La poderosa erupción del Volcán Hudson en 1991

Aunque en 1991 no había internet en los hogares, la televisión por cable era un lujo y la mejor manera de comunicarse eran la radio y la tv abierta, las catástrofes ocurridas a mediados de año, como la erupción del Pinatubo y el aluvión de Antofagasta, tratadas previamente en el blog, sin duda impactaron fuertemente a la población, tanto local como mundialmente. En Chile aún resonaban los ecos de la tragedia en el norte cuando una nueva emergencia, de proporciones insospechadas, se fraguaba al otro lado del país, en la patagonia, hasta que finalmente se cernió en la forma de nube volcánica. A continuación, los detalles de la erupción del Hudson, algunos tal vez poco conocidos.

El Volcán Hudson, también llamado Cerro Hudson, está ubicado a unos 75 km al suroeste de Coyhaique, capital de la Región de Aysén. Es una caldera de unos 10 km de diámetro que se eleva hasta los 1905 msnm, cubierta por un extenso glaciar, cuyo drenaje se produce hacia el noroeste, al valle del río Huemules. Es el más austral de los volcanes de la Zona Volcánica Sur (ZVS) que comprende entre las regiones Metropolitana y Aysén. Se encuentra además muy cercano al punto de Triple Unión, en donde confluyen las placas de Nazca, Antártica y Sudamericana, marcando a su vez el extremo sur de la Falla Liquiñe-Ofqui que nace cerca del volcán Copahue en el Alto Bío-Bío.

Ubicación Volcán Hudson en la Región de Aysén - Naranjo y Stern ,1998

Ubicación Volcán Hudson en la Región de Aysén – Naranjo y Stern, 1998

Fue reconocido como centro volcánico recién en 1970, al menos en sus detalles, puesto que algunas fuentes refieren actividad en 1891 basadas en el relato del naturalista y explorador alemán Carlos Burmeister, quien describió una importante lluvia de cenizas sobre la provincia argentina de Santa Cruz y sus efectos sobre el ganado, pero de la cual no hay mayores detalles. Posteriormente, la erupción de 1971 cubrió de un significativo manto de cenizas la zona de Puerto Aysén, además de dejar fallecidos, y numerosos daños, tras lo cual entraría en una relativa calma (interrumpida por algunas reactivaciones menores) durante casi exactamente 20 años.

Caldera Volcán Hudson en 1991 - Norm Banks, USGS

Caldera Volcán Hudson en 1991 – Norm Banks, USGS

El 8 de agosto de 1991, a eso de las 18:20 horas, el Hudson inició un nuevo ciclo eruptivo, precedido por actividad sísmica levemente perceptible entre 3 y 4 horas antes por habitantes del Valle Huemules, a unos 30-40 km al oeste del volcán. Esta actividad se caracterizó por ser explosiva, acompañada por flujos de lava, originada en un cráter de 400 m de diámetro y una fisura de 4 km en el sector ONO de la caldera. La columna eruptiva alcanzó los 12 km de altura y se dirigió hacia el norte, afectando a Puerto Chacabuco, Puerto Aysén, Puerto Cisnes, Puyuhuapi y La Junta. La pluma de cenizas llegó incluso hasta Puerto Montt, a casi 500 km de distancia. Posteriormente, el día 11, se produjo un lahar que bajó por el río Huemules, debido a la fusión de parte del glaciar, además se observó el surgimiento de un nuevo cráter, de unos 800 m, el que generaba explosiones freatomagmáticas, a 4 km al SSE del primero.

Erupción 8 y 9 de agosto de 1991 - Autor desconocido

Erupción 8 y 9 de agosto de 1991 – Patricio Orellana

En un sobrevuelo efectuado el 9 de agosto, se aprecia una intensa actividad fumarólica en la caldera con sectores libres de hielo a causa de la erupción, la cual, según los comentarios que se escuchan, va en evidente aumento.

Al mediodía del 12 de agosto,  desde el segundo cráter, se inició la segunda y más importante erupción en este proceso. A las 2 horas de comenzada se logró ver una columna de más de 10 km dirigida al SE. La densa pluma volcánica golpeó duramente a las localidades de Villa Cerro Castillo, Puerto Ingeniero Ibáñez y Chile Chico, en el lado chileno. Al otro lado de la frontera, Villa Los Antiguos corrió la misma suerte. La oscuridad era total a plena luz del día, que sumado a estar en plena época invernal, hizo que las temperaturas bajaran notoriamente. Lapilli (fragmentos de entre 2 mm y 6.5 cm, conocidos como “arena volcánica”) de 5 cm cayeron a 55 km de distancia, mientras bombas de 20 cm fueron encontradas a 34 km, dando una idea de la magnitud del evento.

