Apagado: un volcán muy prendido

Cuando se piensa en volcanes, suele hacerse en grandes montañas que se ven a largas distancias, cubiertas de un impecable manto blanco que refleja los rayos del sol y son motivo de postales turísticas. Algunos pueden no ser tan armónicos, pero siguen imponiendo su presencia. Sin embargo, existen otros que los podemos tener al lado y simplemente no se ven. El caso del Chaitén es icónico en este sentido, pero hoy les escribo de otro tan o más desconocido.

Como adivinarán por el título, me refiero al volcán Apagado. Este cono casi simétrico que alcanza poco más de 1200 msnm se encuentra a unos 57 km al sureste de Puerto Montt, casi al centro de la península de Hualaihué, en la Región de los Lagos, y a menos de 15 km al noroeste de la ciudad de Hornopirén. Posee un cráter levemente ovalado de entre 300 y 500 metros de ancho. También llamado volcán Hualaihué o a veces Hualiaque según la fuente, es considerado parte del Complejo Volcánico Yates, que incluye al macizo del mismo nombre y al Hornopirén, tal como lo hace Sernageomin, aunque son edificios volcánicos bien separados. Esto porque tendrían un reservorio magmático común, pero esa es una historia para otra ocasión. Regresando al Apagado, a pesar de su pequeño tamaño, llama la atención por algunas curiosidades.

Volcán Apagado – Eduardo Córdova

Primero está el nombre. Contrario a lo que pueda parecer, el Apagado no tiene nada de apagado. Estudios han identificado al menos una erupción importante (VEI=5) datada en aproximadamente 2500 años AP, junto a otras 2 más recientes de no despreciable explosividad, por lo que se le considera activo. Recordemos que se define como volcán activo a aquél que presenta manifestaciones de actividad (fumarolas, sismicidad, etc.) o se tiene certeza de alguna erupción en los últimos 10 mil años. El Apagado se ubica en una depresión que se sugiere serían los remanentes de un antiguo volcán colapsado en forma de caldera, en la cual se observan otros conos adicionales. En cuanto a su historial,  presenta un flujo de lava y señales de haber sufrido una explosión lateral.

El otro aspecto llamativo del Apagado es que las investigaciones han arrojado que esa erupción de hace unos 2500 años fue de característica pliniana basáltica. Nuevamente haciendo un breve repaso, la explosividad, y por ende, el estilo eruptivo de un volcán, se rigen en términos generales por la composición de su magma, basada principalmente en el contenido de sílice: mientras más alto más explosivo y viceversa. Así tenemos, de mayor a menor, volcanes riolíticos como el Chaitén, pasando por dacíticos (Caulle), andesíticos (Calbuco) y basálticos (Llaima), entre los más comunes, ya que existen numerosas subclasificaciones. En el último caso las erupciones suelen ser relativamente calmadas (son menos explosivas, pero explosivas al fin y al cabo), con actividad circunscrita al cráter y ríos de lava fluyendo por los flancos, estilo denominado estromboliano por el volcán Stromboli en Italia. Más “tranquilas” aún son las hawaiianas, creo que no es necesario explicar su etimología. En el otro extremo tenemos las erupciones plinianas, con grandes columnas y nubes que parecen hongos atómicos, llamadas así por la descripción de Plinio el Joven de la ultrafamosa erupción del Vesubio en el 79 d.C.

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Izquierda: típica erupción estromboliana. Derecha: grabado de 1822 de la erupción pliniana del Vesubio del 79 – VolcanoCafe/Wikimedia Commons

Hecha la aclaración, si sabemos que un volcán tiene composición basáltica, podemos esperar que sus erupciones no sean mayormente problemáticas, salvo los gases y caída de tefra en las cercanías, como ocurrió en Lonquimay en 1988 con el cono Navidad. Para el Apagado, muestras analizadas arrojan cerca de un 51% de sílice, material típicamente basáltico. Sin embargo, existen ocasiones en que incluso estos volcanes presentan actividad de tipo pliniana. Son casos poco comunes, no especialmente raros, pero no habituales. Entre los ejemplos más destacados están el Etna (Italia) en el año 122 a.C. (BCE en términos científicos) y más recientemente el Keanakakoi (Hawaii) en 1790 y el Tarawera (Nueva Zelanda) en 1886.

