunque no lo crean, no se le puso así por los hechos de 1965, sino que ya tenía esa denominación desde antes. Son esos pequeños detalles los que van armando el rompecabezas y que llevan a pensar que no fueron ni la “mala suerte” ni la casualidad los factores concurrentes. La respuesta hay que seguir escudriñándola en el tiempo desde antes, muchísimo antes. Incluso antes de que algún ser humano pisara la zona.

Hace unos 100 mil años se inició la última de las grandes épocas glaciales en el planeta y que se extendió, en algunos lugares más o menos, hasta hace aproximadamente 12 mil años. Este período recibe distintos nombres según el lugar para facilitar las referencias. Particularmente en el sur de Chile se le conoce como Glaciación Llanquihue, debido a que su avance máximo corresponde al margen occidental del lago Llanquihue. Hay que hacer el alcance de que en todos esos milenios se han reconocido varias etapas de avance, la mayoría concentrados alrededor de los 30 mil años AP. Incluso la Cordillera de la Costa tiene evidencia de haber desarrollado glaciares en las más altas cumbres.

Extensión máxima de los hielos en la Glaciación Llanquihue

Podemos imaginar una glaciación como el fenómeno inverso al calentamiento actual (que sí existe): un clima cada vez más frío que facilita la acumulación de nieves y su conversión en hielo y glaciares cada vez más extensos. El hielo es una fuerza imparable, que arrastra todo a su paso como una excavadora. El paisaje se ve severamente modificado, no sólo por este proceso, sino por el inmenso peso de los glaciares, que pueden alcanzar varios kilómetros de espesor. Al subir la temperatura, el hielo se retira y su lugar es ocupado por profundos valles y montañas totalmente esculpidas. Salen a la luz también las morrenas, que son los depósitos dejados por los glaciares tras el acarreo de material. Justamente hacia el oeste de los lagos del sur se ubican las llamadas morrenas frontales: hasta ahí llegó el hielo.

¿Qué tiene que ver esto con el volcán Yates? Como decía, durante la glaciación la geografía cambia completamente y las montañas son modeladas drásticamente. Los volcanes, cuya edad puede ser fácilmente de 200 mil años o más, no están ajenos a ello. La intensa acción glacial dejó en toda la zona laderas muy escarpadas y totalmente expuestas a los factores erosivos, como la lluvia y los sismos, debiendo pasar muchos años antes de que la vegetación consolide los terrenos. En la actualidad, a medida que los hielos en altura retroceden, va quedando más terreno expuesto a la erosión, siendo susceptible a remociones en masa como las que hemos visto.

Por otro lado, los volcanes tienen la “gracia” de renovarse constantemente debido a sus frecuentes erupciones, agregando material que suavice o moldee su fisonomía, pudiendo atenuar los procesos erosivos a largo plazo. El Yates es un volcán de historial poco conocido, pero sin duda sus erupciones son, en general, de baja magnitud y recurrencia, por lo que su estructura se ve más afectada por la erosión que por su propia actividad. De hecho, se estima que su última erupción ocurrió hace ya varios siglos. Al ser una cumbre (en realidad tiene 2) de más de 2100 m de altura, se encuentra cubierto permanentemente de glaciares, que claramente han tenido gran relevancia en su geología actual. Es por eso que sus laderas son tan inestables y propensas a ceder en determinadas circunstancias.

Ladera en que se originó el derrumbe de 1965 – Watt et al (2008)

Otro factor analizado es la influencia de la tectónica local, específicamente la famosa Falla Liquiñe-Ofqui (ZFLO) que lo atraviesa. Como se trata de un sistema de movimiento transcurrente, es decir, los bloques a ambos lados de ella se mueven de manera aproximadamente paralela, se ha pensado en que tuviese el poder de generar fracturas en el edificio volcánico. Sin embargo, aunque suene tentadora la idea, se ha desestimado ya que es un desplazamiento muy lento. Es más razonable pensar en la ZFLO como causante de sismos localmente intensos que desestabilicen alguno de sus flancos.

