Crónica de una catástrofe anunciada: la importancia de una buena planificación con visión de futuro

Durante estos días hemos sido testigos de uno de los acontecimientos más dramáticos de los últimos años. Un incendio de grandes proporciones ha destruido miles de casas y dejado varias víctimas fatales en los cerros de la ciudad de Valparaíso. Imágenes de desolación y desconsuelo han inundado las transmisiones televisivas, mientras una gran corriente solidaria se ha extendido por todo el país para ir en ayuda de los miles de damnificados.

Destrucción causada por el incendio en Valparaíso - Fuente: Emol

Destrucción causada por el incendio en Valparaíso – Fuente: Emol

 

Como tras cada tragedia, surge la misma interrogante: ¿se pudo haber evitado? Sí, siempre se puede prevenir. Valparaíso es una urbe portuaria que se extiende entre el mar y grandes cerros, sobre los cuales se ha ido asentando la población a lo largo del tiempo, creando algunas poblaciones “en regla” (con todos los servicios regulares) y otras que son tomas y/o autoconstrucción. Además, los bosques y vegetación existentes tanto en lo alto de los cerros como en las quebradas (muchas con basura acumulada) crean el escenario ideal para este tipo de emergencias, las cuales no son para nada nuevas.

Sin embargo, es fácil hablar después de ocurridos los acontecimientos. Todos somos generales después de la batalla. Que si se hubiera hecho esto, que por qué se permitió construir allí, que esto o lo otro. La verdad es que creo que tal vez la solución (o parte de ella) haya que buscarla, si no en años, décadas atrás, lo que a esta altura no sirve de nada. A lo hecho, pecho reza el dicho. Lo hecho, hecho está menciona otro. Lo mejor que se puede hacer es sacar lecciones y aprender para evitar o, al menos, minimizar las consecuencias a futuro.

Hace muy poco surgió un estudio sobre la actividad eruptiva del volcán Villarrica, basado en análisis sedimentarios del fondo de los lagos Villarrica y Calafquén que indica que el período 1984-presente (30 años) es la calma relativa (siempre tiene algún tipo de actividad en el cráter) más prolongada entre erupciones significativas (VEI≥2) del macizo en los últimos 600 años, a juzgar por los datos disponibles. Hay una máxima en geociencias que dice Si ocurrió en el pasado, es muy probable que vuelva a ocurrir en el futuro.

Uno de las mayores amenazas volcánicas la constituyen los lahares, que son flujos de lodo, ceniza y rocas (sumando troncos si hay bosques) que se producen generalmente por el derretimiento de la nieve a raíz de las erupciones. En marzo de 1964 uno de estos lahares destruyó Coñaripe, causando numerosas muertes. Únos días antes, otro flujo destruyó un puente recién construido entre Villarrica y Pucón. Varios más dejaron aisladas otras localidades circundantes. Si bien el Villarrica no es un volcán de gran actividad explosiva, estas avalanchas que causa son enormemente destructivas. A pesar de lo acontecido, la memoria es frágil.

Ubicación ciudades de Villarrica y Pucón a los pies del volcán - Fuente: POVI

Ubicación ciudades de Villarrica y Pucón a los pies del volcán – Fuente: POVI

Es conocido el gran atractivo turístico de Pucón tanto nacional como internacionalmente. Sus playas a orillas de lago, el casino, termas y centro de esquí son visitados por miles de personas cada verano. Esto ha causado un crecimiento demográfico representado por la expansión de la ciudad y proyectos hoteleros y residenciales. Todo a los pies de uno de los volcanes más activos de Sudamérica, el #1 en el ránking del Sernageomin. ¿Recuerdan la máxima? Los lahares suelen descender por quebradas y riachuelos. Lo han hecho cientos de años y lo seguirán haciendo. Salvo un abrupto cambio geográfico, esos cursos representan un gran peligro para cualquier infraestructura crítica, por lo que si un flujo pasó por un lugar, no es buena idea que se instale en ese lugar, a menos que sea estrictamente necesario, como un puente o una pista de aterrizaje, imprescindibles en caso de emergencias. He ahí la importancia de planificar bien la expansión de la ciudad o el emplazamiento de zonas habitadas.

Puente Correntoso entre Pucón y Villarrica destruido en 1964 y en la actualidad – Fuente: POVI

Lo positivo es que se ha aprendido y se ha entendido que una visita informada es una visita preparada. Por ello es que, ante los antecedentes, se dispuso de vías de evacuación e incluso hay un pintoresco (e ilustrativo) semáforo volcánico, el que muestra la alerta vigente según el monitoreo que lleva el Observatorio Volcanológico de los Andes del Sur (OVDAS), el que dicho sea de paso, es uno de los centros de vigilancia de volcanes más completos del mundo, que cuenta con un nutrido equipo humano y técnico para llevar a cabo su tarea.

