Un “nuevo” domo en el volcán Chaitén

Llevaba ya un buen tiempo sin referirme a este pequeño, pero escandaloso vecino de la provincia de Palena. Repasemos un poco: un enjambre sísmico a fines de abril de 2008, una violenta erupción confundida con la de otro volcán y la posterior destrucción de parte importante de la ciudad de Chaitén, con todo el impacto social y el debate sobre la reconstrucción de ella. El tiempo no ha pasado en vano y los volcanólogos lo saben, por ello han aprovechado de estudiar cuanto pueden de su furioso vecino. Mucho se ha aprendido, pero las sorpresas nunca terminan.

Las recapitulaciones están de moda. Así parece comprobarlo un estudio publicado en mayo, cuyo autor principal es Brent Alloway, científico de la Universidad de Auckland, Nueva Zelanda. En él, se recogen los resultados de los diversos trabajos publicados previamente, ya que permite correlacionarlos con los obtenidos en la actual investigación. Es aquí donde el texto golpea de entrada con la finalidad de soslayar un problema que se venía arrastrando durante todos estos años y que, de seguro, más de algún dolor de cabeza debe haber provocado.

Sucede que, si la memoria no les falla, siempre se dijo que el Chaitén había despertado tras 9000 años de calma. Este mito, todavía muy extendido, se originó debido a que la única referencia concreta de su actividad pasada era un estudio del año 2004 que identificó una gran erupción ocurrida en ese tiempo. Así, la tefra (depósito de material volcánico) asociada fue denominada técnicamente como Cha-1. Los nuevos estudios agregaron más datos, surgiendo Cha-2, Cha-3, etc. de mayor a menor antigüedad. ¿Y qué pasa si se encuentra otra entremedio o incluso anterior a Cha-1? ¿Cha-0? ¿Cha (-1)? Para evitar más complicaciones, Alloway propone (de hecho, instala) una forma más adecuada: nombrarlas por el lugar en que fueron estudiadas. De esta manera, Cha-1 se transforma en la Tefra Chana (un lugar cerca de Chaitén) o Cor-1, tefra también mencionada en 2004 y vinculada con el Corcovado, cambia su nombre a Lepué, por un lago de Chiloé, y se reasigna al volcán Michinmahuida. Mucho más cómodo y manejable, al menos en este caso. Los detalles de los depósitos que mencioné están en un trabajo del propio Alloway que aún no se ha publicado.

Tefra Cha-1 (ahora Chana) correspondiente a una gran erupción hace más de 9 mil años – Naranjo y Stern (2004)

La zona es conocida por su abundantes precipitaciones, por lo que siempre se corre el riesgo de una erosión que destruya la evidencia. Afortunadamente, dentro de todo, los depósitos se han preservado bastante bien en numerosos puntos, aflorando en cortes realizados al momento de construir los caminos, siendo la manera principal de obtener la información. Otra fuente muy valiosa y que ha ganado fuerza últimamente, son los depósitos en fondos de lagos y que permiten acceder a datos más detallados de actividad reciente. Esta vía de estudio, como hemos visto en otros artículos, es también utilizada con gran éxito en la datación de tsunamis.

En lo concreto, este trabajo presenta la existencia de 20 tefras de material riolítico, es decir, con alto contenido de sílice (muy explosivo), con al menos 10 cuya extensión y depositación es comparable y/o superior a la erupción del Chaitén de 2008, concluyendo razonablemente que este volcán ha producido eventos aún mayores con una frecuencia más alta de lo previamente conocido. Un ejemplo es la Tefra Chana (ex Cha-1) de la que se han encontrado rastros tan al norte como en el lago Puyehue. Sin embargo, no todas las tefras provienen de la misma fuente. La nombrada Tefra Lepué (ex Cor-1) corresponde a una erupción bastante importante del Michinmahuida ocurrida no mucho antes de “Chana”, también en una amplia área de la región, incluyendo lagos en la isla de Chiloé. Además, algunas otras no pudieron ser correlacionadas con algún centro volcánico en particular, en parte por discrepancias en sus características geoquímicas. El historial del Chaitén se amplía hasta los 18 mil años AP, prácticamente duplicando el intervalo de tiempo considerado hasta ahora. Esto da un promedio de 1 erupción cada 900 años, pero se sabe que en realidad es de unos 200 a 300 años. Esto se debe a que a mayor edad se tienden a conservar mejor los eventos mayores en terreno. No se tiene conocimiento de actividad previa debido a la actividad de los hielos en la última glaciación.

