A 10 años del terremoto y tsunami de Aysén

Los eventos acaecidos el año 2007 en la Región de Aysén fueron un duro recordatorio de la fuerza de la naturaleza y enfrentó a sus habitantes a un complicado momento que, sin dudas, marcó un antes y un después en el historial de catástrofes de Chile. En este artículo haré un recuento de los sucesos ocurridos hace ya una década y las  implicancias que tuvo en la forma de enfrentar futuras emergencias.

Todo comienza el 23 de enero del 2007, cuando a las 17:40 local  (20:40 UTC) un sismo de magnitud 5.2 con epicentro a 72 km al oeste de Coyhaique, capital regional, sacude la zona, alcanzando una intensidad Mercalli de VI en las ciudades cercanas. A partir de entonces, una serie de temblores comenzaría a registrarse en el sector siendo ampliamente percibidos por la población, con una frecuencia prácticamente diaria.

Lo que en un inicio parecía una secuencia de réplicas, derivó en un enjambre sísmico que comenzó a inquietar a la gente. Sin mayor información debido a la nula cobertura sismológica de la región, las miradas se dirigieron a un viejo conocido: el volcán Hudson, cuya erupción de 1991 permanecía fresca en el recuerdo de los habitantes por su severo impacto. Pronto las autoridades descartaron dicha situación, a pesar de que algunos aseguraban sentir un olor a azufre en los alrededores.

Un equipo de expertos viajó a la zona para instalar instrumental especial para monitorear el fenómeno. Consistía principalmente en sismómetros ubicados tanto en la ribera norte como sur del Fiordo, a lo que se sumarían posteriormente algunos GPS para poder detectar deformaciones.  Un informe publicado a inicios de marzo con los datos recabados hasta esa fecha daba cuenta de casi 200 sismos diarios a fines de enero, pero que decrecían a menos de 100 durante febrero y disminuían aún más, sin superar los 50 en la primera quincena de marzo.

Gráfica de sismicidad por día entre el 23 de enero y el 8 de marzo – Barrientos (2007)

Los mayores eventos registrados correspondían al 23 de enero (M 5.2); 28 de enero (M 4.4); 31 de enero (M 4.8); 3 de febrero (M 5.1) y 23 de febrero (M 5.6), todos sensibles por la población. Además de la baja en cantidad, se advertía también que los sismos disminuían su profundidad conforme transcurría el tiempo y adicionalmente existía una dispersión en los epicentros, es decir, comenzaban a ocurrir en una mayor área. En base a lo observado se dieron a conocer los siguientes posibles escenarios:

1) Continuación de la sismicidad, decayendo progresivamente sin la ocurrencia de fenómenos sísmicos mayores.

2) Una evacuación de fluido magmático bajo o en cercanías del Fiordo. En otras palabras, una erupción muy probablemente submarina. Esto no era descabellado, puesto que junto a las características del fenómeno ya mencionadas, existen conos piroclásticos en la zona. De concretarse esta situación se convertiría en un novedoso proceso de innegable interés científico.

Epicentros sismos Enero-Febrero. Notar que la profundidad va disminuyendo – Barrientos (2007)

Uno de los temas que preocupaba a la población era que, de haber un fuerte terremoto, podría haber un tsunami, dado que la gente siempre ha asociado los sismos importantes con olas gigantes. A pesar de que en los reportes había constancia de pequeños deslizamientos que generaban olas de hasta 80 cm, el mensaje oficial siempre fue de tranquilidad. Carlos Aranda, Director del Departamento de Sismología de la Universidad de Chile (ojo a este nombre), era uno de los más enfáticos en señalar que “aquí no ha habido ni habrá un gran terremoto”, descartando tajantemente la posibilidad de tsunami. Más aún, la Onemi repartió un folleto en que se reforzaba esta idea.

Carlos Aranda declarando a los medios que no habría tsunami – YouTube

Y así llegamos al 21 de abril de 2007, sin mayores cambios en la situación. A las 13:53 hora local, un fuerte sismo de Mw 6.2 remeció gran parte de la región, especialmente los alrededores del Fiordo Aysén. La ciudad de Puerto Aysén y la localidad de Puerto Chacabuco vieron cómo el pavimento de las calles se agrietaba, mientras parte de los cerros se derrumbaban arrastrando enormes rocas que caían cerca de las casas. Sin embargo, lo peor ocurriría a unos cuantos kilómetros al oeste. Allí, grandes deslizamientos de las laderas (remociones en masa) del fiordo provocaron olas de entre 5 y 10 metros que azotaron las costas en las inmediaciones. El saldo fue trágico: 7 personas desaparecidas y 3 encontradas muertas, sin mencionar los daños a las instalaciones salmoneras.