Semáforo volcánico y ruta de evacuación en Pucón - Imagen: Cartas Lastinas

Semáforo volcánico y ruta de evacuación en Pucón – Fuente: Blog Cartas Lastinas

Esto va en la dirección correcta en cuanto a responder ante una emergencia cuando ésta se produce en una zona que se encuentra de antemano expuesta a la amenaza y es muy difícil (si no imposible) cambiar la situación. ¿Qué pasa entonces cuando la responsabilidad está  en nuestras manos y tenemos la oportunidad de cambiar esa situación desde un inicio?

 Chaitén, 2 de mayo de 2008. Una sorpresiva y violenta erupción de un volcán hasta entonces desconocido para la opinión pública (incluso para mí, adepto a mirar mapas y cartografía desde pequeño, aunque luego tuve la oportunidad de verlo en un mapa del IGM de 1995) fuerza una de las evacuaciones de emergencia más masivas de la historia de Chile (si no contamos las alertas de tsunami), amenazando seriamente la cercana ciudad de Chaitén, capital de la provincia de Palena, distante a sólo 10 km, pudiendo convertirla en una moderna Pompeya. Varios días después, la gran acumulación de ceniza en la zona, sumado a un poderoso temporal de viento y lluvia, provoca que el río Blanco o Chaitén, que rodea el poblado, se desborde destruyendo numerosas casas y dividiendo a la ciudad en 2: norte y sur.

Vista satelital de Chaitén, con el río cruzando la mitad de la ciudad. Hacia el sur se aprecia el antiguo cauce. El norte está arriba. Fuente: Google Earth

Vista satelital de Chaitén, con el río cruzando la mitad de la ciudad. Hacia el sur se aprecia el antiguo cauce, ahora seco. El norte está arriba, con el volcán al NNE (no visible en la imagen) – Fuente: Google Earth

De inmediato se inició el debate de si Chaitén debía ser reconstruida o relocalizada, dada su gran exposición a las inundaciones (lahares) causadas por el volcán. En un comienzo se decidió hacer una nueva ciudad en el sector de Santa Bárbara, unos 10 km al norte por la costa, zona separada del volcán por una cadena de cerros. Se le llamó Nueva Chaitén  e iba a ser una ciudad modelo.  Sólo funcionaron algunas dependencias de Carabineros y la Municipalidad y eso sería todo. Después, se dijo que se iba a reconstruir Chaitén privilegiando su crecimiento hacia el norte del río, pero las casas al sur, compradas por el Estado, pero no demolidas, fueron rehabitadas irregularmente por varias familias, obligando finalmente a la reposición paulatina de los servicios básicos en un área catalogada de riesgo por eventuales desbordes del río. Algunos meses atrás se anunció el enrocado definitivo del cauce, lo que mitigaría futuras riadas, pero tras el cambio de gobierno se puso en duda el proyecto agregando incertidumbre nuevamente al sino de la ciudad.

Paradójicamente, el desborde del río y la consiguiente destrucción de la ciudad dejó un profundo corte en el cauce, siendo la oportunidad perfecta para estudiar el pasado geológico del lugar. Los resultados fueron interesantes, mas no sorprendentes para los expertos. A la orilla del nuevo curso del río quedó en evidencia parte de lo que era el tablestacado original sobre el cual se asentaron los primeros habitantes a inicios del siglo 20. Bajo él (previo en el tiempo) había una capa de ceniza muy similar a la depositada en 2008, demostrando que hace unos 300 años había ocurrido una erupción muy parecida a la última, lo que en términos simples significaba que la ciudad había sido construida sobre el material que dicha actividad había dejado. Ceniza-casas-ceniza. La historia se repetía. La máxima se cumplía nuevamente.

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Corte expuesto por el río Chaitén que muestra el tablestacado (flecha) hecho por los primeros habitantes. La superficie actual está marcada por el borde superior del pavimento – Fuente: Lara et al (2013)

La próxima gran erupción probablemente ocurra cuando nadie que habita el planeta actualmente esté vivo. Sin embargo, las ciudades permanecen y evolucionan, o al menos eso se espera, especialmente para una con una ubicación tan estratégica como Chaitén, como enlace fundamental entre la región de Los Lagos y la de Aysén. No es ninguna gracia que sea destruida o severamente dañada de tanto en tanto conociendo el historial geológico de la zona. Mientras tanto, la burocracia y la nula proactividad de las autoridades competentes están causando tanto o más daño que el mismo volcán.