¿Qué lleva a un volcán teóricamente más tranquilo a este comportamiento atípico? Los procesos involucrados no están del todo claro y son motivo de permanente estudio. Uno de los factores más lógicos es el de los sistemas hidrotermales. El agua, al entrar en contacto con el muy caliente magma, se expande rápidamente en forma de vapor originando grandes explosiones. Según las evidencias, esta sería la causa principal en el caso del Tarawera, pero no explica lo que ocurre en las erupciones o fases “secas”, es decir, predominantemente magmáticas. En estas situaciones la respuesta parece estar en un tema estructural, más específicamente lo que sucede en el conducto volcánico. Normalmente los magmas más silíceos (también llamados ácidos o félsicos) tienen una mayor dificultad per sé para liberar los gases contenidos en ellos, por lo que al acercarse a la superficie son las diferencias de presión las que permiten su expansión y emisión de manera violenta. En tanto, en los menos silíceos (denominados básicos o máficos) como los puramente basálticos que ahora nos interesan, son expulsados con facilidad, fragmentando el material causando una actividad más calmada. Se postula que para las erupciones plinianas basálticas un conducto o chimenea volcánica que no oponga una resistencia significativa al paso del magma, ya sea por geometría o por una descompresión violenta del sistema interno, hará que este ascienda con facilidad sin dar tiempo a los gases para ser liberados, lo que acontecería sólo al llegar a la superficie como en el caso anterior. ¿Les suena conocido?

Mediante la estratigrafía se ha observado que estas erupciones generalmente siguen ciclos en los que se alternan etapas plinianas con otras más comunes, como las estrombolianas. La razón de ello sería que tras la fase más explosiva el magma tendría tiempo de exsolver (liberar) los gases iniciando una erupción más reposada. Tampoco se tiene mucha claridad respecto a este problema. Algunas hipótesis plantean combinaciones de magmas con distintas velocidades y viscosidades, y con ello cambios en la manera de expulsar los gases. Una de las ideas más aceptadas es la de una forma anular de magma dentro del conducto, que permitiría esta característica dual.

La erupción pliniana basáltica del Apagado está catalogada como freatopliniana, es decir, el agua jugó un rol importante. Su magnitud (basada en la masa eyectada, relativamente homologable al VEI que se basa en el volumen) se calculó en 5.3, bastante explosiva. Se estima originó una columna eruptiva de entre 13 y 24 km de altura, convirtiéndola en la mayor erupción conocida de la zona entre el Calbuco y el Chaitén. Estos antecedentes ponen en relieve el enorme potencial volcánico del sector, representando un peligro para las poblaciones cercanas, especialmente Hornopirén por su proximidad y encontrarse “viento abajo”, siendo la caída de tefra (cenizas y lapilli) la principal amenaza, además de lahares secundarios, es decir, desborde de ríos debido a la acumulación de material.

Parte del mapa de peligro del Apagado, más detalles en las referencias – Sernageomin

A pesar de todo lo que les he contado, nada asegura que el Apagado vuelva a despertar ni que sea de manera tan violenta. Puede que su fuente de material se haya agotado o que por el contrario se vaya construyendo un cono más grande con el correr de los siglos. También es posible que una futura erupción ocurra cerca, formando otro cono parecido, y así podemos seguir especulando. El sólo hecho de que haya erupcionado en el pasado lo hace candidato para el futuro. Mientras siga tomando una siesta, aprovechen de visitarlo si pueden, particularmente aquellos que gozan del trekking o de la naturaleza.


Referencias:

M. Mella, 2013: Mapa Preliminar de Peligros del Volcán Apagado, Región de los Lagos. Programa de Riesgo Volcánico de Sernageomin. (Pueden descargarlo acá)

M. Mella B, 2013: “Apagado Volcano Scoria Cone (Southern Andes, 42°S): A Basaltic Plinian Eruption at 2,480 y.B.P.”, Bollettino di Geofisica teorica ed applicata v. 54 supplement 2, International Geological Congress on the Southern Hemisphere – Scientific Contributions of the GeoSur 2013

B.F. Houghton, C.J.N. Wilson, P. Del Carlo, M. Coltelli, J.E. Sable, R. Carey, 2004: “The influence of conduit processes on changes in style of basaltic Plinian eruptions: Tarawera 1886 and Etna 122 BC”, Journal of Volcanology and Geothermal Research 137

E.A. Parfitt, 2004: “A discussion of the mechanisms of explosive basaltic eruptions”, Journal of Volcanology and Geothermal Research 134

M. Coltelli, P. Del Carlo, L. Vezzoli, 1998: “Discovery of a Plinian basaltic eruption of Roman age at Etna volcano, Italy”, Geology v. 26

G.P.L. Walker, S. Self, L. Wilson, 1984: “Tarawera 1886, New Zealand – A Basaltic Plinian Fissure Eruption”, Journal of Volcanology and Geothermal Research 21

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