Una de las imágenes más recordadas de aquella vez es la del puente Ibáñez de Puerto Aysén cimbrándose durante el movimiento telúrico, captado por José Bustos, magistrado de Puerto Montt, quien se encontraba por esos días en el lugar. En el registro también es posible apreciar una serie de derrumbes en los cerros circundantes.

Posteriormente los sismos continuaron, totalizando unos 7000 desde enero a mayo, aunque esta vez sí fueron aminorando progresivamente, sin repetirse eventos como el del 21 de abril. Estudios realizados en los años siguientes revelaron un complejo proceso tecto-magmático, controlado fundamentalmente por la Falla Liquiñe-Ofqui que atraviesa buena parte del sur de Chile. Los sismos se habrían originado por movimientos magmáticos en profundidad combinados con la tectónica asociada a la falla.

remociones

Mapa con la ubicación de las diversas remociones y tsunamis del 21 de abril – Naranjo et al (2009)

Lo curioso es que toda esta cadena de sucesos no es nueva en la región. El 21 de noviembre de 1927, se produjo un importante sismo de magnitud cercana a 7, cuya ubicación se estimó en la zona del canal Moraleda, más al norte del Fiordo Aysén, que tuvo las mismas consecuencias: importantes desprendimientos de material y tsunamis a través de los canales. Con estos antecedentes, el riesgo sísmico de la región cambia totalmente, pasando del enfoque clásico de terremoto-tsunami como en el resto del país, al de terremoto-remociones-tsunamis, una situación muy propia de una geografía desmembrada con cerros casi verticales de alta inestabilidad.

Secuencia de una remoción en masa causada por el sismo del 21 de abril – Naranjo et al (2009)

El terremoto y tsunami del 2007 no sólo trajo efectos geológicos, sino político-sociales. Reflotó la postergación de la zona por parte de las autoridades centrales, dejando la sensación de que no se le prestó la debida importancia al asunto, agravado por las muertes ocurridas. Por otro lado, permitió ver la fragilidad de la institucionalidad de emergencias, particularmente la Onemi, marcando el punto de partida de una lenta actualización del organismo, que debió enfrentar, 3 años más tarde, la catástrofe del 27 de febrero de 2010, hito clave en la modernización no sólo de Onemi, sino del ex Servicio Sismológico, actual Centro Sismológico Nacional. Esa noche, mientras las autoridades esperaban información técnica sobre el terremoto, llegó un experto a confirmarles que “no debiera ocurrir un tsunami”, a pesar de la magnitud del sismo.

Adivinen quién era el experto. Sí, el mismo, Carlos Aranda.

Carlos Aranda el 27 de febrero de 2010 – Radio Bío-Bío

Evidentemente no se puede individualizar en una sóla persona la responsabilidad de lo sucedido. Aquí hubo una larga cadena de errores que dejó al descubierto la falta de preparación e información frente a estos eventos. Lo peor es que, pasados varios años, no parece haberse aprendido mucho. El proyecto Río Cuervo, una central hidroeléctrica por inundación en el lago Yulton, al norte del Fiordo, se encuentra en etapas críticas para su eventual aprobación. El problema surge cuando inicialmente se señala el riesgo por la actividad volcánica (Macá-Cay), pero luego, en otro informe, se niega tal información. Súmenle actividad sísmica que pueda causar tsunamis en el embalse. El río Cuervo desemboca en el Fiordo Aysén, por lo que una falla significativa en la represa podría originar una catástrofe de inimaginables consecuencias.


Referencias:

J. A. Naranjo, M. Arenas, J. Clavero y Ó. Muñoz, 2009: “Mass movement-induced tsunamis: main effects during the Patagonian Fjordland seismic crisis in Aisén (45º25’S), Chile”, Andean Geology

S. A. Sepúlveda y A. Serey, 2009: “Tsunamigenic, earthquake-triggered rock slope failures during the April 21, 2007 Aisén earthquake, southern Chile (45.5°S)”, Andean Geology

Sergio Barrientos, 2007: “Informe del Servicio Sismológico sobre actividades realizadas entre 3 – 8 Marzo 2007 y Evolución de la Sismicidad”

Enlaces útiles:

Daniel Figueroa:
Momento del tsunami captado por un equipo de TVN
Reportaje sobre la Onemi y el terremoto de Aysén

Roberto Bustamante:
Consecuencias terremoto 21 de abril

Preci8u:
Fiordo Aysén después del terremoto

Stepswater:
Animación tsunami Aysén

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