Dispersión de la pluma eruptiva para la primera (izq) y segunda (der) erupción en 1991. Los números indican el espesor de la ceniza en cm - Onemi, 1996

Dispersión de la pluma para la primera (izq) y segunda (der) erupción en 1991. Los números indican el espesor de la ceniza en cm – Cayupi y Abumohor, 1996

El día 14 la columna se mantenía en un promedio de 16 km de altura, con peaks de 18, alcanzando el 15 de agosto las islas Malvinas, distantes a 1200 km, con una pluma de 180 km de ancho sobre territorio argentino. Durante la tarde de ese día comenzó la declinación definitiva de la caída de ceniza, aun cuando el daño, muy severo, ya estaba hecho. Según datos de Onemi, sólo en Chile la ceniza cubrió unos 40 mil km2 (otros 110 mil en Argentina), afectando a 6863 personas y fue necesario evacuar 473. Fueron dañadas 127 viviendas, mientras 39 resultaron destruidas.  El área afectada fueron 750 mil hás,  de las cuales 210 mil a suelos forestales, 1234 a agrícolas y 156.473 a ganaderos. Los 2 primeros casos equivalen al 100% y el último al 82,9%. El resto son terrenos de vegetación y aguas. El espesor de la ceniza en sectores agrícolas fue de 5 cm en general. En cuanto a los animales, sufrieron las consecuencias 16.622 bovinos (79%), 102.497 ovinos (89%) y 2.643 equinos (87%); se evacuaron 10.030, 12.566 y 903, respectivamente. La masa ganadera muerta inmediatamente alcanzó el 12% debido a las altas concentraciones de flúor ingeridas al comer cenizas.  La producción forestal impactada fue de 35 mil pulgadas de madera en trozos, 40 km de caminos de acceso, 70% de rebrotes de bosque nativo y la pérdida de 3 aserraderos e instalaciones varias.

Pluma eruptiva el 15 de agosto - G. Stephens (NOAA)

Pluma eruptiva el 15 de agosto llegando a las Islas Malvinas – G. Stephens (NOAA)

Entre los cursos de agua afectados por la gran cantidad de material caído se encuentran el río Huemules, en el valle del mismo nombre, y el río Ibáñez. Este último recibió un enorme volumen de piroclastos que lo embancó severamente a lo largo de su curso, causando la muerte de vastas extensiones de bosques en sus riberas. Más aún, su desembocadura en el lago General Carrera, 90 km al sureste del volcán, también se vio alterada, puesto que la ceniza depositada formó una verdadera playa que modificó sustancialmente la orilla, generando problemas para la navegación local.

Muerte de bosques en el río Ibáñez - Francisco Roa Berrocal

Muerte de bosques en el río Ibáñez – Francisco Roa Berrocal

Como si esto fuera poco, el efecto de la erupción no se limitó sólo a los días y meses posteriores, sino que continúa hasta hoy, 25 años después al momento de escribir este artículo. Al haber tan significativa extensión de suelos cubiertos por las partículas volcánicas, lógicamente no se pueden limpiar fácilmente. La Patagonia es conocida por sus fuertes y constantes vientos durante el año. Con el pasar del tiempo, se originaron auténticas “tormentas de ceniza” que extendieron aún más la superficie amagada. No hubo cerco que opusiera resistencia, siendo sólo los árboles usados como barreras los únicos que lograron contener el avance de las cenizas en los campos.

Ceniza arrastrada por los vientos en las cercanías de Puerto Ibáñez, año 2008 - Wilson et al, 2010

Ceniza arrastrada por los vientos en las cercanías de Puerto Ibáñez, año 2008 – Wilson et al, 2010

¿Qué causó tan violenta actividad?

Estudios realizados tras la erupción determinaron que ésta se desarrolló en 3 etapas claramente distinguibles. La primera consistió en la inyección de un magma basáltico (bajo en sílice) en profundidad, en algún momento entre la erupción de 1971 y el 8 de agosto de 1991. La segunda tuvo lugar entre el 8 y 11 de agosto, cuando este magma fue expulsado a través del mismo conducto de 1971, causando la primera erupción cuya pluma se dirigió hacia el norte. Al mismo tiempo, parte de esta inyección perturbó una cámara magmática andesítica (más silícea) en un proceso llamado “mezcla de magmas”, común en grandes erupciones. Finalmente, las diferencias geoquímicas y de temperatura causaron que este magma “híbrido”, con una mayor cantidad de sílice y por ende más explosivo, desencadenara la erupción principal el 12 de agosto.

Mezcla de magmas gatillantes de erupción de 1991 - Naranjo et al, 1993

Mezcla de magmas gatillantes de erupción de 1991 – Naranjo et al, 1993

El volumen de material piroclástico expulsado varía entre 4.3 y 4.8 km3 según distintos autores, siendo la segunda erupción más grande del siglo 20 en Chile, sólo superada por la del Quizapú, en la región del Maule, con casi 10 km3 en 1932. Se considera además una de las más grandes en el mundo en el mismo período, al compararse con la del Pinatubo, Filipinas, el mismo año 1991 (7-10 km3) y la del Katmai-Novarupta, Alaska, en 1912 con cerca de 13 km3.

