El último vuelo de Julio Kompatzki

El reciente hallazgo en Argentina de un avión extraviado en Chile en 1997 trae, una vez más, el asunto de los accidentes aéreos en la zona sur-austral a lo largo del tiempo, algo que puede dar para otro artículo. La mayoría de ellos han terminado en tragedias, otros salvaron milagrosamente, pero existen casos en los que jamás se volvió a saber nada de sus ocupantes ni de la aeronave.

Uno de ellos se vivió hace casi 50 años en la isla de Chiloé, Región de los Lagos. Su protagonista es un conocido empresario de la ciudad de Ancud, del cual supe a través de un cercano que lo conoció personalmente y cuyo desenlace siempre me quedó grabado en la mente. La siguiente es una recopilación realizada con extractos de las escasas fuentes disponibles acerca de ese hecho que áun se mantiene sin respuesta.

Los registros dan cuenta de que el 26 de febrero de 1970, una avioneta Cessna 172, piloteada por el joven Francisco Díaz Oyarzo, de 25 años -quien iba acompañado del entonces reconocido empresario ancuditano Julio Kompatzki Hörneckel (48) y del estudiante de medicina de la Universidad de Concepción, Luis Guerrero Moena (21)-, desapareció en medio de unas tenues nubes, mientras sobrevolaba la conocida Huella de Abtao, en las inmediaciones del gigantesco y frondoso Parque Nacional Chiloé.

Julio Kompatzki Hörnickel, presidente Club Aéreo y Rotary Club de Ancud - LUN (cedida)

Julio Kompatzki Hörnickel, presidente Club Aéreo y Rotary Club de Ancud – LUN (cedida)

Durante aquella jornada, el piloto civil Francisco Díaz tenía por misión llevar al empresario Julio Kompatzki a dejar pertrechos a una delegación de diez estudiantes universitarios que se encontraba de travesía hacia la playa de Cucao, en las proximidades del Parque Nacional Chiloé. En el grupo se encontraba el hijo del empresario, Hernán Kompatzki Moreno, quien aún recuerda el momento en que vio por última vez sobrevolar la avioneta en la que iba su padre. La nave, que emprendió el vuelo desde el aeródromo de Castro con destino al sector de San Pedro, el corazón del área protegida, se “evaporó” sin dejar señales ni pistas, tal como si hubiese surcado el mítico “Triángulo de las Bermudas”.

“Pasado el mediodía divisamos la nave que se aproximó adonde estábamos todos… Luego volvió a empinarse y siguió su vuelo hasta perderse en medio de las nubes”, recuerda, algo emocionado, el menor de los Kompatzki. El hijo del malogrado empresario sostuvo que la ayuda no tardó una vez que se dio la alerta de la tragedia. Un masivo despliegue se activó para iniciar la búsqueda al interior del parque. Patrullas terrestres integradas por vecinos y lugareños del sector, amigos de la familia Kompatzki y unos quince pilotos de toda la región, iniciaron la afligida búsqueda.

“Se organizaron decenas de patrullas por todos los sectores accesibles al parque. Buscamos desde el aire, en el mar y en tierra. Nos adentramos al corazón de la reserva natural, pero lamentablemente no hallamos nada, ningún indicio, pistas, ni rastros del avión”, recuerda Julio Kompatzki, el mayor de los hermanos, quien -por esas cosas del destino- fue “bajado” a última hora del vuelo, ya que su padre determinó cederle su puesto al estudiante universitario Luis Guerrero.

Cessna 172k Skyhawk de fines de la década del 60, probablemente muy similar al extraviado - Airplane Photo/Pinterest

Cessna 172k Skyhawk de fines de la década del 60, probablemente muy similar al extraviado – Airplane Photo/Pinterest

A más de cuarenta años de la tragedia, el ciclo no se ha cerrado para los familiares de los tripulantes, quienes aún mantienen vivas las esperanzas de hallar los restos de la nave y de sus malogrados ocupantes. El enquistado deseo de dar con alguna pista ha llevado a que la familia del empresario planifique cada verano un operativo de búsqueda en la zona. Con avisos en las radios locales invitaban a los pobladores y amigos a sumarse a estas expediciones que tenían por finalidad recorrer los senderos y las áreas de difícil acceso.