Resumen tefrocronológico de los últimos 18 mil años – Alloway et al (2017)

Uno de los aspectos que llama la atención es la presencia de una capa de lava y lapilli de alrededor de 5 mil años de antigüedad, que fue asociada a un cono monogenético ubicado en la orilla oeste del valle del río Michinmahuida, en el borde de un elevado macizo rocoso, perfectamente visible desde el camino existente en el lugar. Su cráter se encuentra en la actualidad ocupado por un lago del que, como precisan los autores, se desconoce su profundidad. Otra característica curiosa es que se emplaza a unos 12-15 km al sur del edificio principal del Michinmahuida, extendiendo su potencial rango de acción. Es por ello que se le menciona en ocasiones como el Complejo Volcánico Michinmahuida.

Cono monogenético perteneciente al CV Michinmahuida – Google Earth

Ya que hablamos de cosas novedosas, sin duda que lo siguiente va a captar su atención. Si se fijan bien en la imagen que resume la actividad volcánica, verán una tefra llamada provisoriamente Yelcho, de la que hay dudas acerca de su origen, la cual ha sido asociada al volcán Chaitén, pero con una diferencia. Se trata, nada más ni nada menos, que de un “domo satélite” reconocido mediante sobrevuelos, que se ubica a casi 4 km al suroeste del centro del domo principal que originó la erupción en 2008. Un hallazgo increíble del que no se sabía previamente, o eso parece. Si han seguido fielmente este blog, recordarán un artículo del 2015 en el que les contaba la historia de cómo había sido descubierto el volcán Chaitén a fines de la década de 1980, relatado por el fallecido volcanólogo Óscar González-Ferrán. En él se hacía referencia a una estructura que fue bautizada con el nombre de “Mini Chaitén”, apareciendo incluso un mapa con su ubicación, que era aún más llamativa, por lo que expresé ciertas dudas sobre esa localización. Por eso las comillas en el título, puesto que este domo ya había sido observado y reconocido hace casi 30 años. Es razonable pensar que el autor principal del nuevo estudio simplemente desconocía estos datos, ya que como dijo en una entrevista sólo está en Chile algunos meses al año realizando investigaciones.

Independientemente de lo anterior, siempre se agradece el aportar más detalles que incrementen el conocimiento. El nombrado formalmente “domo subsidiario del volcán Chaitén” se encuentra ubicado en la cabecera de un valle fluvial, a menos de 8 km en línea recta de la ciudad de Chaitén y posee un diámetro aproximado de 370 m, alrededor de 1/10 del domo principal que mide algo más de 3 km y que rellenó casi por completo la caldera. De él se desprenden coladas de lava calculada en casi 1.5 km que emergen de al menos 2 centros de emisión. Lo de “Mini Chaitén” no le queda nada de mal.

Imagen aérea del domo subsidiario o “Mini Chaitén” donde se aprecia cubierto de vegetación – Alloway et al (2017)

Los intentos por llegar a él fueron totalmente infructuosos dado su complicado emplazamiento: laderas muy escarpadas con grandes cascadas y la nula posibilidad de aterrizar en helicóptero impidieron tomar muestras directas del material del domo, por lo que sólo se pudieron extraer las que arrastraba el río. Los resultados arrojaron una relativa similitud geoquímica con la de la tefra Yelcho, proveniente de las cercanías del cono al sur del Michinmahuida. Su composición es algo menos silícea que la del Chaitén mismo, pero claramente sin pruebas sacadas in situ del domo parásito no es posible tener una conclusión definitiva.

Ubicación del domo secundario respecto a la caldera principal. En rojo se delinean los flujos de lava – Alloway et al (2017)

¿Cuándo hizo erupción? Suele pasar que en estas situaciones la actividad se remonte miles de años atrás. Este no es el caso. La tefra Yelcho es algo más reciente que otra llamada Vilcún, datada en 850 años AP, por lo que el domo sería muy joven, geológicamente hablando. Su cercanía, alta explosividad e influencia sobre un cauce tributario redibujan el ya elevado riesgo al que se expone la golpeada ciudad, obligando a reformular los mapas de peligro elaborados. Por otra parte, al existir dudas sobre la estructura magmática del volcán (que ya podríamos designar como complejo), no es descartable que hasta pueda contar con un reservorio de magma independiente, capaz de generar erupciones que no sigan la frecuencia temporal conocida. Por ahora son sólo especulaciones. El “Mini Chaitén” es el nuevo objetivo a conquistar.


Referencias:

B. Alloway, N. Pearce, P. Moreno, G. Villarosa, I. Jara , R. De Pol-Holz y V. Outes, 2017: “An 18,000 year-long eruptive record from Volcán Chaitén, northwestern Patagonia – Paleoenvironmental and hazard-assessment implications”, Quaternary Science Reviews

J. A. Naranjo y C. Stern, 2004: “Holocene tephrochronology of the southernmost part (42°30′-45°S) of the Andean Southern Volcanic Zone”, Revista Geologica de Chile

 

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