El verdadero fantasma de Puerto Montt

La situación no escapa de la cotidianeidad. Una persona transmitiendo vía redes sociales un operativo policial en un barrio de Alerce, en las cercanías de Puerto Montt. Algún asalto, pelea familiar, procedimiento antidroga, en fin, lo usual en cualquier ciudad. Pero no, se explica que el llamado es por supuestos “fenómenos paranormales” dentro de una vivienda, sin mayores antecedentes. En cierto instante aparece la figura de un carabinero siendo entrevistado, quien confirma el motivo de su presencia, agregando un detalle tan insólito como inesperado: le había pedido al demonio que se fuera, pero no hizo caso, tras lo cual aseguraba, al irse retirando del lugar, que se le había arrojado un cuchillo (por una fuerza del más allá), que gracias a su chaleco antibalas no causó problemas mayores.

Este simple relato fue viralizado poderosamente a través de las redes sociales, siendo objetivo de los infaltables “memes” mostrando carabineros con trajes de cazafantasmas o llevándose detenido un espectro, junto a imágenes de la casa con fantasmas graciosos asomándose. Hasta ahí todo dentro de los cánones de la web. Sin embargo, el asunto tuvo tanto eco que pronto llegó a los medios de difusión nacional e incluso internacional, haciéndose conocido como la “casa embrujada” de Puerto Montt. Nuevos videos en que se veían supuestas manifestaciones en la casa aparecieron circulando, en los que muebles caían y ventanas se rompían, mientras algo así como un pastor religioso gritaba incoherentemente por todos lados.

Obviamente no podían faltar los testigos, que acreditaban haberlo visto todo, pero al final no habían visto nada. Aparte del policía, estaba el subdirector de la Dideco (Dir. de Desarrollo Comunitario) de Puerto Montt, Arturo Sánchez, quien juraba y rejuraba haber presenciado “hechos paranormales”, los que constituían básicamente en arrojar un cuantohay de objetos e iniciar misteriosos incendios en los muebles, de los cuales casi ninguno quedaba intacto. Pablo Barría, corresponsal de Canal 5 (local) y Radio Cooperativa (nacional), quien había entrevistado al carabinero al inicio, también apoyaba los relatos incluso con un video en el que aparecían botados un encendedor, un cepillo de dientes y un fierro que, según decían, momentos antes estaba fuera de la casa. Al día siguiente de comenzado los hechos, el 27 de febrero, llegó al lugar, ya rodeado de entre 1000 y 2000 personas, la producción del programa “Mucho Gusto” de Mega, con la “vidente” Vanesa Daroch, a investigar lo sucedido. La mañana del día 28 hicieron un despacho que comenzaría a cambiar la historia.

En dicha transmisión se mostraba cómo eran lanzados diversos objetos, como espátulas, un control remoto y hasta un enchufe triple, momentos en que siempre aparecía un joven con un gorro recogiéndolos con una amplia sonrisa. Bien valiente el muchacho para haber sido víctima por varias semanas de estos hechos. El detalle es que todo ocurría tras la cámara, nunca de frente y casualmente donde se encontraba el joven, nieto de la dueña de casa. Los televidentes se dieron cuenta y comentaron a raudales en las redes. Incluso, en cierto momento, es posible ver a un miembro del programa dándole codazos a esta persona como señal de que preparara el engaño.

Después de aquello, las evidencias del fraude se multiplicaron. Análisis a los videos revelaban movimientos extraños de las personas justo antes de los “fenómenos”, como cargarse contra un mueble para botarlo, tener siempre pequeños extintores cerca de los lugares donde curiosamente se encendía fuego, manos que arrojaban los objetos, en fin, una serie de cosas absurdas que en varias ocasiones eran vistas, pero no denunciadas, como en la grabación de radio Cooperativa. Finalmente el día 2 de marzo el canal Mega se echaba hacia atrás desmintiendo todo e insinuando un montaje (como si no lo huiésemos sabido). A esta altura la municipalidad ya había otorgado ayuda a la familia, albergándola en una sede social e incluso un concejal planteaba el darles un subsidio de arriendo por 200 mil pesos.  Las dudas crecen: ¿A quién creerle? ¿Eran parte del montaje o cayeron en las garras de la mentira? ¿Por qué una familia querría hacer esto?

Alerce era una comunidad rural ubicada exactamente a medio camino entre las ciudades de Puerto Varas y Puerto Montt. Su estación ferroviaria era una de las últimas paradas antes de llegar a orillas del Seno de Reloncaví. Era, porque a fines de la década de 1990 e inicios de la del 2000 se decidió, bajo la intendencia de Rabindranath Quinteros y ante el explosivo crecimiento demográfico de Pto. Montt por la industria salmonera, construir en dicho lugar las soluciones habitacionales estatales, con el fin de generar una auténtica “ciudad satélite” que acogiera a los recién llegados. Pasaron los años y Alerce fue aumentando rápidamente de población, pero sin ninguna planificación. Más y más casas apiñadas hicieron que la localidad traspasara sus márgenes originales, transformándose en una ciudad bicomunal. Un plebiscito realizado hace algunos años decidió que pasara a ser parte de Puerto Montt.

Más de 15 años después de iniciado, mucha gente vive en Alerce. Muchísima. Se estima que en la actualidad son 60-70 mil habitantes, que con el tiempo convirtió a Alerce en una especie de gueto de Puerto Montt: mala locomoción, escasos servicios públicos y diversos problemas de seguridad derivados del excesivo aglutinamiento de población sin ningún ordenamiento territorial. Es feo decirlo, pero es la sensación que hay: Alerce es casi como un “cacho” administrativo, un receptorio de gente que llega a Puerto Montt, desde personas que buscan trabajo hasta desplazados del volcán Chaitén. Sólo en los últimos años se ha trabajado más en revertir la situación, lográndose la instalación de una sucursal bancaria, la construcción de un nuevo centro de salud y el mejoramiento de la conectividad. Cuando ocurrió la erupción del Calbuco en 2015, hubo gente que demoró casi 3 horas en recorrer los 10 km que separan a la capital regional con Alerce, fruto también de la nula existencia de medidas ante ese tipo de eventualidades.

Visto así, Alerce es un lugar al que creo pocos les gustaría irse a vivir, salvo por necesidad o falta de alternativas y conozco casos de gente que ha vivido, se fue y no volvería nunca. En ese contexto, ¿qué pudo llevar a la familia de la “casa embrujada” a obtener ayuda fácil? Con los días parece haber una disputa familiar por la vivienda, pero lo cierto que que pudo suceder en cualquier parte. No es la primera ni la última. Se ha hablado de desvío mediático, pero para ello prefiero soltar al Chupacabras en Pudahuel o sacar a los duendes de Peñalolén, en Santiago, no 1000 kms al sur. Cada cual recurrirá a un método para el engaño: mientras unos inventan fantasmas, otros emitirán boletas truchas o se llevarán los ahorros de los ingenuos que los seguían. En este caso se empezó por las patas: se creyó a rajatabla primero y se investigó después, con las nefastas consecuencias ya conocidas, porque se han visto involucrados recursos fiscales y privados, como la ayuda municipal y los víveres entregados por personas que hasta hicieron pequeñas campañas. Nadie puso atención al contexto, la que tal vez no explica los hechos, pero es siempre caldo de cultivo para ellos. Casi como una cruel broma del destino, la casa se ubica en la intersección de las calles Fé y Esperanza.

El verdadero fantasma de Puerto Montt es ése ubicado a 10 km, el que nadie ve y pocos escuchan, que cuando hace ruido asusta y del cual todos quieren escapar.

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