A pesar de la seguidilla de infortunios, los amigos y miembros de la familia Kompatzki jamás se han rendido y, cada verano, organizan exhaustivas expediciones al interior del Parque Nacional Chiloé, con la esperanza de encontrar algún indicio que les ayude a armar el puzzle en torno a lo que ocurrió ese día. “Cuando la salud y los recursos económicos lo permiten, formamos patrullas y nos vamos en busca del esquivo avión”, sostiene el hijo del empresario. Julio Kompatzki Moreno cuenta que uno de los últimos datos que recibieron provino, hace unos tres años (2009), de un pescador que aseguró que en la isla Metalqui había divisado un artefacto que brillaba en la ladera de un cerro. De inmediato -cuenta- se activó un operativo de búsqueda en una lancha que zarpó del sector de Duatao rumbo a Metalqui, en busca de tan esperada pista. Desafortunadamente, cuando llegaron al sector no encontraron ningún rastro del supuesto artefacto, desvaneciendo una vez más toda esperanza.

Medardo Urbina, médico de profesión y uno de los expedicionarios de la triste travesía de 1970, se inspiró en este episodio para escribir un libro que narra esta tragedia y algunas peripecias que se vivieron para dar con la tripulación del Cessna 172. El profesional plasmó su experiencia junto a un amplio abanico de historias de compañeros de búsqueda en su libro “La huella del Abtao”, que narra la enigmática desaparición del avión y los posteriores años de infructuoso rastreo. El angosto sendero del Abtao, como él mismo señala, “permite comunicar el interior de Chiloé con la costa del Océano Pacífico, atravesando un territorio prístino que pertenece hoy al Parque Nacional Chiloé y está tan lleno de historias y aventuras de sobrevivencia que constituye por sí mismo un poderoso atractivo para los amantes de la naturaleza”.

Zona de búsqueda del cessna 172 - Google Earth

Zona de búsqueda del cessna 172 – Google Earth

Transcurridos más de 30 años desde la fecha del accidente, el doctor Urbina decidió estudiar a fondo las imágenes aerofotogramétricas que poseía el Instituto Geográfico Militar de esa región de Chiloé, búsqueda que comenzó a desarrollar con la ayuda del señor Claudio Monsalves.

En 2001 el médico volvió a realizar una excursión recorriendo la Huella del Abtao junto a su hijo. Siguieron el sendero hasta la desembocadura del río, con el claro objetivo de encontrar rastros del avión extraviado. A pesar de no haber tenido resultados en la búsqueda, este viaje se transformó en el punto de inicio del relato que el médico entrega en su novela, en la cual va dando paso a recuerdos de expediciones anteriores y numerosas historias de cuatreros, accidentes y extravíos en las sinuosas montañas que han atrapado a algunos para siempre, mientras otros, como él, han sobrevivido para contar su experiencia.

Kompatzki Moreno, junto con valorar el trabajo de Urbina, pone hincapié en lo dolorosas que se han tornado para toda su familia las labores de rastreo, en la incansable lucha por encontrar algún vestigio de aquel fatídico vuelo. “Yo y mi familia no tenemos certeza de nada, no hay prueba de nada… Lo único claro es que el avión desapareció. Por eso no bajamos los brazos y sigo confiando que algún día vamos a encontrar alguna señal que nos permita cerrar este doloroso y, hasta ahora, perpetuo capítulo”, concluye, emocionado.

Sobre el avión, si asumimos que se estrelló en tierra, perfectamente pudo haber caído en el denso bosque de la zona sin que haya sido avistado, siendo muy difícil su localización, más aún considerando la tecnología de la época. Según Urbina, el lugar del impacto sería el sector comprendido entre Pid-Pid y la desembocadura del río Abtao, pasando por la altiplanicie de Campaña y la vertiente occidental de la Cordillera de Piuchué. En el año 2012 una aeronave Piper Navajo se accidentó al sur de Quellón en una zona de difícil acceso, quedando totalmente destruido. Si un destino similar tuvo el Cessna de 1970, sus restos podrían estar cubiertos ya de espesa vegetación, tal vez invisibles a las fotografías más detalladas. Si terminó en el mar, estamos hablando de otra cosa, pero de acuerdo a los relatos, creo que es viable la primera opción. No he leído el libro por lo que desconozco más detalles que los descritos. Sería interesante si algún día existiese la posibilidad de organizar una búsqueda más sofisticada que de más luces sobre lo ocurrido.

Enlaces:

Soy Chiloé, 8 mayo 2012: Familia lleva 42 años buscando un avión extraviado en Parque Nacional Chiloé

Las Últimas Noticias, 30 mayo 2012: Familia lleva 42 años buscando avión que capotó

Editorial Okeldán: “La Huella del Abtao”

SavalNet: Doctor Medardo Urbina lanzará libro en Biblioteca Nacional

 

Material extra:

Fragmentos del documental “La Huella del Abtao”,  con la participación de don Medardo Urbina:

Youtube  Dailymotion

 

 

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