Adicionalmente, una gran cantidad de SO2 (dióxido de azufre) fue emitida a la atmósfera. La nube de partículas circunnavegó el mundo en torno a la Antártica, volviendo a Sudamérica el 21 de agosto, tras 1 semana de viaje. Aviones comerciales reportaron la nube sobre Australia como una especie de neblina grisácea como smog con tintes anaranjados, junto a un fuerte olor a azufre. Mediciones satelitales estimaron su extensión en más de 5400 km al 21 de agosto.

A pesar de todo, como suele suceder en los volcanes, ésta no ha sido la erupción más grande en la historia geológica del Hudson. La evidencia permite reconocer unas 15 sólo en los últimos 10 mil años y huellas de algunas más antiguas, todas de carácter explosivo, algunas relativamente pequeñas y otras bastante importantes. De ellas, destacan 3 muy por sobre el resto denominadas, en orden de más antigua a reciente, H0 (18 000 AP), H1 (6700 AP) y H2 (3800 AP), con volúmenes de H0>20, H1>18 km3, mientras H2 se estima superó los 10 km3. H0 y H1 son consideradas de las erupciones más grandes conocidas en los Andes australes, incluso existiendo depósitos en Tierra del Fuego, casi 1000 km más al sur. H1 se sugiere pudo tener una columna eruptiva de unos 55 km de altura. Ambas se clasifican como de VEI 6 y son sospechosas de haber generado la caldera del Hudson, aunque algunos autores postulan que fue un proceso progresivo a través de varias erupciones. Estudios plantean que el Hudson ha estado activo por al menos 1 millón de años.

Depósito de tefra (material volcánico) del Hudson en Tierra del Fuego, marcado como H1 - Stern, 2007

Depósito de tefra (material volcánico) del Hudson en Tierra del Fuego, marcado como H1 – Stern, 2007

Tras alguna actividad menor los años siguientes a 1991, el volcán despertó nuevamente en octubre de 2011 luego de un enjambre sísmico, ocasión en la cual se originó una erupción fratomagmática a través de 3 cráteres, con columnas de cenizas de hasta 5 km, dispersión de material en áreas cercanas y lahares en los valles adyacentes. La fase principal duró aproximadamente 1 semana, aunque se pudo haber extendido hasta por 15 días en menor medida. No hubo consecuencias que lamentar.

Actualmente el Hudson se encuentra en calma, pero sin duda la su última manifestación nos recordó que es un volcán muy activo, del que siempre hay que estar pendientes.

Material adicional:

Megavisión: Nota de prensa sobre la erupción

24 Horas TVN: Visita Pdte Aylwin a Chile Chico

Rodolfo Rust: Imágenes de los efectos de la erupción

Documental: Volcán Hudson: 20 años después

Marcelo Rojas: Imágenes erupción 1971

Associated Press: Efectos erupción 1971

Ficha técnica: GVP   Sernageomin

Referencias:

Scott D. Doiron, Gregg J. S. Bluth, Charles C. Schnetzler, Arlin J. Krueger y Louis S. Walter, 1991: “Transport of Cerro Hudson SO2 clouds” (EOS-AGU)

Charles R. Stern, 1991: “Holocene tephra on Tierra del Fuego (54°S) derived from the Hudson volcano (46°S) evidence for a large explosive eruption”

J. A. Naranjo, H. Moreno y N. Banks, 1993: “La erupción del volcán Hudson en 1991 (46°S), Región XI, Aisén, Chile”

Juan Cayupi y José Abumohor, Onemi, 1996: “Volcán Hudson. Características y efectos”

J. A. Naranjo y Charles R. Stern, 1997: “Holocene explosive activity of Hudson Volcano, southern Andes”

Charles R. Stern, 2007: “Holocene tephrochronology record of large explosive eruptions in the southernmost Patagonian Andes”

David J. Kratzmann, Steven Carey y Roberto Scasso, 2008: “Compositional variations and magma mixing in the 1991 eruptions of Hudson volcano, Chile”

T. M. Wilson,  J. W. Cole, C. Stewart y S. J. Cronin, 2010: “Ash storms – impacts of wind-remobilised volcanic ash on rural communities and agriculture following the 1991 Hudson eruption”

J. E. Romero, 2012: “Algunos antecedentes sobre la breve erupción de Octubre de 2011 en el Monte Hudson, 45º30’S, Andes del Sur”

D. Weller, C. G. Miranda, P. I. Moreno, R. Villa-Martínez y C. R. Stern, 2014: “The large late glacial Ho eruption of the Hudson volcano, southern Chile”

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