Tal vez uno de los casos más clásicos es el de la ciudad de Concepción. Fundada originalmente en lo que hoy es la localidad de Penco (dato: de ahí viene el apelativo de “penquistas”), tras el poderoso terremoto y posterior tsunami del 25 de mayo de 1751, luego de varios eventos similares, se decidió su traslado a su actual y definitiva ubicación. No fue fácil. Se debatió sobre el mejor lugar de emplazamiento y si era necesario, pero se optó por una medida radical: se prohibía el retorno, quemándose las edificaciones para evitarlo.

Relata el historiador Gonzalo Vial:

“Las olas llevaron un barco desde la bahía hasta la plaza de Concepción, y luego de regreso al mar. No quedó piedra sobre piedra -nuevamente- de la sufrida Capital de la Frontera, hasta el punto que los vecinos pidieron y el gobernador Ortiz de Rozas decretó el traslado de la ciudad, de Penco -donde estaba- al valle de la Mocha, su actual ubicación. Pero la mudanza suscitaría la tenaz, invencible resistencia del obispo José de Toro y Zambrano, hasta la muerte del prelado. Mientras tanto, buena parte de los penquistas viviría una precariedad habitacional de campamento.”

Tal resistencia duraría 12 años.

Así, Concepción siguió su desarrollo hasta 1939, previo cataclismo de 1835,  cuando el violento sismo del 24 de enero que devastó Chillán golpeó fuertemente la urbe penquista. Se reconstruyó con la idea de proyectarla como una ciudad moderna, modificando sus calles y arquitectura. Sabia decisión. Los enormes terremotos del 22 de mayo de 1960 y 27 de febrero de 2010, si bien causaron daños (especialmente el 1ero luego del sismo del día anterior), no arruinaron ni diezmaron la ciudad como ocurrió en 1835. El tema tsunami había quedado relegado a un triste recuerdo más de 200 años antes. Para muchos, de no haber ocurrido la tragedia de 1939 tal vez Concepción no se hubiese podido recuperar, pero ahí está, como una de las 3 principales metrópolis de Chile.

Evidentemente, lo aquí expuesto es sólo una sutil pincelada del problema. El tema trasciende mucho más allá de lo tectónico y volcánico. Sólo recordar los aluviones de Antofagasta 1991 y Santiago 1993 o recientemente las inundaciones en Punta Arenas, agregando los incendios forestales que tienen su punto cúlmine en la catástrofe de Valparaíso, por nombrar algunos hechos que suponen amenazas naturales a las áreas urbanas. Tampoco dejo en el tintero la habitación de laderas en Puerto Montt o la expansión urbana de Valdivia rellenando antiguos humedales de manera inapropiada, ambas situaciones muy riesgosas en un contexto como el de 1960 o incluso menores, como una fuerte y prolongada lluvia. No tengo autoridad en el tema para proponer soluciones que pueden ser peores que la enfermedad. Además, son temas muy complejos que  requieren decisiones difíciles y consensuadas entre las personas pertinentes y la comunidad, pero creo necesario abordar el tema y al menos mostrar ejemplos que llamen a la reflexión. Sí las extraño de algunos que se han dedicado a aparecer en los medios sólo criticando y no siendo parte de una eventual mejora. El camino es muy largo y espero que Valparaíso pueda seguir el sendero correcto y que esta sea una verdadera oportunidad de hacer las cosas adecuadamente. Las emergencias no se pueden evitar, las catástrofes sí.

ACTUALIZACIÓN: Como una profecía autocumplida y descrita en esta entrada, el show de Chaitén continúa. El gobierno revisará la habitabilidad de la ciudad sin descartar el reimpulso de Santa Bárbara (link)

Referencias:

Lara L.; Moreno, R.; Amigo, A.; Hoblitt, R.; Pierson, T. 2013. Late Holocene history of Chaitén Volcano: New evidence for a 17th century eruption. Andean Geology 40(2): 249-261

Van Daele, M.; Moernaut, J.; Silversmit, G.;Schmidt, S.; Fontijn, K.; Heirman, K.; Vandoorne, W.; De Clercq, M.; Van Acker, J.; Wolff, C.; Pino, M.; Urrutia, R.; Roberts, S.J.; Vincze, L.; De Batist, M. 2014. The 600 yr eruptive history of Villarrica Volcano (Chile) revealed by annually laminated lake sediments. Geological Society of America Bulletin 126 (3-4): 481

Vial, G. 2009. Chile. Cinco siglos de Historia. Desde los primeros pobladores prehispánicos, hasta el año 2006. Zig Zag. Tomo I

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