Volcán Calbuco 1 año después: desafíos y aprendizajes

Los aniversarios son siempre importantes: matrimonios, pololeos, cumpleaños, fallecimientos, graduaciones, entre un sinfín de otros más. Además de la celebración o recuerdo correspondiente, generalmente solemos mirar atrás y contemplar el camino recorrido, algunos más sinuosos que otros. Es en ese momento en que nos decimos “qué rápido pasa el tiempo” y reflexionamos qué hicimos bien y qué hicimos mal. La erupción del Calbuco no es la excepción.

torta

Indefectiblemente aquel 22 de abril del 2015 marcó un antes y un después en la comunidad de la zona. Está de más repetir la ingente cantidad de detalles de dicha jornada, analizados hasta el cansancio en este blog. Como toda catástrofe, son muchas las preguntas y, a veces, pocas las respuestas obtenidas. Lo importante es darnos cuenta en qué fallamos y qué aprendimos, si es que realmente así fue. Mi visión es la siguiente:

Aprendizajes:

1- Ser más humildes ante lo que no controlamos. Siempre recuerdo cuando el director del Ovdas, refiriéndose al Villarrica pocas semanas antes, dijo: “No se preocupen, si pasa algo nos daremos cuenta”, y sólo declararon alerta roja varios minutos después de la erupción. Luego tocó el Calbuco con pocos precursores. Ahora le llaman “eventos intempestivos” y no se hace tanta aparición en televisión, excepto para informar/educar, algo muy bueno

2- Poner atención a las señales de la naturaleza. Si bien es tema de debate, el alza, leve, pero persistente de la sismicidad los meses previos pudo haber sido un llamado de atención. Creo que posterior a esta emergencia, los comunicados oficiales han estado cargados de una cierta cautela, como un temor implícito a que se repita una situación parecida, a pesar de la gran calidad técnica del Observatorio.

3- Conocer nuestro entorno. Quedé impresionado con el hecho de que mucha gente no sabía que el Calbuco era un volcán, y menos aún de la peligrosidad que encerraba, lo cual no es sólo un problema de desconocimiento de la persona, sino por la falta de divulgación de los organismos respectivos, lo que se hizo tras las presiones de la comunidad, lamentablemente muy tarde, apenas pocos días antes de la erupción.

4- Respetar las zonas de riesgo. Un tema que ha difundido ampliamente Sernageomin, debido a la gran cantidad de personas que vivían en lugares de altísimo riesgo. Afortunadamente nadie murió, pero los daños materiales y productivos fueron grandes.

Desafíos:

1- Sin duda el tema de las obras en sectores de riesgo tiene prioridad. Increíblemente se está construyendo una central hidroeléctrica sobre uno de los lahares de la erupción, contraviniendo los mapas de peligro conocidos hace varios años. Tarea para las instituciones que fiscalizan y aprueban.

2- Tener una relación más directa con la comunidad. A pesar de las charlas y las redes sociales, siempre queda la sensación de que “se esconde información”, “le bajan el perfil” o “no tienen idea”; uno de estos aspectos es la transparencia de la información. En otros países la información técnica básica, como sismogramas, está en línea. Suele decirse que no se hace por temor a falsos avisos hechos por charlatanes, como ocurre con los sismos. Una buena campaña educativa, como la que bien se ha realizado es un buen punto de partida.  Además, las cámaras dejan mucho que desear para el nivel de inversión que se ha hecho los últimos años, junto a que el link de varias operativas no está disponible. A lo anterior agregar que el sitio web no parece ir al ritmo requerido, eternizándose el tiempo de subida de reportes y documentos de información. También podría ser una buena idea que la Red de Vigilancia Volcánica tuviera su propia cuenta separada de la de Sernageomin, para no mezclar temas y evitar imprecisiones. El Cities on Volcanoes 9 que se hará en Puerto Varas es una buena ocasión para debatir estos temas.

3- Saber qué ocurrió científicamente. No nos podemos quedar sólo en un “hubo pocos precursores, fue intempestivo” y lavarnos las manos. Se dijo repetidamente que esta erupción era un caso extraño a nivel mundial, lo que amerita un estudio especial. Ha habido avances esperanzadores, con publicaciones que demuestran que se está trabajando. Espero que lleguen a buen puerto, aunque hay que tener paciencia, porque no es fácil. Qué mejor que demostrar que en Chile hay ciencia y de la buena, que tanta falta le hace al país.

4- Más que un desafío, una recomendación. Hasta el momento son 43 volcanes monitoreados (44 incluyendo al Reclus en Magallanes), por lo que en vez de pensar en una ampliación de la red, sería mejor reforzar la actual a los niveles ideales planteados originalmente en el proyecto. Así, los 10 más riesgosos deberían contar con sismógrafos, inclinómetros, medidores de gases y cámaras (insisto, de buena calidad) y así con los demás según el ranking elaborado.

Pensé que una buena idea era publicar este artículo a la misma hora que el volcán entró en actividad, como una manera de recordar este evento y contemplar cuánto o no hemos avanzado en este año. No sé si estarán de acuerdo con mis planteamientos, por eso siempre los invito al debate sano en los comentarios.

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