En el caso de Villa Santa Lucía, imágenes captadas algunos meses antes en el lugar del colapso muestran una geografía muy fracturada, aspecto indicativo de que el fenómeno, si bien se desconoce su recurrencia, no ocurría por primera vez. Hay que imaginar que en algún momento esas rocas estuvieron cubiertas por hielos, de lo que los acantilados que se pueden apreciar en la actualidad son remanentes de la acción de tan colosal fuerza de la naturaleza. Más recientemente, el terremoto Mw 7.6 con epicentro en Chiloé del 25 de diciembre de 2016 pudo haber acelerado el proceso, inestabilizando aún más el material.

Sitio del colapso en las nacientes del río Burritos, Villa Santa Lucía, en abril de 2017. Se aprecia la abrupta morfología del sector – Fernanda Elias

Pero espere, aún hay más. Existen todavía antecedentes adicionales con respecto al Yates, los que se remontan al siglo XIX. Esta vez nos trasladamos al sector norte del volcán, sitio de importantes aluviones en diciembre de 1870 y julio de 1896. Ambos se canalizaron a través de la cuenca del Río Blanco (nombre muy recurrente) que desemboca en el estuario del Reloncaví cruzando el denominado Llano del Yates, un sector casi plano que recibe las descargas aluvionales y/o laháricas del volcán, técnicamente conocido como cono o abanico aluvial, similar a los existentes en Villa Santa Lucía. Los datos muestran que ambos flujos fueron bastante considerables, transportando bloques de 25-30 m3 y hasta 7 metros de diámetro aún visibles en el sector. Además, la inundación habría cubierto hasta casi 20 metros en vertical según los relatos, lamentablemente con pérdida de vidas. Descartada la idea de ser lahares volcánicos, existe un factor casi común en estos fenómenos: la intensa y muy concentrada precipitación en un corto período, factor fundamental al menos para el aluvión de 1896. En cambio, se postula que en 1870 un período de altas temperaturas derritió parte del casquete glaciar, generando el aluvión. Estos datos se los debemos a personajes tan insignes como Francisco Vidal-Gormaz o Hans Steffen quienes realizaron estudios al respecto.

Roca de varios metros transportada unos 12 kilómetros por alguno o ambos aluviones de 1870/1896 – Watt et al (2008)

Como podemos ver, los aluviones, ya sea por lluvias o remociones en masa, no son nada raros en nuestra complicada geografía, y eso que sólo se ha dado un pequeño vistazo a este extenso tema. Conocer nuestro entorno es fundamental para evitar o mitigar los efectos de situaciones similares en el futuro, aprovechando los medios tecnológicos existentes en la actualidad. Hauser (1986) realzaba la importancia de la planificación a la hora de establecer asentamientos humanos. De esta manera, atribuye prácticamente a un golpe de suerte el que Puelo Bajo se encuentre protegido de los acontecimientos del siglo antepasado, suerte que no tuvieron en Villa Santa Lucía. Esta tragedia, junto a la del lago Cabrera, son la evidencia palpable de que es necesario tomar conciencia y pensar mejor las acciones a seguir en el poblamiento de nuestro país.

Portada Revista Flash de Santiago, 26 de febrero de 1965

Y, ¿tenía que ver el calentamiento global? Sí, pero es sólo un pelo de una tupida cola.


Referencias:

S. F. L. Watt, D. M. Pyle,  J. A. Naranjo & T. A. Mather, 2008: “Landslide and tsunami hazard at Yate volcano, Chile as an example of edifice destruction on strike-slip fault zones”, Bulletin Volcanology 71

A. Hauser Y, 1986: “Flujos Aluvionales de 1870 Y 1896 ocurridos en la ladera norte del Volcán Yates X, Región:  Su implicancia en la evaluación de riesgos naturales”, Servicio Nacional de Geología y Minería

Lectura recomendada:

La Tejuela:
Recordando la tragedia del lago Cabrera

 

 

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